Buscador de Castillos

miércoles, 20 de marzo de 2013

La Primavera.

Leyendas españolas. Leyendas en el tiempo. Leyendas web.

La Leyenda de la Primavera.
Hace mucho tiempo, existió una diosa, muy venerada y querida por todos. Era la diosa de las estaciones, la portadora de la tierra verde y joven, del ciclo de la vida y de la muerte, de la fertilidad.
Se la conocía como Ceres, (Demeter para los griego).
Ceres era una diosa muy joven y guapa, voluptuosa, alta y hermosa, de cabellos rubios que caían desordenados sobre sus hombros y que ella recogía con una diadema de espigas o de amapolas, como símbolo de la fertilidad.
Tenía la tez coloreada y la mirada lánguida.
Siempre iba acompañada por dos niños, cada uno, con un cuero de la abundancia, llevaba una hoz y una antorcha.
Ceres tuvo una hija preciosa con Júpiter, a la que adoraba y mimaba mas que a nada en el mundo. La llamó Proserpina, (Persephone para los griegos), Primavera para nosotros.
Proserpina siempre andaba jugando con las flores de un valle cercano a un lago, con ninfas y sirenas que allí habitaban, y sin que nadie se diera cuenta se convirtió en una hermosa joven, tan atractiva como su madre, e igualmente deseada.
Una tarde que se encontraba allí jugando, surgió del volcán Etna, el dios Plutón y se la llevo. La raptó.
Apareció de improvisto, en un carro tirado de cuatro caballos negros, era el dios del inframundo, del mundo de los muertos, y allí se llevó a Proserpina.
Ceres, al no encontrar a su hija, lo dejo todo y se puso a buscarla por todos los rincones de la tierra.
La tierra entonces se heló, se congeló, desatendida de su reina. Fue el primer invierno, y sus gentes pasaron hambres y hambrunas. Pero Ceres seguía buscando a su hija. En su paso por la tierra, apenada por el hambre que estaban pasando sus gentes, les enseñó a plantar y sembrar trigo y cereales, a cosechar y a hacer pan.
Pero ella seguía buscando a su hija, sin atender a razones, dejando que la tierra se fuese helando poco a poco.
Júpiter enfadado, decidió poner fin a aquel desorden, y mandó a su veloz mensajero Mercurio con un ultimátum para Plutón. Tenía que liberar a Proserpina.
Plutón le obedeció, pero antes de liberar a su amada, de la que estaba locamente enamorado, le dio a comer el fruto del invierno, la granada, para asegurarse así de su regreso.
Proserpina comió granadas y regresó, pero solo por seis meses, los meses de primavera y verano, para estar con su madre, luego debía volver con su marido en los meses fríos de otoño e invierno.
Por eso, desde entonces, Ceres muy contenta prepara una gran fiesta, y adorna las tierras con flores para recibir a su hija.
En esta época los arboles dan sus frutos, las cosechas brotan, y la vida renace. Junto con las ninfas, nereidas y faunos celebran bailes, banquetes y danzas en las apacibles noches a la luz de la luna.
Cuando se acerca el otoño y Proserpina tiene que volver al lado de su esposo, Ceres se despide de ella, decora los arboles de colores amarillos y naranjas como despedida y la tierra comienza a marchitarse, se vuelve estéril y fría.
Llega el invierno y Proserpina tiene que pasar estos meses junto a su esposo, al fin de cuentas, ella es también la reina del inframundo, de la vida y de la muerte.
Pero por suerte para nosotros ahora ¡la primavera está llegando!, y Ceres cubre la tierra otra vez con sus mejores galas, los días cálidos y apacibles van llegando poco a poco, y un manto de flores va cubriendo nuestras tierras.
¡Bienvenida Primavera!.