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jueves, 4 de abril de 2013

El fantasma del castillo de A Frouxeira

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

 El fantasma del castillo de A Frouxeira


En el Pico A Frouxeira en Lugo, existen unas ruinas, hoy apenas unas piedras, que en su época, allá por 1440, fue una de las fortalezas mas codiciada por la nobleza gallega, castellana y aragonés por su situación geográfica inexpugnable.

Sucedió que por circunstancias de un matrimonio de conveniencia,
como era costumbre en la época,
llego a manos del terrible señor feudal D. Pedro Pardo de Cela.

Parece que era un señor feudal terriblemente cruel y
sanguinario con sus súbditos.

Tenía muchos enemigos que coleccionaba sin problemas,
entre ellos, los reyes católicos.

Este noble gallego, tomó partido por Juana la Beltraneja,
convirtiéndose en un enemigo muy poderoso para los reyes católicos,
y además contaba con una fortaleza inconquistable,
El castillo de A Frouxeira.

Allí se hizo poderoso.

Derrotó a las tropas de los Reyes Católicos y solo la traición de sus criados dentro de su propia casa, pudieron acabar con él.

Con engaños, le apresaron y le encerraron junto con su hijo,
siendo condenados los dos  a ser decapitado en el cadalso.

Mientras todo esto sucedía, su esposa pedía el indulto a los reyes católicos,
que se lo concedían a condición de quedarse con sus bienes
y sobre todo su fortaleza.

Cuando volvía la mujer, con el indulto en su poder, sus enemigos,
que como ya hemos dicho tenía, y muchos,
la entretuvieron en el que hoy se llama " el puente del pasatiempo",
dando tiempo así a realizar la ejecución.

Dicen que su cabeza rodó por el cadalso gritando "creo, creo, creo"
mientras caía, y que su espíritu furioso vaga por las ruinas de su fortaleza,
ya que esta fue mandada desmantelar piedra por piedra después de su muerte por ser un lugar inexpugnable y estratégico y no interesar su existencia.

Dicen que en las noches de viento se oyen las palabras "creo, creo ,creo" ,
entre los viejas rocas de la fortaleza.
Y que se ha visto pasear entre ellas la figura aún furiosa del caballero.