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jueves, 16 de mayo de 2013

El Castillo de Ribas de Santiuste y El Cerro del Ahorcado

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Castillo de Ribas de Santiuste; Guadalajara




El castillo de Riba de Santiuste es una fortificación española situada en la localidad del mismo nombre en Sigüenza, Guadalajara. 

Fue construido en el siglo IX en época andalusí con el fin de defender la zona de la conquista castellana y sufrió una ampliación y reconstrucción a finales del siglo XII de parte del obispado de Sigüenza.

El castillo se encuentra situado en lo alto de un montículo de piedra, en un emplazamiento estratégico que domina toda la zona y el valle del río Salado. 

Se trata de una fortaleza andalusí de tipo fronterizo construido con sillarejo y, pese a lo deteriorado de su estado y a no ser tan monumental como otras de la zona, su valor histórico-artístico reside en ser un excelente vestigio de la Edad Media feudal y cuyos muros han sido escenario de importantes acontecimientos históricos.




De aspecto recio y severo como todas las fortalezas altomedievales , se reforzó y amplió a finales del siglo XII y principios del siglo XIII. 
El primer recinto amurallado sigue los accidentes del terreno con una planta alargada en cuyos extremos aparecen torreones de refuerzo. 
Estas primeras murallas son altas y están almenadas e intercalan a trechos otros torreones menores. 
Su acceso está en el flanco norte a través de un camino que escolta la muralla.

Su ámbito interior incluye dos aljibes, tres grandes compartimentos independientes y las líneas divisorias de algunas pequeñas habitaciones dispuestas en dos cuerpos. 
El cuerpo del extremo sur, mirando al pueblo, tiene un patio cerrado por muros almenados que arrancando de la torre bajan en suave pendiente formando un espacio trapezoidal con dos torres gemelas en las esquinas entre las que corre una pared de cierre. 
Esta obra avanzada constituía un serio obstáculo para llegar a la fortaleza en el caso de ser atacada, y servía además para vigilar la pendiente.

El otro tramo se extiende desde la torre norte hasta que se inicia la fuerte pendiente del peñón. Circunscribe un espacio triangular muy alargado y termina en un torreón de planta pentagonal en forma de espolón.





El castillo de Riba de Santiuste fue construido en el siglo IX y formaba un sistema de fortificación junto a otra atalaya situada en el cerrillo de la Horca, al noreste.

La sierra Ministra ha sido un lugar de constantes batallas durante la Alta Edad Media entre los distintos reinos taifas y contra los reinos cristianos del norte. 

En 917, las tropas de Ordoño II de León realizaron incursiones contra las tropas andalusíes en Castromoros, que obligaron a muchos de sus habitantes a refugiarse en el castillo de Riba de Santiuste, como en otros cercanos a Sigüenza.

En 1085 la zona fue conquistada por las tropas de Alfonso VI de Castilla y en 1129 Alfonso VII de Castilla donó las fortificaciones y el pueblo al obispado de Sigüenza, que estaba encabezado por Bernardo de Agén, que financió la reconstrucción y ampliación del castillo.

En 1451 las tropas del infante Juan de Navarra tomaron la fortaleza junto a otras de la zona, y la utilizaron como cuartel para hostigar a la ciudad de Sigüenza. 

En agosto de 1452 las tropas del obispo Fernando de Luján, enviadas por el deán Diego López de Madrid, reconquistaron el castillo de Riba de Santiuste.

El castillo fue destruido en 1811 durante la guerra del Francés, al igual que el de Atienza.

En 1973 fue subastado por el Estado y comprado por un paricular.

La historia del castillo se remonta a la edad de bronce, cuando aparecen los primeros restos de poblamiento diseminados alrededor, sobre todo en el vecino Cerro del Ahorcado, en lo mas alto de un risco en el corazón de Castilla. 

Esta colina redondeada por el viento, y coronado por unas peñas, se sitúa al nordeste del castillo.


Su curioso nombre parece proceder de una historia que pudo haber tenido una base real, pero de la que no quedan pruebas escritas.

Al parecer fue aquí donde se ajusticiaba a los bandidos, o tal vez a los prisioneros tras alguna de las más sangrientas batallas.
En la época musulmana se tiene la certeza del primer recinto fortificado, que formaría parte de la línea de defensa levantada en el siglo IX contra las primeras incursiones cristianas en el Valle del Duero.

El origen de su nombre, Santiuste, parece proceder de un poblamiento anterior visigodo llamado Rippa Saint Iust, y que se ubicaría en el vecino cerro del castillejo, pero del que hoy no quedan restos.

Los árabes respetarían la antigua nomenclatura, por el que se había conocido el castillo en memoria del Santo niño Justo, martirizado en la villa de Complutum (Alcalá de Henares) en tiempos del emperador Daciano.
Fueron mártires hispanorromanos ejecutados en el 304 en Alcalá de Henares por orden del gobernador Daciano (o Dacio), durante la persecución de Diocleciano. Justo y Pastor, que contaban con 7 y 9 años respectivamente, se negaron a abjurar del cristianismo.

El entorno donde se encuentra la Riba de Santiuste explica perfectamente porqué desde antiguo los hombres fijaron en estos parajes su residencia; 
el valle del río Salado, que pasa justo a los pies, fue explotado desde época romana en las vecinas salinas de Imón, y este fue uno de los corredores principales utilizados desde la prehistoria en la comunicación del valle del Ebro con la meseta.


Estos cerros de piedra arenisca dominan de forma estratégica decenas de kilómetros en todas direcciones, lo que constituía una ventaja militar ante cualquier amenaza.

En el año 1060 la Riba pasa a manos cristianas de la mano del rey Fernando I de Castilla y León, aunque no de forma definitiva.

Será su hijo Alfonso VI quién, aprovechando la conquista del reino taifa de Toledo se hace con el dominio definitivo de estas tierras.

En el siglo XII se repuebla la comarca, y el castillo vuelve a pasar a manos de la Corona de Castilla.

En el año 1132, el rey Alfonso VII concentró nada menos que a "setecientos caballeros" en el castillo, para después dirigirse con sus tropas a Morón de Almazán donde Alfonso I el Batallador estaba amenazando la villa.

En aquellos momentos, el Castillo de Ribas de Santiuste era una fortaleza de grandes dimensiones y sobrada disposición militar.

Hacia el año 1451, la comarca fue saqueada de forma brutal, en la guerra existente entre Castilla y Aragón, convirtiendo los campos en secarrales de muerte y desolación, y obligando a participar en la defensa y posterior reconquista.

Con semejante historia, no es de extrañar que se hayan encontrado importantes restos arqueológicos enterrados en los alrededores del castillo e incluso tumbas dentro de sus recintos.

Existen testimonios de testigos que han visto fuegos fatuos encima de estos enterramientos.

Cuenta la leyenda que un rey musulmán que habitaba en el castillo, descubrió que su hija se había enamorado de un cristiano, siendo infiel a su prometido y deshonrando a su familia.

Su padre enfurecido, le cortó la cabeza sobre un pilón de piedra que hay allí.

Otra historia cuenta como una mujer llamada Manuela, que habitó en el castillo en tiempos de la reconquista, cuando el castillo fue sitiado,  cuidaba a los soldados heridos y les hacia "compañía" por  las noches.

Después se tomó el castillo, y hubo una horrible matanza en la que, según cuenta, fue asesinada perseguida por los corredores.

Desde entonces dicen que se ve a una dama blanca paseando entre sus almenas, 
que se oyen gritos, lamentos y carreras al amanecer y de noche, suceden fenómenos paranormales inexplicables.