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jueves, 30 de mayo de 2013

El Castillo de Salobreña de Granada

Leyendas y Mitos. Leyendas Españolas.

El Castillo de Salobreña de Granada

Castillo de Salobreña

Este Castillo se conoce como fortaleza desde el siglo X.

Ya antes la zona estuvo habitada por fenicios y romanos pero fueron los árabes los que construyeron el castillo como tal.

Al principio se construyo con fines defensivos, situado estratégicamente sobre una alta roca, desde él se divisa el mar, la vega y hasta Sierra Nevada.

Sin embargo, durante el reino nazarí, se convirtió en palacio de recreo de los reyes, según cuentan, en su interior había jardines, fuentes y lujosos palacios famosos en su época, habitados por los mas importantes reyes nazarís.

Estos reyes, en sus luchas internas en dominar el territorio acabaron convirtiéndolo en prisión real y muchos de ellos acabaron cautivos entre sus muros e incluso ejecutados allí.

Cuenta una leyenda que existió un rey llamado Muhammed IX, (Hayzari) el zurdo, unos dicen que le llamaban así por su gran destreza en manejar con esta mano la cimitarra, y otros porque todo le salía al revés, fue destituido tres veces, estuvo preso en el castillo varias veces, pero luego siempre conseguía recuperar su trono.


El caso es, que este rey tuvo tres hijas trillizas, aunque hubiera preferido varones, se contentó al ver lo bonitas que eran y pidió a sus astrólogos que les hicieran su horóscopo como era costumbre.

Fue entonces cuando estos le avisaron de que las guardara muy bien, ya que cuando alcanzaran la edad núbil se las podían robar.

Al poco tiempo, el rey quedó viudo, y teniendo presente la predicción de los astrólogos, mandó criar a las niñas en el Castillo de Salobreña, que ya era una gran fortaleza inexpugnable y además contaba con todas las comodidades de un palacio real.

Las niñas crecieron allí felices rodeadas de flores, frutas exóticas, fuentes, baños y todo un batallón de sirvientes.

Pronto se convirtieron en tres hermosísimas jóvenes con caracteres muy distintos.

La mayor Zaida, muy curiosa y de espíritu intrépido.

Zoraida, obsesionada con la belleza y las cosas bonitas como las joyas y adornos.

Zorahaida, la última en nacer, la mas asustadiza, la mas tímida y sensible.

Un día, vieron como llegaba a la playa una embarcación llena de esclavos cristianos, entre ellos iban  tres caballeros jóvenes y bien vestidos con capas y relucientes armaduras.

Se notaba claramente que eran de alta cuna ya que andaban como si estuvieran rodeados de siervos aun cargados de cadenas como iban.

Las tres princesas que solo habían visto esclavos y sirvientes en su corta vida, se enamoraron de ellos.

Alguien avisó al rey de que ya las princesas eran jovencitas, y esté las hizo regresar a Granada para vigilarlas mas de cerca.

Pero por casualidades de la vida, se encontraron que a los tres caballeros presos los habían llevado a trabajar a la Alhambra.

En los ratos de descanso se sentaban a tocar la guitarra y a entonar canciones cristianas.

Las princesas, aprovecharon esta situación para comunicarse con ellos con canciones y laudes, y entre las flores y fuentes de la Alhambra se conocieron sin que nadie lo advirtiera.

Pronto se declararon su amor por medio de símbolos de flores y mensajes secretos.

Hasta tal punto se enamoraron que decidieron huir.

Todo se planeó con mucho cuidado, además los caballeros contaban con la ayuda de sus familiares cristianos que les querían rescatar.

Una noche escaparon los caballeros cristianos con veloces caballos, fueron hasta la torre de las princesas para huir con ellas.

La Alhambra

Las dos mayores bajaron rápidamente, pero la pequeña demasiado asustadiza dudó y se quedó en la torre, perdiendo así la oportunidad de huir con su caballero.

Zaida y Zoraida llegaron sanas y salvas a territorio cristiano, donde abrazaron su fe y se casaron con sus caballeros.

Pero la pequeña Zorahaida quedó en la torre, murió de pena muy joven, y según la leyenda, todavía se oye bajo la Torre de la Cautiva, en las noches de luna llena,  una triste canción y el sonido de un laúd que llama a su caballero.