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lunes, 20 de mayo de 2013

La leyenda del Castillo de Peñíscola y el Papa Luna

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El Castillo Templario-Pontificio de Peñíscola

Castillo de Peñíscola
Castillo de Peñíscola 


El castillo de Peñíscola está situado sobre un peñón rocoso, que se adentra en el mar.
Está en la costa norte de Castellón, en la Comunidad Valenciana.

Allí se construyó el castillo, entre los siglos XIII y XIV.

El castillo es una gran fortaleza totalmente amurallada, que antiguamente se conocía como "El castillo del Mar".

Fue construido por los caballeros templarios.
Cuando estos fueron eliminados, el castillo paso a manos de la Orden de Montesa.

A lo largo de su historia, este castillo ha pasado por muchas batallas y guerras resistiendo asedios y bombardeos.
(Guerra de la Independencia, guerras Carlistas, etc).

Pero lo que le hizo destacar de los demás, es que se convirtió en Sede Pontificia, junto con el Vaticano y el Palacio de Avigñón.

 El Papa Benedicto XIII, conocido como el Papa Luna o el Antipapa,
acabó allí sus días, encarcelado en su jaula de oro.

En aquella época, existían muchos intereses creados por parte de reyes y nobles, que intentaban dominar los poderes de la iglesia.

Los caballeros templarios eran acusados, condenados  y quemados en las hogueras por culpa del gran poder que habían alcanzado.

 Los Papas eran elegidos por intereses de los gobernantes.

Morían misteriosa y rápidamente y se sustituían en seguida.

Este fue uno de esos casos.

El papa Benedicto XIII, Papa Luna, fue elegido nuevo Papa en 1394.

 Después de muchas vicisitudes y varias elecciones y muertes de sucesivos papas romanos, el cardenal Pedro Luna es elegido Papa, tomando el nombre de Benedicto XIII.

Pero existían demasiados intereses entre varios países, sobre todo Francia, que le bloqueó militarmente en Avignon.

En un momento crítico hubo hasta tres Papas a la vez, que eran apoyados por diferentes paises.

Martino V excomulgó a Benedicto XIII, que tuvo que salir huyendo de Avignon y refugiarse en Peñíscola, ya que las coronas de Aragón y Castilla, sí reconocían su Papado.

Y aquí comienza...

La leyenda del Castillo de Peñíscola y el Papa Luna

Benedicto XIII estaba terminando de recoger sus pertenencias mas importantes.
Ya estaba listo para embarcar en el puerto francés de Colliure.
Allí ya no estaba seguro.
Habían intentado envenenarlo sin éxito y debía huir de inmediato.
El único lugar donde podría refugiarse era en el Castillo templario de Peñiscola.

Los reyes de Aragón y Castilla le apoyaban.
Rápidamente embarcó en una pequeña galera,
junto a sus cuatro y fieles amigos cardenales.

Todo había sido planeado en secreto y estaba saliendo bien.
La galera zarpó sin contratiempos en dirección a España.
De pronto, a mitad de camino, se levantó una gran tempestad.

Tan fuertes eran los vientos y tan embravecido estaba el mar, que parecía que no saldrían con vida de aquel infierno de agua.

Cuenta la leyenda, que el anciano pontífice, se colocó en la proa de la galera
e invocó al cielo pidiendo salvarse si en realidad era él el legítimo Papa.

Poco a poco, el mar y el viento se fueron calmando y Pedro de Luna exclamó "¡Soy el verdadero Papa!".

Desde ese momento, Benedicto XIII jamás se rindió.

Se atrincheró en el castillo de Peñíscola, con cuatro de sus cardenales hasta el día de su muerte, lo que sucedió un 29 de noviembre de 1.422. 
Murió a los 94 años.

 La muerte del Papa no se hizo publica hasta un año después, en el 1423, cuando los cardenales que él había nombrado, pusieron a salvo el tesoro pontificio.

Según dicen, entre sus pertenencias había un viejo Códice Imperial, un enigmático pergamino escrito por el mismísimo emperador romano Constantino.

El misterioso pergamino era muy valioso y tan sagrado como prohibido,
pues sólo lo podían ver los Papas y sus más allegados de máxima confianza.

 Cuentan que el misterioso papiro estaba guardado en una cánula de oro, y contenía un secreto muy bien guardado desde los inicios del cristianismo.

En vida del Papa Luna, diversos emisarios, enviados especiales por los otros Papados, (Bonifacio IX, Inocencio VII, Gregorio XII, Alejandro V y Martín V), se llegaron a Peñíscola tratando de hacerse con el códice, ninguno lo consiguió.

Hasta el día de su muerte el Papa Luna guardó su secreto y aún cuando murió,
sus fieles amigos cardenales, no informaron de su muerte hasta un año mas tarde.
Tiempo mas que suficiente para poner a salvo cualquier secreto.

Después del anuncio de su muerte, el castillo se inundó de emisarios.
Se registró hasta el último rincón buscando el códice.

La iglesia y el Sepulcro, la ermita de la Virgen, la "Turris Papae" donde escribía sus tratados, las galerías subterráneas, todo fue registrado  sin resultado.

La biblioteca fue examinada con especial atención, ya que era muy completa y extensa, pues se amontonaban obras de Ovidio, Averroes, santo Tomás, Petrarca, Séneca, Maimónides o Aristóteles.

Nada se encontró, la desaparición y el misterio del códice quedó sin resolver.
El Papa Luna se llevó su secreto para siempre.

Este Papa, de origen Zaragozano siempre decía: "Yo sigo en mis trece".
Se cuenta que al morir excomulgado y hereje, núnca descansó tranquilo y aún vaga por el castillo, asomándose a las ventanas y repitiendo la frase que le caracterizó en vida: "el verdadero Papa soy yo"