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lunes, 27 de mayo de 2013

El Castillo de Pedraza. La corona de Hierro

Leyendas de castillos españoles. Leyendas en el tiempo.

Pedraza


Es una localidad y municipio de la provincia de Segovia (España), situado a 37 km al nordeste de Segovia capital.
Se trata de una villa medieval amurallada, declarada Conjunto Histórico desde 1951.
El municipio se compone de Pedraza , Rades de Abajo y La Velilla.

Su nombre parece derivar de la Pretaria romana, aunque los primeros datos históricos se remontan a Don Fernando Gómez de Albornoz, comendador mayor de Montalbán, que fue nombrado por rey Enrique II de Castilla Señor de Pedraza.






Posteriormente pasó a manos de la familia Herrera y a finales del siglo XV pasó a los condestables de Castilla por el matrimonio entre Doña Blanca Herrera y Don Bernardino Fernández de Velasco.

Se mantuvo en estas manos hasta que en el siglo XIX se abolieron los señoríos.

Los condestables se asentaron allí, siendo el lugar sitio de paso para grandes personalidades, como artistas, nobles y monarcas.





En el siglo XVI y XVII tiene lugar la época de mayor esplendor del pueblo, y es de cuando datan la mayor parte de casas y palacetes.

Esta prosperidad fue debida, sobre todo, a la exportación hacia el Norte de Europa, de la lana de sus rebaños de ovejas merinas y a sus excelentes tejidos, capaces de competir con los mejores que se elaboraban en Flandes.


El Castillo de Pedraza




El Castillo de Pedraza está considerado como uno de los castillos más antiguos de Europa.
Existen restos de una antigua fortificación romana.
Según dicen  se cree que allí se produjo el nacimiento del Emperador Trajano.




Sobre los restos de la antigua fortaleza, se levantó el castillo musulmán, que soportaría, múltiples reformas durante la Edad Media.

También se cree que fue una de las residencias de Abderramán III durante su estancia en España.




Mas tarde , fue restaurado por los nobles que lo regentaron.
En este castillo, estuvieron prisioneros dos hijos del rey Francisco I de Francia: Francisco, Delfín de Francia y duque de Bretaña, y su hermano Enrique, Duque de Orleáns.




Su último dueño, el pintor Ignacio Zuloaga, que lo adquirió en 1926, creó en él su taller , actualmente visible al público en el denominado Museo Ignacio Zuloaga.

La fortaleza cuenta con una imponente torre del homenaje, un gran muro defensivo  unido a ella, un muro exterior con cañoneras.




Su excepcional ubicación rodeado casi en su totalidad por un precipicio, la convirtieron, a lo largo de la historia, en una fortaleza inexpugnable, ya que salvar el foso y echar por tierra la imponente puerta, era una tarea complicada.


 Por su parte, el Castillo también se ha convertido en un referente en el panorama cultural español al ser el lugar elegido para la celebración de “La Noche de las Velas” de Pedraza.

Se han rodado varias series históricas como “Isabel” o “Toledo” y  películas como “En el cielo como en la Tierra” , “Los desastres de la Guerra” y “El Pícaro”.
Este año, también se ha organizado el primer Torneo de Combate Medieval



La corona de Hierro


Cuenta una antigua historia que allá por el siglo XIII vivía en el Castillo el conde de Ridaura, amo del castillo y de todas las tierras colindantes.

Un buen día, mientras el conde paseaba con su caballo por sus tierras, se fijó en un hermosa joven que vivía en el pueblo.




Se enamoró perdidamente de ella y sin pedir cuentas a nadie y valiéndose de sus derechos feudales pidió su mano en matrimonio y se casó con ella.

Por desgracia, la joven Elvira, que así se llamaba, tenía novio, el joven Roberto, con el que mantenía una romántica relación desde hacía algún tiempo, estando los dos muy enamorados.

Al conde no le importó lo mas mínimo, es mas, ni se percato, la familia de la novia tampoco dió ninguna importancia al detalle, así que todos llegaron a un acuerdo y Elvira pasó a ser la condesa de Ridaura.




El pobre Roberto quedó destrozado, hasta el punto que ingresó en un monasterio buscando consuelo.

Al cabo del tiempo, murió el capellán del castillo, y por casualidad mandaron a Roberto que ya era monje para sustituirlo.

Cuando los dos jóvenes se volvieron a ver, volvió todo el amor que se tenían y que con tanto empeño habían enterrado.




Lo peor vino cuando el rey Alfonso VIII mandó llamar al conde para que luchara contra los Almohades.

La condesa Elvira y el capellán Roberto, volvieron a sus días de noviazgo, cayeron irremediablemente en los brazos del otro.




Cuando el conde volvió el conde, alguien se lo contó.
Y él, aunque furioso y lleno de rabia, disimuló.

Organizó una gran recepción en su Castillo, invitó a todos los nobles del reino y allí ante todos, le clavó al joven capellán una corona de hierro con púas al rojo vivo, causándole una terrible muerte en ese momento.




La condesa, al verlo, echo a correr desesperada, cuando la encontraron se había clavado una daga en el corazón, librándose así del sufrimiento y de la terrible venganza del conde.

Desde entonces, cuenta la leyenda, que cierta noche del año, se ven dos misteriosas figuras con aureolas de fuego sobre sus cabezas que pasean por el Castillo.