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viernes, 24 de mayo de 2013

La historia de Jerez de los caballeros. La leyenda de "Los tristes silbidos".

Leyendas españolas. Leyendas en el tiempo. ¿Que pasó aquí?.

La historia de Jerez de los caballeros



La fortaleza templaria de Jerez de los Caballeros se ubica sobre un cerro que domina la localidad del mismo nombre, situado en la zona occidental de Sierra Morena, al suroeste de la provincia de Badajoz.

La fortaleza fue construida sobre una alcazaba musulmana, época de la que se conservan algunos rasgos árabes en su interior.

La estructura actual es resultado de la importante reconstrucción llevada a cabo por la Orden del Temple, propietaria de la villa, en el siglo XIII.

Posteriormente, la Orden de Santiago, realizó también ciertas modificaciones en el conjunto.

La fortaleza cuenta con varias torres, la Torre Sangrienta, la torre de Armas, la torre de la Casilla del Carbón y la torre de la Veleta.

El recinto del castillo, que protegía a la villa contra posibles ataques, tiene forma pentagonal, y presenta torres semicirculares rematadas en almenas.

Su interior, está cubierto por una bóveda de cañón apuntado.

Tanto la muralla como el castillo están construidos en piedra, unidas por cal y arena.

La mayoría de las almenas han sido restauradas, lo que dota de gran belleza al conjunto.

 Por estas tierras pasearon fenicios,
 romanos y árabes que se asentaron allí durante siglos.

Los reyes musulmanes pelearon ferozmente entre sí por estas tierras.

Allí se hicieron fuertes y con el paso del tiempo,
se consideraron invulnerables.




Fue entonces cuando el rey Alfonso IX de León llegó hasta allí para conquistar el territorio rodeado de caballeros de la Orden del Temple (los Templarios) y de la orden de Santiago, en 1230.



Después de derrotar a los musulmanes, el rey le dio a los caballeros templarios el castillo y sus tierras para que las defendieran.
Ellos se asentaron allí encantados cambiando su nombre "Xerixa" por "Xere Equitum" .. "Jerez de los Caballeros".




Pero la serranía de los alrededores estaba plagada de musulmanes escondidos, por lo que tuvieron que fortificar la
ciudad para protegerla.

Los caminos cercanos a la ciudadela eran inseguros y peligrosos, los pastores y comerciantes que tenían que moverse de un sitio a otro eran asaltados y muertos a menudo, en cuanto se salía de la ciudad, la muerte te acechaba escondida detrás de cualquier rincón.


Así fue como los caballeros salieron a buscar por los alrededores asaltantes y musulmanes escondidos que tenían a su población aterrorizada.


Buscaron durante tres días con sus tres noches hasta que descubrieron la guarida de los musulmanes.


Estaban instalados en un maravilloso valle cercano y escondido.




Los caballeros descargaron su furia contra ellos en una batalla a muerte que duró mas de seis horas hasta que no dejaron a nadie con vida, el precioso valle quedó teñido de sangre y los cadáveres esparcidos por los alrededores.
El valle pasó a llamarse "el valle de los moros muertos".

Hoy se le conoce como "El valle de Matamoros".


Por desgracia, a comienzos del siglo XIV, el monarca francés Felipe IV, debido posiblemente a las deudas contraídas por Francia con la orden del Temple, comenzó a realizar una terrible campaña de desprestigio.


Jacques de Molay
Así, no solo eliminaba su deuda, sino que además se quedaba con todas las riquezas de la orden.

Los caballeros templarios fueron acusados, de graves delitos de herejía, idolatría y malas prácticas.

Estas acusaciones no se creyeron en los reinos cristianos de la Península Ibérica.

 Pero, todos se vieron obligados a renunciar a la Orden entregando sus tierras y armas bajo amenazas de muerte.





A pesar de que los caballeros templarios consideraron falsas estas acusaciones, algunos de ellos confesó su culpa para librarse de la hoguera con la que los amenazaba la Santa Inquisición

Pero otros no admitieron su culpa, y no renunciaron a la orden.

Los caballeros en Jerez, no estaban dispuestos a dejarse ni arrestar ni apresar.

Se hicieron fuertes en su castillo, y se reunieron allí cientos de caballeros templarios.


Con su último comendador al frente, Fray Juan Bechao aguantaron durante días el asedio al castillo de las tropas reales, pero debido a que eran inferiores en número fueron acorralados en uno de los baluartes de la muralla, en la Torre del Homenaje.

En este bastión, cuentan que fueron vencidos “Los Últimos templarios”, unos murieron en el fragor de la batalla mientras otros como Bechao fueron encerrados en una de las torres del castillo para ser posteriormente decapitados y arrojados  al vacío desde las almenas.

 Aquel trágico día un caudal de sangre tiñó la atalaya.

Los muros de esta torre fueron testigos de la sangre derramada de estos monjes-guerreros y se comenzó a forjar la oscura leyenda negra en torno a este lugar.

La leyenda de "Los tristes silbidos".



Desde entonces, la Torre del Homenaje del castillo Jerezano se conoce como la Torre Sangrienta.

Todos los caballeros que murieron aquel trágico día, previamente habían jurado en nombre de Dios y del Templo de Salomón que volvería a galopar en sus caballos hacia los Santos Lugares.

Desde entonces, según cuenta la siniestra leyenda, este lugar permanece encantado por el espíritu de los antiguos templarios y que en las noches sin luna, al dar las doce, las almas de los caballeros regresan de la muerte, vistiendo túnicas blancas y enfundados en sus armaduras alzan la espada de Damasco dispuestos a acudir a Tierra Santa para participar en las cruzadas, tal y como juraron en vida.



Se dice, que por las noches se les oye silbar, llamando a sus caballos.

Estos silbidos resuenan en las almenas del castillo con un eco estremecedor.

 Incluso algunos dicen haber oído relinchos de corceles y el sonido de las armas y armaduras al ser ajustadas.

Pero con las primeras luces del alba, llega el silencio.
Los caballeros, se retiran a los sótanos de la Torre Sangrienta,
hasta que vuelva la noche.

“Por el tiempo maltratada,
por todos abandonada,
cumpliendo horrible condena.

Se ven en noches lluviosas,
vagar sombras misteriosas,
por sus quebradas almenas”
Poema de Francisco Redondo