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martes, 18 de junio de 2013

La leyenda de la mesa de Salomón y El Palacio de Hércules

Leyendas de Castillos

La leyenda de la mesa de Salomón

y El Palacio de Hércules



Según cuenta una antiquísima leyenda, cuando llegaron a España los primeros visigodos  traían consigo un fabuloso tesoro, conseguido en batallas, saqueos y guerras con otros países.



Habían saqueado Roma, haciéndose con todos los tesoros allí acomulados, magníficas joyas, oro, plata y piedras preciosas, y otros objetos de gran valor.

Entre estos objetos se decía que estaba "La mesa de Salomón".
En esta mesa, hecha de jade y esmeraldas y recubierta de oro y perlas estaba grabado el verdadero nombre de Dios, por el mismísimo Salomón el cual, no podría escribirse jamas y solo debería pronunciarse para el acto de crear.

Decía la leyenda de la mesa que quien fuera su dueño poseería la sabiduría absoluta.

El único problema que presentaba esta mesa, es que tenía que estar muy bien guardada, ya que si cualquier mortal la tuviera, significaría que el fin del mundo conocido, estaría muy cerca.

Se cuenta que debajo de los montes de Toledo hay miles de cuevas, siendo está ubicación perfecta para esconder tan fabuloso tesoro.



Así que se buscó una cueva muy profunda y escondida y allí dejaron todos sus tesoros.

Después se cerro y se puso un gran candado.
Se puso vigilancia, y se encomendó a todos que por nada del mundo se abriera aquella cueva, so pena de que el fin del mundo llegaría.

Sobre estas cuevas se construyo un magnifico palacio
que llamaron

El palacio de Hércules


y cada rey que accedía al trono, añadía un nuevo candado, para asegurar el reino y a sus pobladores, y así llegó aquella mágica entrada a tener hasta un total de 24 candados.


Fue entonces cuando llegó al poder Don Rodrigo, el último rey visigodo.
Altanero, caprichoso y dominante, desafió a los dioses y perdió Hispania en manos musulmanas.

Sucedió que cuando se hizo con el trono de Toledo, no quiso añadir un candado más, por el contrario,
los rompió todos y registro todas las cuevas hasta dar con la mesa.


Se cuenta que por fin encontró un arca llena de labrados y con un gran candado que rápidamente abrió.

Dentro había un paño blanco decorado con  misteriosos dibujos de guerreros con curvas espadas y una inscripción que decía:
"Cuando este paño fuere extendido y aparecieran estas figuras, hombres que andarán así vestidos, conquistarán España y serán de ella señores". 

Asustado y arrepentido, huyó de allí y sintió en lo más profundo de su alma que el mensaje profanado del arca, le acababa de comunicar el principio del fin de su reinado.
Al poco tiempo, un águila gigante con un tizón encendido en el pico produjo un incendio que acabó con el palacio y lo redujo a cenizas.