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domingo, 14 de julio de 2013

Castillo de Aunqueospese

Leyendas españolas.  Leyendas medievales.


Castillo de Anqueospese


https://flic.kr/p/4MsuXj

El Castillo de Aunqueospese se encuentra en la provincia de Ávila en el término municipal de Mironcillo, sobre los peñascales de las primeras estribaciones de la sierra del Zapatero, asomándose al valle de Amblés.

En muchos escritos se puede encontrar su nombre tanto Aunqueospese como Manqueospese.



La leyenda cuenta como volvía Don Alvar Dávila, orgulloso y encantado de la gran batalla que acababan de ganar en Las Navas de Tolosa.

Rodeado de todos sus caballeros entraba sobre su negro corcel, por las puertas de las murallas de Avila entre vítores de la plebe y saludos de nobles.

Don Alvar, señor de Sotalvo, cabalgaba entre nubes de flores, aplausos y vítores, cuando llego frente al palacio de Don Diego de Zuñiga, un gran noble de la ciudad, en cuyo balcón se hallaba su hija Doña Guiomar, una joven doncella de mirada angelical y blanca como los lirios del campo, que le sonreía y sonreía mientras aplaudía entusiasmada.


Sus miradas se cruzaron y el joven capitán perdió en ese instante su corazón.
Muchas veces se vieron Don Alvar y la condesita Guiomar, aunque siempre a través del alto balcón.

Como eran breves las treguas de guerra, Don Alvar no dudo en pedir la mano de su amada al conde Don Diego, pero este era altivo y duro.
Negándole en rotundo el matrimonio con su hija, le prohibió al capitán que volviera por allí.

A lo que le contestó el capitán con gran entereza: 
"Cuando el amor ha nacido, no se le mata con vilencias; que el corazón del enamorado es rebelde y terco en la rebeldía. Dª Guiomar y yo seguiremos amándonos, y aún más, viéndonos: ¡ Mal que os pese !."


Así fue como el conde Don Diego, encerró a su joven hija Doña Guiomar, apostando guardias por todo el palacio.

Así fue como la joven condesita enfermó de melancolía, hasta que un día, al amanecer, murió.
Llegó entonces una blanca paloma que se posó sobre su cuerpo inerte y escapó por la ventana.

Voló hasta el castillo, en el coto señorial de Sotalvo, sobre las altas rocas, mirando a Ávila, al blanco castillo roquero donde se hallaba el capitán.

Se posó sobre su mano con un suave arrullo y el castellano comprendió.
De madrugada partió el joven capitán a la guerra al frente de sus caballeros y allí murió peleando.