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miércoles, 3 de julio de 2013

La catedral de Santiago de Compostela. La Leyenda Compostela.

Leyendas medievales. 

La catedral de Santiago de Compostela



El templo de culto católico situado en la ciudad homónima, en el centro de la provincia de La Coruña, en Galicia (España), acoge el sepulcro del Apóstol Santiago, lo cual convirtió al templo en uno de los principales destinos de peregrinación de Europa durante la Edad Media a través del llamado Camino de Santiago, una ruta iniciática en la que se seguía la estela de la Vía Láctea comunicando la península ibérica con el resto del continente. 

Esto fue determinante para que los reinos hispánicos medievales participaran en los movimientos culturales de la época; en la actualidad sigue siendo un importante destino de peregrinación. 



Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1896, y la ciudad vieja de Santiago de Compostela, que se concentra en torno a la catedral, fue declarada bien cultural Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985

La Leyenda de Santiago de Compostela






Al Noroeste de España, en las tierras que los romanos llamaron "Finis Terrae", por ser el extremo más occidental del mundo hasta entonces conocido, en la céltica Galicia, cuenta la tradición que estuvo el Apóstol Santiago, como llaman los españoles a Jacob el hijo de Zebedeo y hermano de Juan el Evangelista.

Las confusas narraciones de los primeros años de la cristiandad cuentan como a él le fueron adjudicadas las tierras españolas para predicar el Evangelio, y que en esta tarea llegó hasta la desembocadura del río Ulla. 

Debido al poco éxito de sus enseñanzas y el escaso número de discípulos que le siguieron, decidió volver a Jerusalén.

Pero cuando regresó a Palestina, en el año 44, fue torturado y decapitado por Herodes Agripa, quien prohibió que fuese enterrado. 

Sus discípulos, en secreto, durante la noche, trasladaron su cuerpo hasta una barcaza en la orilla del mar. 

Allí depositaron el cuerpo del apóstol en un sepulcro de mármol, empujándola hacia el mar, donde se adentró navegando sola.

Según la leyenda, la barcaza navegó sola hasta el puerto romano, de la costa Gallega, de Iria Flavia, la capital de la Galicia romana. 

Alguien encontró y enterró el arca de mármol, en un cercano bosque conocido por los romanos como  Liberum Donum, donde levantaron un altar sobre el arca de mármol.

Tras las persecuciones romanas contra los cristianos se fue olvidando la existencia del mismo.
Mucho después, cuando la península estaba dominada, casi en su totalidad, por la invasión musulmana, pequeños grupos de cristianos permanecían escondidos. 


La historia cuenta, que en torno al año 813, un ermitaño llamado Pelayo, que vivía en el Monte Libredón, un bosque ubicado en las calles que hoy rodean la catedral compostelana, vio durante varias noches un enorme resplandor en el cielo. 

Una estrella gigantesca que le indicaba un punto determinado. 
Allí fué Pelayo dominado por la curiosidad, y encontró una extraña tumba de piedra, en la que yacían los restos de un hombre decapitado con la cabeza bajo el brazo.

El eremita avisó al obispo de Iria Flavia, Teodomiro, quien después de apartar la maleza descubrió los restos del apóstol identificados por la inscripción en la lápida. 

Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. 

La noticia voló por toda la cristiandad, y desde entonces y durante siglos los peregrinos miraron al cielo para seguir a la Vía Láctea que lleva la misma dirección que la del caminante que quiere llegar a  Compostela para visitar los restos del Apóstol Santigo.

Informado el Rey Alfonso II del hallazgo, acudió al lugar y proclamó al apóstol Santiago patrono del reino, edificando allí un santuario que más tarde llegaría a ser la Catedral. 


Dice la leyenda que el rey se convirtió en el primer peregrino en este santuario. Esta capilla fue seguida por una primera iglesia el año 829 y posteriormente por una iglesia prerrománica el 899, construida por orden del rey Alfonso III, convirtiéndose gradualmente en un importante lugar de peregrinaje.

 En el año 997 esta iglesia primitiva fue reducida a cenizas por Almanzor, comandante del ejército del califa de Córdoba. 
Las puertas y las campanas de la iglesia, portadas a hombros por cautivos cristianos hasta Córdoba, se añadieron a la mezquita aljama.

Cuando Córdoba fue tomada por el rey Fernando III de Castilla en 1236, estas mismas puertas y campanas fueron transportadas por prisioneros musulmanes a Toledo, y se incluyeron en la Catedral de Santa María de Toledo.

La construcción de la actual catedral se inició en 1075 bajo el reinado de Alfonso VI y a última piedra fue colocada en 1122, siendo consagrada en 1128. 

La última etapa de construcción comienza en 1168 con la realización de la cripta y el Pórtico de la Gloria.

El Camino de Santiago

Desde el principio de los tiempos, este camino siempre se consideró iniciático y sagrado, señalado por las estrellas y señalado por los hombres en la tierra. 

 Un camino mágico señalado en el cielo iluminado por estrellas, conocido como "Campus Stellae" en la antiguedad, "Campo de Estrellas", "Compostela",
 y en la tierra guiaba a los hombres en un viaje espiritual, que conducía a un punto
sagrado y místico venerado desde tiempo inmemorial.

Compostela

A lo largo del camino aún quedan señales, marcas rituales, dolmenes e incluso cavernas marcadas por antiguos celtas, eremitas, druidas y ancestrales antepasados.

Durante la Edad Media, dió lugar a numerosas historias y leyendas donde los milagros y las apariciones se repetían.

Una de ellas narra como Ramiro I, en la batalla de Clavijo, venció a las tropas de Abderramán II ayudado por un misterioso jinete sobre un caballo blanco que luchaba a su lado y que resultó ser el Apóstol Santiago. 
A partir de entonces se consideró al apóstol Santiago, el patrón de la reconquista.


A partir del s. XI, Santiago de Compostela ejerció una fuerte atracción sobre la cristiandad europea y fue centro de peregrinación multitudinaria, al que acudieron reyes, príncipes y santos.

Fue durante los siglos XII y XIII, cuando se escribió el "Códice Calixtino", la primera guía del peregrino, y cuando la ciudad alcanzó su máximo esplendor. 


El Papa Calixto II en 1122, concedió a la Iglesia Compostelana el "Jubileo Pleno del Año Santo" y Alejandro III lo declaró perpetuo, convirtiéndose Santiago de Compostela en Ciudad Santa junto a Jerusalén y Roma. 

El Año Santo se celebra cada vez que la festividad del Apóstol, el 25 de Julio, cae en domingo.