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lunes, 7 de octubre de 2013

La leyenda del Castillo de Aracena. Banda Gallega

Leyendas Españolas. Viajes por España.

Castillo de Aracena

Castillo de Aracena

Banda Gallega


La Banda Gallega es el nombre con el que históricamente se conocía a gran parte de la actual Sierra de Huelva y por ende a toda la provincia, desde su conquista por los reyes cristianos como cinturón defensivo. Esa denominación nació, por la repoblación de estas tierras por gallegos y leoneses tras la expulsión de los musulmanes, en paralelismo con la llamada Banda morisca.
Previamente a la reconquista cristiana los almorávides y luego en el siglo XII los Almohades intentaron solucionar los problemas de defensa de la zona reaprovechando antiguas fortificaciones romanas y levantando nuevas fortalezas como en Aracena, Cala o Zufre. 
La leyenda que hoy os cuento sucedió en:

  La leyenda del castillo de Aracena.

Sucedió cuando los moros de Abderramán I poblaban Aracena entre los años 933 y 937 y vivían en la llamada morería, en el interior de la fortaleza. La edificación fue tomada posteriormente por los Templarios en 1500. El actual castillo de Aracena, que se erige sobre un cerro, fue levantado en el siglo XIII sobre esa fortaleza musulmana.

La joven Zulema era hija del gerifalte de la fortaleza y se enamoró desesperadamente de un caballero cristiano. Los amantes estaban obligados a verse a escondidas, de forma clandestina, según se cuenta, en una torre de la alcazaba.

El castillo que se conserva hoy en Aracena tiene una torre almohade que se yergue sobre afiladas rocas y está llena de recovecos.

Ese rincón apartado fue testigo del imposible romance, allí el amor de los dos jóvenes atravesaba cada día el infranqueable muro cultural y religioso que los separaba. 
Hasta que un día ocurrió lo previsible: un soldado los descubrió y contó al padre de Zulema que su hija se escapaba por las noches ayudada de una doncella para verse con un cristiano. 
El padre montó en cólera y cortó en primer lugar la lengua y sacó los ojos de cuajo al soldado para que no pudiese dar fe de lo que había visto ni oído. 
Luego esperó a que llegara la noche para acudir a la cita de los enamorados y sorprenderlos, pero cuando llegó, el joven cristiano se despedía de la joven mora para ir la guerra y se alejaba en su caballo.

El padre, enfurecido por lo que consideraba una deshonra, emparedó viva a su hija en lo más alto de la fortaleza. La leyenda cuenta que la joven lloró tanto y su dolor era tan profundo que los lamentos se oían en todo el pueblo. 
Y de sus lágrimas encendidas brotó un manantial que más tarde se transformó en caño: La fuente de Zulema. Esa fuente se ubica en la carretera de Aracena y tiene una formidable panorámica del Castillo. 
Los vecinos siguen creyendo firmemente que aún hoy, en las noches de luna llena se ve pasear una figura blanca y eterea por las almenas del castillo.