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sábado, 19 de octubre de 2013

El duende castellano. El Martinico

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El duende castellano. El Martinico

El duende castellano. El Martinico

Muy arraigada la creencia de estos seres en la zona de Castilla sobre todo en el siglo XVI.
Se pensaba que pertenecían al género de demonios «caseros, familiares y tratables», ocupados en hacer toda serie de burlas ridículas a las personas.
 Parece ser que el origen del término castellano “duende” proviene de la expresión "duen de casa" o "dueño de casa", por el carácter entrometido de los duendes al "apoderarse" de los hogares y encantarlos. 
Se le representa como una figura de viejo o de niño en las narraciones antigüas, de unos 60 cm de altura, con la capacidad de hacerse invisibles o de mutarse en pequeños animales.
Les gusta mucho morar desvanes, sótanos y bodegas en donde jugar y hacer ruidos por las noches.
Tiran piedras y realizar pequeñas fechorías es una de las principales características de los duendes castellanos, también conocidos como martinicos o martinillos, para molestar y asustar a los humanos en sus casas, donde se introducen haciendo de ellas su residencia permanente.

El Duende Martinico es el duende castellano por excelencia. 
Es un agitador profesional, que lleva el desorden y la subversión en las viviendas donde desarrolla sus actividades caseras.
Es el más popular y se le ha descrito generalmente como rechoncho, rabón, algo diablejo, de estatura tirando a bajito.
 Bastante inestable emocionalmente, son legendarios sus enfados cuando es importunado; generoso, solidario con los hombres y mujeres, a los que no duda en dar mano en caso de necesidad, como de gastarle las peores jugarretas. 
Tiene peligrosos y secretos poderes que utiliza para transmutarse en animal.
 Su color preferido es el rojo.
Posee extrema debilidad por aparecer con hábitos de fraile. 
Existe un relato de una familia de hidalgos que tuvieron que mudarse a Valladolid, debido a las “bromas” a los que les sometía el Martinico.
En el momento en que van a emprender el viaje con todas sus pertenencias ya cargadas en carretas, descubrieron sentado sobre el equipaje al pequeño frailecillo con su mochila al hombro muy sonriente, uniéndose así a la comitiva. Por lo que se le puede relacionar con el duende “Mochilón”. 
Llevan grandes hábitos y cubierta la cabeza y parte del rostro con la capucha del hábito, donde en el fondo brillaban unos ojos terroríficos que despedían llamas y dejaban mudos de espanto.