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lunes, 14 de octubre de 2013

La leyenda del Castillo de Montearagón. La Campana de Huesca.

Leyendas de Castillos.
La leyenda del Castillo de Montearagón y La campana de Huesca.

El castillo de Montearagón 

Castillo Montearagón

El castillo de Montearagón está situado en la cima del Monte Aragón, un monte redondo y alto, un mirador privilegiado de toda la Hoya de Huesca, de la sierra de Guara y del imponente Salto de Roldán, todo esto enmarcado por el telón de fondo de los Pirineos.

Allí mismo decidió, el rey Sancho I de Aragón, construir su castillo cuando cruzó con sus tropas los Pirineos, con intención de reconquistar el territorio a los musulmanes.

Era el siglo XI, cuando este rey dirigió la primera cruzada en España.


Vió la antigua ciudad de Wasqa a lo lejos, lo que hoy conocemos por Huesca, y decidió instalar allí sus tropas.

 Mas tarde se construyó su castillo.

Sería la base para conquistar la comarca aragonesa.

 Era un sobrio y majestuoso castillo con una solida muralla defensiva.

Por desgracia, mientras inspeccionaba la muralla buscando puntos débiles,
una flecha traicionera mató al rey Sancho I.

Cayó en brazos de su hijo Pedro I de Aragón, muy mencionado en el "Cantar del Mio Cid", y al que le hizo jurar que conquistaría Huesca.

Pero la leyenda que hoy os traigo la protagonizó su hermano Ramiro II el Monje,
que tras la muerte de sus hermanos heredó el trono de Aragón.

La leyenda de la Campana de Huesca

Aragón sufría por entonces diversos problemas internos y externos.

Según cuenta las viejas crónicas, estando Ramiro II preocupado por la desobediencia de sus nobles, mandó un mensajero a su antiguo maestro, el abad de San Ponce de Tomeras, pidiéndole consejo.

La leyenda de la Campaña de Huesca.
La leyenda de la Campaña de Huesca.
Castillo Montearagón.

Este llevó al mensajero al huerto y cortó unas coles, aquellas que sobresalían más.


A continuación ordenó al mensajero repetir al rey el gesto que había visto.

Ramiro II , el rey monje, convocó Cortes e hizo venir a todos los nobles del reino para que vieran una campana que se oiría en todo el reino.

A los rebeldes los hizo entrar de uno en uno en la sala y fue decapitándolos según iban entrando.

Una vez muertos, los colocó en círculo y la del obispo de Huesca, el más rebelde, lo colocó en el centro como badajo.

Luego dejó entrar a los demás para que escarmentaran.