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domingo, 6 de octubre de 2013

La leyenda de la cueva de Salamanca

Leyendas Españolas. Viajes por España.

La cueva de Salamanca


La cueva de Salamanca

Se encuentraba situada en un lugar preciso de Salamanca: la sacristía de la iglesia de San Cebrián o San Cipriano. (Ya hablamos de este Santo en la entrada del Libro de San Cipriano, que fue mago antes que Santo)
La cueva de Salamanca

Esta cueva, según cuentan, era una especie de academia de brujería, en la que el mimísimo demonio Asmodeo impartía sus clases en la oscuridad de la noche.
Se contaba que la construyó el mismo Hercules, que se dispuso a ejercer de catedrático, pero al ver que esto le quitaba mucho tiempo dejo al demonio Asmodeo para que continuara enseñando ciencias ocultas.
Asmodeo

Se escogía a siete alumnos privilegiados y con grandes dotes y durante siete años se preparaban en las artes de la adivinación y otras artes tenebrosas
La leyenda cuenta que uno de los alumnos mas destacados fue Enrique de Villena: El marques nigromante, además el lugar se convirtió en centro de reunión de brujas y demonios que aspiraban a convertirse en alumnos aventajados.
El precio de dicho curso era muy alto: al finalizar, y tras un sorteo, uno de los alumnos pasaba a ser el eterno esclavo de Asmodeo.
Las viejas crónicas aseguran que  Enrique de Villena, después de transcurridos los siete años de aprendizaje, se quedó de piedra al ver su nombre escrito en la papeleta extraída por el demonio.
Enrique logró escapar de las garras del Diablo a los pocos días de su cautiverio. Pero aquel tenebroso ser tuvo el tiempo suficiente para arrancar la sombra al marqués y encerrarla en la cueva. Aquello supuso un mal augurio, ya que joven quedó marcado por la huella de Satanás para el resto de sus días.

La "doble muerte" del marqués de Villena

marqués de Villena


Tal vez el desconcertante final de Enrique de Villena se debiera a esta maldición. Enrique de Villena vivió sus últimos años en la judería de Toledo.
 Por aquel entonces ya se había convertido en un reputado conocedor de las ciencias ocultas y, supuestamente, había logrado crear un elixir alquímico capaz de devolver la vida a los muertos en un proceso de transmutación de los restos corporales en un siniestro engendro embrionario conocido como Golem.

Para probar su eficacia, Villena le ofreció una importante cantidad de dinero a su criado de confianza a cambio de que tras su muerte fragmentara el cuerpo del marqués y lo introdujera dentro de un enorme recipiente de cristal lleno del prodigioso líquido. Durante el tiempo que durara la “resurrección”, el criado debería ocultar a todo el mundo que su amo había fallecido.
Llegó el fatídico día.
En diciembre del año 1434 el marqués falleció víctima de unas terribles fiebres, que le hicieron gritar como si alguien lo torturara. 
El criado cumplió su palabra e introdujo el cuerpo mutilado en el matraz y se disfrazó para hacerse pasar por su amo. 
En una de las ocasiones en que fue a oír misa, como solía hacer Enrique, se cruzó en plena calle con el vicario y lo saludó sin quitarse la capucha para evitar ser descubierto. 
Unos caballeros que pasaban por el lugar se indignaron ante tal falta de respeto y obligaron al criado a sacar su rostro a la luz. 
Este no tuvo más remedio que confesar la verdad, ante lo cual los caballeros y el propio vicario decidieron ir a la casa del fallecido Maestre de Calatrava para comprobar los hechos por ellos mismos. 
Una vez en el sótano, descubrieron el recipiente con los restos de Enrique de Villena, los cuales se habían unido para dar paso a una formación espantosa, un ser amorfo que parecía palpitar flotando en el líquido. 
Entre todos rompieron el matraz y destruyeron a aquel ser de varios certeros hachazos.
La transmutación total nunca llegó a producirse, y Enrique de Villena, o lo que quedaba de él, falleció. 
El Gran Maestre había muerto por segunda vez, pero nacía su leyenda.