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martes, 22 de octubre de 2013

La leyenda de La laguna de las Yeguas de Granada

Leyendas Españolas. Viajes por España.

La Laguna de las Yeguas

Hace tiempo existió en Sierra Nevada una laguna, que hoy han convertido en embalse, y que pertenecía al glaciar del río Dilar.

Cuenta La leyenda de La Laguna de las Yeguas

La Laguna de las Yeguas
De como un pastor fue testigo de la aparición de dos magos misteriosos
 que se acercaron a la laguna realizando extraños movimientos y recitando palabras cabalísticas.
El joven pastor, mudo de espanto, se escondió entre los matorrales sin poder apartar la vista de los misteriosos personajes.
Aquel día, como siempre, había llevado a su rebaño a las tierras mas verdes y con mejores pastos, y aquella laguna le atraía especialmente.
Pero aquella tarde había sido diferente, un crujido espantoso había roto la tranquilidad del apacible atardecer.
Un escalofrío le traspasó el alma.
Pensó que podría tratarse de una tormenta que se acercaba, pero el cielo estaba completamente despejado.
Después escuchó una cavernosa y profunda voz que preguntaba: 

-¿Cuándo me dejarás salir de este encierro?

-Todavía no –respondió otra voz fuerte y potente- eres demasiado perverso.

Fue entonces cuando vio llegar a los dos brujos.
Ataviados con extrañas vestiduras, mientras uno realizaba gestos y sortilegios, el otro sacaba una enorme red y la arrojaba a la laguna.
Al instante tiraron ambos de la red y sacaron de las aguas una hermosa yegua blanca.
- Esta no es la que buscamos –dijo el mago, y la dejó suelta.
Repitieron el sortilegio y volvieron a echar la red, y esta vez salió una yegua azul.
-Tampoco es esto lo que venimos buscando.
Probemos nuestra última oportunidad –dijo poniendo a continuación el mayor cuidado en las palabras mágicas que pronunciaba; pero también volvió a salir otra yegua, aunque de color negro como el azabache-.
Totalmente desilusionados, el mago de mas edad comentó:
- La suerte no nos ha sido propicia. El caballo rojo que nos hará invencibles nos ha esquivado una vez más. 
Marchémonos y en el próximo deshielo lo probaremos nuevamente.
El pastor, inmóvil, los vio alejarse, vio a las yeguas que los extranjeros habían sacado de la laguna y que estaban retozando en un prado cercano.
De improviso un extraño y penetrante silbido se dejó oír. Las yeguas quedaron quietas y erguidas, estilizada su preciosa estampa, hasta que en un rápido galope se dirigieron a la laguna en cuyas profundidades volvieron a sumergirse.