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jueves, 28 de noviembre de 2013

Castillo de Zamora. La leyenda del cerco a Zamora

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas medievales.


Zamora es un municipio y ciudad española ubicada entre el centro y noroeste de la Península Ibérica, en la comunidad autónoma de Castilla y León.

Cerca de la frontera con Portugal.

Buena parte de la ciudad está rodeada por murallas.

Se alza sobre una amplia meseta rocosa (la "peña tajada" de la que habla el Romancero Viejo).

Emplazada al borde del río Duero, que la ciñe por el sur.
Estas características le valieron el sobrenombre de "la bien cercada".

Castillo de Zamora. La leyenda del cerco a Zamora

Castillo de Zamora

Cuando murió el rey de Castilla Fernándo I, allá por el año 1065, dividió su reino entre sus hijos.

Al mayor, Sancho II, le dejó en herencia Castilla.
Al segundo, Alfónso VI, le dejó León.
A su hija Doña Elvira le dio Toro.
A su otra hija Doña Urraca, le dejo el reino de Zamora.
Y a su hijo pequeño Don García, le dejo en herencia Galicia.

Según la tradición de aquellos momentos, era el primogénito el que heredaba el reino, y se evitaba así su división en este caso, hubiera sido Don Sancho.

Don Sancho no quedó conforme con la decisión de su padre, así que se negó a aceptar el testamento.

Comenzó entonces una tremenda guerra entre los cinco hermanos, que colocó en una situación muy difícil a Don Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, nuestro héroe nacional por excelencia.

el Cid Campeador
el Cid Campeador
Don Rodrigo, el Cid, pertenecía a una familia de la nobleza castellana, culta y con grandes bienes.

Al morir su padre, cuando él tenía solo 15 años, fue enviado a la corte del rey Don Fernándo para que allí se formase.

Estudió las letras y las leyes, y se formó como caballero al lado de Don Sancho y sus cuatro hermanos.


Pero fue con Don Sancho con quien estrecho mayor amistad.

Crecieron juntos, estudiaron juntos y lucharon en innumerables batallas.

Hasta que por desgracia murió Don Fernándo y el reino se dividió.

Don Rodrigo, el Cid, seguía fielmente a su amigo Don Sancho, pero la situación era violenta para él; a fin de cuentas, se había criado entre todos ellos.

Don Sancho, había tomado la plaza de Toro y mandado sus tropas a Galicia, haciendo prisionero a su hermano García, (que por cierto, murió preso en el Castillo de Luna de León, años mas tarde, pero de esto hablaremos otro día).

Asedió la ciudad durante siete meses y seis días, fue entonces cuando se gano la frase de "Zamora no se conquista en una hora".

Según cuenta la leyenda del cerco de Zamora, un misterioso caballero llamado
 Bellido Dolfos, un gallego (probablemente) que se encontraba en Zamora, salió de la ciudad y se declaró vasallo de Don Sancho, poniendo sus armas a su servicio. Don Sancho, confiado lo aceptó.

Un día, el caballero Don Bellido le dijo al rey que conocía una puerta en la muralla de Zamora por la que sería fácil entrar en la ciudad y romper el cerco.

Confiado Don Sancho se alejó con él para inspeccionar la puerta.

Cuando inspeccionando la muralla, cerca del río, el rey por necesidad, bajo de su caballo, le dejó su daga y su montura y se dio la vuelta.

En ese momento Don Bellido vio la oportunidad de acabar con él, y sin dudar un segundo le lanzó la daga que lo atravesó.

Cayó el rey al suelo y Don Bellido huyo a todo correr hacia la muralla, hacia "La puerta de la traición".


A lo lejos, Don Rodrigo vio la carrera desesperada del caballero Bellido hacia la muralla, supo que algo no andaba bien y sin perder un segundo montó en su caballo y salió como un rayo en su persecución, aunque no lo pudo alcanzar, ya que el traidor había atravesado ya las murallas de Zamora.

El Rey Sancho II murió poco después en el campamento.

Antes de morir, pudo acusar de su muerte a Bellido.

Todo había terminado, los caballeros castellanos, sin Rey, levantaron el cerco a Zamora.

Doña Urraca mandó prender al traidor.

Don Alfonso VI regresó de Toledo.

Prestó juramento ante todos los caballeros del Rey Don Sancho incluido el Cid, de "no haber tenido arte ni parte en el asesinato de su hermano" y tomó posesión del reino.

Por desgracia, no era tan fácil. Rencoroso y vengativo, desterró al Cid Campeador fuera de sus tierras.

Don Bellido Dolfos fue atado a cuatro caballos muriendo de esta manera descuartizado.

Cruz del Rey Don Sancho
Cruz del Rey Don Sancho.
Señala el lugar de su asesinato.

Existen ciertos versos que hablan del tema:

¡Rey don Sancho, rey don Sancho!,   
no digas que no te aviso,
que de dentro de Zamora   
 un alevoso ha salido;
llámase Vellido Dolfos,    
hijo de Dolfos Vellido,
cuatro traiciones ha hecho,   
 y con esta serán cinco.

Si gran traidor fue el padre,    
mayor traidor es el hijo.
Gritos dan en el real:    
¡A don Sancho han mal herido!
Muerto le ha Vellido Dolfos,   
 ¡gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto,   
 metiose por un postigo,
por las calles de Zamora    
va dando voces y gritos:
Tiempo era, doña Urraca,   
 de cumplir lo prometido.

Otros versos:

Otro día de mañana
cabalgan Sancho y Bellido,
el buen Rey en su caballo
y Bellido en su rocino:
juntos van a ver la cerca,
solos a ver el postigo.
Desque el Rey lo ha rodeado
saliérase cabe el río,
do se hubo de apear
por necesidad que ha habido.

Encomendóle un venablo
a ese malo de Bellido:
dorado era y pequeño,
qu' el Rey lo traía consigo;
arrojóselo el traidor,
malamente lo ha ferido;
pasóle por las espaldas,
con la tierra lo ha cosido:
vuelve riendas al caballo
a más correr al postigo.

La causa de la corrida
le pregunta don Rodrigo
el cual dicen a Vivar;
el malo no ha respondido.

El Cid apriesa cabalga,
sin espuelas le ha seguido:
nunca le pudo alcanzar,
que en la ciudad se ha metido.
Que le metan en prisión
Doña Urraca ha proveído,
guardándole Arias Gonzalo
para cuando sea pedido.

Condénanle al castigo merecido:
atan a cuatro colas de caballos
los cuatro cuartos de su cuerpo infame
para que divididos y furiosos
le hagan cuatro piezas, dando ejemplo
a los demás vasallos.

(Por Guillen de Castro, siglo XVII).