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lunes, 2 de diciembre de 2013

Don Pelayo y La Batalla de Covadonga

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Don Pelayo y La Batalla de Covadonga

Don Pelayo y La Cueva de Covadonga
Don Pelayo y La Cueva de Covadonga

Cuenta la leyenda, que Pelayo era un joven noble, hijo del duque Favila,
al que asesinó el rey Witiza dándole un bastonazo en la cabeza.

Como consecuencia de este incidente, Pelayo tuvo que huir de la corte y refugiarse en tierras Cántabras, en los Picos de Europa, que habían pertenecido a su familia desde tiempos muy remotos. (Algunos historiadores piensan que ni los visigodos pudieron dominar estas zonas totalmente).

Cuando murió Witiza, ocupó el trono el rey D.Rodrigo.

Pelayo volvió para presentar sus armas al nuevo rey, del que era partidario.

Ocupó un cargo en la guardia  Real y como tal combatió en la batalla de Guadalete.

Después de la batalla y de la gran derrota que supuso, volvió a tierras Asturianas, supuestamente custodiando el gran tesoro del rey visigodo.


Poco tiempo después, los musulmanes se habían hecho con toda la península.
La población visigoda que quedó en la península, se adaptó facilmente a la nueva cultura.

Los invasores venían cargados de riquezas, conocimientos extraordinarios y cultivos desconocidos que fueron muy bien recibidos, después de tantas guerras entre reyes visigodos, la población había sufrido años de hambruna.

Por este motivo a nadie le importó demasiado adaptarse a los nuevos gobernantes y pudieron conservar sus estatus y sus tierras.

Solo unas cuantas familias resistieron a la dominación musulmanas entre las que se encontraba la de Don Pelayo, y que habían quedado refugiados en los Picos de Europa, por la parte Asturiana de donde eran y que conocían como las palmas de sus manos.

Picos de Europa
Picos de Europa

Mandaron como gobernador al norte de la península, a un berebere llamado Munuza.
 Pero su autoridad era desafiada continuamente por los dirigentes astures que, reunidos en Cangas de Onís en 718 encabezados por Pelayo, decidieron rebelarse negándose a pagar los impuestos que se les exigían.

Munuza conoció a la hermana, del ya proclamado rey de los astures, Don Pelayo y quiso casarse con ella.

Don Pelayo se opuso radicalmente, estalló una revuelta donde le apresaron.

Munuza decidió mandarlo a Córdoba y acabar de una buena vez con los levantamientos y rebeldías de los astures.

Camino de Córdoba, Don Pelayo, ayudado por un puñado de astures consiguió escabullirse en la noche, volviendo a refugiarse en la seguridad de sus montañas.

 Así comenzó la guerra entre Pelayo y Munuza que comenzó a castigar a los sublevados, atacando y saqueando aldeas.

Viendo que no era capaz acabar con las revueltas, pidió ayuda a Córdoba para que mandaran refuerzos.
Desde Córdoba llegó un cuerpo expedicionario sarraceno de 180.000 hombres.

Por desgracia las fuerzas de Pelayo, eran poco más de 300 combatientes.
Aún así, esperó a los musulmanes en un lugar estratégico, nadie conocía como él la zona.

Buscó un angosto valle de Cangas de Onís en los Picos de Europa cuyo fondo cierra el monte Auseva, donde un atacante ordenado no dispondría de espacio para maniobrar y perdería la eficacia que el número y la organización podrían otorgarle.

Allí, en el año 722, se produjo un tremendo enfrentamiento.

Las tropas sarracenas fueron derrotadas.

Munuza no logró huir, dado que él y gran parte de sus tropas murieron aplastados.

Un centenar de hombres, mandados por Pelayo, habían ocupado la célebre Cueva de Covadonga, atacando desde allí a las desconcertadas tropas moras.

Provocaron un oportuno desprendimiento de tierra y rocas sobre el ejercito musulmán que acabó con casi todos.

Sobre la Cueva de Covadonga, existe una vieja leyenda que cuenta como don Pelayo, persiguiendo a un malhechor que se habría refugiado en esta gruta, se encontró con un ermitaño que daba culto a la Virgen María.

El ermitaño rogó a Pelayo que perdonase al malhechor, puesto que se había acogido a la protección de la Virgen, y le dijo que llegaría el día en que él también tendría necesidad de buscar amparo en la Cueva.

Tiempo después, Don Pelayo y los cristianos, refugiados en la Cueva de los musulmanes, llevaron consigo la imagen de una Virgen y tras la victoria en la Batalla de Covadonga, la dejaron allí.

Cueva de Covadonga
Cueva de Covadonga

Las crónicas musulmanas sobre la Batalla de Covadonga dicen que en esta Cueva se refugiaron las fuerzas de Don Pelayo, sitiadas por los supervivientes musulmanes tras la batalla, alimentándose de la miel dejada por las abejas en las hendiduras de la roca.

Las crónicas cristianas afirman que la intervención milagrosa de la Virgen María fue decisiva en la victoria, al repeler los ataques contra la Cueva.

La primera construcción en la Santa Cueva data de tiempos de Alfonso I, el Católico quien, para conmemorar la victoria de don Pelayo ante los musulmanes, manda construir una capilla dedicada a la Virgen María, que daría origen a la advocación de la Virgen de Covadonga (conocida popularmente como la Santina).

La batalla de Covadonga supuso la primera victoria de un contingente rebelde contra la fuerzas musulmanas y permitió que el reino no volviese a ser atacado.

 Como consecuencia nació el reino independiente de Asturias, y de otros reinos cristianos que culminaría con la formación del Reino de España.

Tumba de Don Pelayo
Tumba de Don Pelayo

Un viejo dicho asturiano dice «Asturias es España y lo demás tierra conquistada».