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viernes, 20 de diciembre de 2013

El Castillo de Cornatel y la Ondina.

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   El Castillo de Cornatel y la Ondina                          


El castillo de Cornatel está situado en la comarca de El Bierzo, en la provincia de León, España.

Declarado Bien de Interés Cultural (B.I.C.) el 22 de abril de 1949.
Este castillo parece nacido de la misma roca que lo soporta cortada hacia el este y el norte por un barranco, de más de 180 m de desnivel, por el que transcurre el arroyo de Rioferreiros. 

Está protegido por una muralla almenada desde donde se domina el paisaje verde de Galicia con la llanura de Castilla.

Se cree que en su origen era un antiguo castrum militar romano, debido a su gran cercanía a las explotaciones de las minas de oro romanas de Las Médulas.


Existe una antigua leyenda que se remonta a la época romana
y que sucedió en el lago situado en el Bierzo, muy cerca del castillo del castillo de Cornatel.

En aquella época se construyó un castrum romano, que pasado el tiempo, se convertiría en el castillo de Cornatel.
Los romanos habían llegado a la zona del Bierzo y habían descubierto una inmensa mina de oro, "Las Medulas".


Se construyeron un hermoso Castrum en lo mas alto de un barranco, desde donde podían divisar una gran distancia y se dispusieron a explotar las minas.
Tanta importancia comenzó a tener esta zona, que según la leyenda, nació una fabulosa y mítica ciudad, llamada Lucerna.

Cuenta la leyenda que llegó entonces un altivo general al mando de un enorme ejército.
Se llamaba Tito Carissio.

Era alto, guapo y muy altivo.


Se enorgullecía de su cultura y de su rango de general en el ejercito romano.
Miraba a los nativos de la zona con auténtico desprecio, considerándolos bárbaros incultos.
Había varios pueblos que habitaban el norte de la península, eran los galaicos, cántabros y astures.
Eran pueblos orgullosos y inconquistables.
Preferían darse muerte antes de ser esclavizados, como era costumbre en Roma. Hay constancia de un suceso así, en el holocausto del Monte Medulio.

Un día, Tito Carissio, cabalgaba al amanecer por aquellos montes vigilando los alrededores de las minas de oro, cuando descubrió un hermoso manantial que surgía de la montaña, decidió acercarse a sus aguas para beber.
Estaba arrodillado sobre la tierra refrescándose la cara cuando, de pronto, apareció una bella joven detrás de unos peñascos.
Era una joven muchacha vestida con una ligera túnica blanca que tenía largos cabellos rubios, unos hermosos ojos verdes y una tez extremadamente clara.

La joven se sentó al lado de Tito y comenzó a peinarse sus largos cabellos dorados y rizados mientras tarareaba una extraña melodía.
Tan suaves y melodiosa era su melodía que llego a estremecer al valiente romano.


-¿Quién eres?- preguntó Tito sin poder dejar de mirarla.

-Soy una ninfa- susurró la muchacha retirando su mirada del rostro del general, mientras sacudía su melena.

(Aclaremos que las ondinas son ninfas pero también se las llama así por estas tierras).

-Nunca había escuchado una voz como la tuya, ni una canción tan hermosa- dijo Tito- ¿puedo venir todos los días a escucharte?

-¡Claro que sí!- le contestó la ninfa.- ¿Cómo te llamas?

-Tito Carissio- le dijo muy orgulloso subiéndose al caballo de nuevo.

Y el romano, con la excusa de vigilar los límites de las minas, comenzó a visitar a la hermosa muchacha todos los días. Un día tras otro…

Al general le gustaba sentarse en la hierba. Se apoyaba en un castaño que había al lado del manantial.


Y mientras observaba a la ninfa cepillarse sus cabellos dorados como el oro, dejaba que la dulce melodía que entonaba la muchacha le hiciera sucumbir en un sueño muy placentero.

Gozaba con esta sensación de relajación y poder.

Y un día tras otro, sin faltar a la cita, Tito Carissio acudía a ver a la ninfa.

Tal era la insistencia del general  para que la muchacha le cantara todos los días que la joven comenzó a enamorarse de él.

Cuentan que la ninfa ya había rechazado a varios pretendientes anteriores, pero con aquel general fue diferente, acudía todos los días a verla, ella sintió que el apuesto general romano la admirada, llegando a pensar que se había enamorado de ella. Y así, sin darse cuenta, fue ella la que se enamoró de él.

Pasado un tiempo, la ninfa comenzó a preguntarse por los sentimientos del general hacia ella. 
Todas las tardes, al caer el sol, acudía su general  a verla, bajaba de su caballo, besaba su mano y se apoyaba en un castaño a observarla. 
Entonces ella comenzaba a peinarse mientras tarareaba misteriosas melodías.



El romano cerraba los ojos mientras la escuchaba, y se sumergía en un sueño ligero de míticos y fantásticos mundos mientras duraba la canción. 
Un día, la ondina le habló al general de sus sentimientos, le dijo que le amaba tanto, que adoptaría su nombre como suyo y que a partir de entonces se llamaría Carissia.

En ese momento, al escuchar la declaración de amor, Tito cambió el semblante y dejó que una sonrisa maliciosa asomara por la comisura de sus labios.

-¡No pretenderás que yo, un gran general romano, me case con una ninfa astur de un pueblo bárbaro como tú!- contestó riéndose nervioso.

Entonces la ondina Carissia creyó morir. 
Un gran peso en el corazón le impedía respirar. Las lágrimas comenzaron a surgír desde lo mas profundo de su alma. Su cuerpo comenzó a temblar sin poderlo controlar.

El lago de Carucedo y la Ondina.

La ninfa, que no se esperaba esta respuesta, quiso retenerle ofreciéndole.

-En las profundidades de estas tierras existen ríos de oro. Yo los sacaré para ti- murmuró a media voz la ninfa.

-¡Mis esclavos sacarán todo ese oro que tú me dices sin necesidad de que yo tenga que estar contigo!- contestó el general.

Entonces Tito montó en su caballo y se alejó del manantial.

El general nunca más volvió a ver a la ninfa. Ni escuchó voz tan melodiosa como la de ella.

La ninfa, herida en lo más profundo de su corazón, al verse despreciada por el único hombre que había amado, comenzó a llorar…

Lloró y lloró tanto, y tantas fueron sus lágrimas de dolor, que los valles, montañas y pueblos comenzaron a cubrirse.

Tan profundo era su dolor, que de los cielos comenzaron a caer rayos, truenos y lluvias torrenciales, sus lágrimas llevaban tanto sentimientos que hasta los cielos quisieron consolarla. 
Las aguas comenzaron a coger mucha fuerza y llegaron hasta la ciudad de Lucerna, donde vivía Tito Carissio.

Rapidamente, la ciudad fue sumergida en las aguas del actual Lago Carucedo, dejándola sumergida en el fondo del lago para siempre, junto a todos sus habitantes.

Cuentan que desde entonces la ninfa Carissia vive en el Lago Carucedo. 
Durante la noche de San Juan suele salir fuera a la orilla para peinar sus largos cabellos.

La ninfa no pierde la esperanza de que alguien cure la herida tan profunda que le produjo su general Tito Carissio.

Cuentan que, muchos hombre que se han acercado a la orilla del lago, han podido oler un  intenso perfume a rosas silvestres…

El lago Carucero y la ciudad de Lucerna

Dice la leyenda que todos los años al amanecer del día de San Juan, cuando se abre el alba y el sol dora las aguas, se vislumbra al fondo el reflejo de la ciudad de Lucerna.

En esa noche serena, sale la Ondina Carissia del lago de Carucedo a buscar a su joven enamorado.

Existe otras leyendas sobre el Castillo de Cornatel

El Castillo de Cornatel y el lago
El Castillo de Cornatel y el Caballero