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sábado, 25 de enero de 2014

La leyenda del Castillo del Conde Drácula

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El Castillo del Conde Drácula. El Conde Vlad.


Muchos dicen que su castillo fue El Castillo de Bran



Este castillo es famoso por la creencia de que había sido el hogar del Vlad Draculea (Vlad el Empalador) en el siglo XV. 
Sin embargo, no hay evidencias de que el Vlad viviera allí en persona.
Esta fortaleza medieval está situada en Rumanía, y a buen seguro fue testigo de muchas de las hazañas de el sanguinario conde Vlad.
Bram Stoker se inspiró en este personaje histórico, para la creación de su personaje Drácula.
Y este castillo fue el que describió en su novela. 
Es uno de los atractivos más importantes de Rumanía. 

Aún así, lo que sí es seguro es que su fortaleza, desde donde sembró su territorio de terror y sadismo fue el Castillo Poenari.
También conocido como Ciudadela Poenari.
Ciudadela Poenari




Es un castillo en ruinas, en el distrito de Argeş en el valle del río Argeş, cerca a las montañas. Se halla encima de un acantilado, al lado de una carretera que asciende a las montañas.

Esta fue su verdadera vivienda, la fortaleza de Vlad Tepes.

En el siglo XV, Vlad III, el Empalador, reparó y consolidó la estructura, haciendo de ella su principal baluarte, con la intención de poseer una fortaleza en lo alto de un precipicio de roca escarpada.

Aclarada esta cuestión, os cuento la leyenda de este histórico asesino.

Vlad el Empalador (en rumano: Vlad Țepeș), fue Príncipe de Valaquia (hoy el sur de Rumania) entre 1456 y 1462. 

Se hizo tan famoso por su manera de castigar a los enemigos y traidores.


Según documentos de cierto delegado papal de la corte húngara, lo describen así:

"No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. 
Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. 
Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. 
Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. 
Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra".

Como su apodo Țepeș indica, tenía predilección por el empalamiento, una técnica de tortura y ejecución que consiste en introducir un palo de aproximadamente 

3,50 m de longitud , por el recto, fijarlo a la carne con un clavo y después levantarlo para que la víctima muriese lentamente.


Supuestamente, entre 40.000 y 100.000 personas murieron de esta manera, o a través de otros métodos de tortura, a manos de los hombres del Empalador, durante los siete años que duraron sus sucesivos reinados: enemigos, traidores, delincuentes de todo tipo. 


Vlad odiaba, más que cualquier cosa, los robos, las mentiras, el adulterio, y no perdonaba a nadie por su rango; más aún, cuanto más alto era el rango del traidor, más duro era el castigo. 


El día de San Bartolomé de 1459, Vlad hizo empalar a la mayoría de los sajones de Brașov, una ciudad transilvana que se había rebelado contra él.

Organizó un festín en el centro de este nuevo bosque de empalados aún aullantes, frente a la tarima donde un verdugo descuartizaba lentamente a los cabecillas de la sublevación y sus familias. 

La peculiar celebración duró hasta muy entrada la noche, cuando, para iluminarse, Vlad y su ejército prendieron fuego a la ciudad ante los ojos de sus 30.000 agonizantes ciudadanos. 

Incluso a los que no mandó empalar los amontonó e hizo que sus soldados los mataran a sangre fría con espadas, picas y cuchillos.


Además del empalamiento, también usaba otros métodos de tortura como la amputación de miembros, nariz y orejas, la extracción de ojos con ganchos, el estrangulamiento, la hoguera, la castración, el desollamiento, la exposición a los elementos o a fieras salvajes, la parrilla y la lenta destrucción de pechos y genitales, especialmente de las mujeres.

Vamos, un encanto.