Buscador de Castillos

martes, 7 de enero de 2014

Leyendas de La Torre del Oro

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas medievales.

Leyendas de La Torre del Oro

La Torre del Oro

Hoy viajamos a Sevilla. Al año 1220.

El gobernador arabe  Àbu l-Ulà ha mandado construir La Torre de oro.

Forma parte de la muralla que protege la ciudad de Sevilla junto con
La torre de La plata.

Entre las dos torres protegen el Alcazar.

Para su construcción se ha utilizado una mezcla de cal, paja prensada y azulejos que la han revestido.

Como consecuencia, ha ciertas horas del día, el río refleja extrañas luces que la hacen relucir como si fuera de oro.

Es una torre albarrana situada en el margen izquierdo del río Guadalquivir, en la ciudad de Sevilla.

La llamaron Torre del Oro desde la época almohade.

Se cuenta que el rey Pedro I guardó en la torre tesoros de oro y plata.

Dada la proximidad de la torre al Muelle de la Aduana durante la conquista de América es habitual decir que se llamaba así porque en ella se almacenaba el oro de América.

El oro, claro está, era procesado en la Casa de la Moneda, a varios metros de allí.

Otra leyenda cuenta, que en los tiempos en que los monarcas cristianos batallaban contra el último reino árabe establecido en Granada, le viene a la torre del Oro una leyenda plagada de amoríos, infidelidades y traiciones.

Cuentan que hubo un tiempo en que el monumento no fue despacho mercantil, sino un delicado serrallo para jóvenes y bellas amantes.

Parece que fue el Rey Pedro I el Cruel quien se sirvió de la torre del Oro para cobijar a las damas a las que cortejaba. 

Una leyenda nos relata que en aquellas luminosas dependencias vivía doña Aldonza, una joven de belleza irrefrenable y ojos penetrantes que recibía a la caída de la noche al monarca.

Aseguran que el Rey no marchaba a palacio hasta bien entrado el amanecer.

En sus estancias de los Reales Alcázares, situado junto a la Giralda y el popular barrio de Santa Cruz, aguardaba paciente doña María de Padilla, que era conocedora de las infidelidades de su esposo.

La amistad que Pedro I mantuvo con Muhammad V, el Rey de la Alhambra, estableció lazos que iban más allá de los acuerdos militares y económicos. Aseguran que ambos intercambiaron amantes como los que intercambian regalos, posesiones o los incautos destinos de sus súbditos.

Otra leyenda de la famosa torre Sevillana, conserva el recuerdo de sus airosas formas morunas, como las de la sultana que aguardaba una cita amorosa en la ribera del Guadalquivir.

Toma el nombre de Oro porque de ese color eran los cabellos de la bellísima dama, a quien el rey Don Pedro tuvo encerrada en la torre, aprovechando la ocasión de que el marido de la dama se encontraba guerreando con sus soldados.

La mujer de cabellos de oro, por guardarse de las tentaciones del mundo, se había encerrado en un convento aguardando la vuelta del esposo para dejar la clausura.

Pedro I, el Cruel

Sucedió que el rey, para el cual no había clausura en los conventos, vio un día a la señora de la cabellera de oro, cuyas trenzas, por lo abundantes, no podía ocultar en la toca monjil, y se enamoró de ella.

Era una mujer muy casta, y se consideró perdida porque Don Pedro era un hombre que lo que quería hacía, y valiéndose de la fuerza que le daba ser el rey, la sacó del convento encerrándola en la torre.

La dama no pensó jamás en quitarse la vida, pero sí en sacrificar su hermosura.

Lo primero que hizo fue cortarse la espléndida cabellera de aquel oro tan codiciado por el rey, y después pensó en arrojarse a la cara un frasco de vitriolo.

La hermosa estaba tan bien custodiada en la torre, que le fue imposible adquirir el vitriolo, y como se valiera de una mujer que estaba a su cuidado para conseguirlo, ésta, en lugar de proporcionárselo, se lo contó todo al rey Don Pedro.

El monarca se puso furioso al conocer las horribles resoluciones de su prisionera.

Abusó de la pobre dama indefensa, devolviéndola luego al convento.

Pero ella no esperó el regreso de su esposo, si no la muerte, que no tardó en llegar, siendo más humana y piadosa que Don Pedro.

Su esposo no llegó a verla ni viva ni muerta.

Agravado y ansioso de venganza, fue a reunirse con "El Bastardo", un hermano de Don Pedro, cuando los dos hermanos estaban enzarzados en una guerra de exterminio.

El fin de Don Pedro fue desastroso.

Podéis leerlo en La leyenda del castillo de la Estrella.