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miércoles, 28 de mayo de 2014

El Templario de Segovia

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El Templario de Segovia


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Cuenta la leyenda, que hacia 1307, antes del desastre que amenazaba a la Orden del Temple, el senescal Hugo de Marignac, era el mas alto cargo de la orden del Temple , y el encargado de custodiar los tesoros y riquezas de la Orden.


Se cuenta que el fabuloso tesoro de los templarios fue escondido por la orden en los montes de Segovia, cerca del Convento Templario de Casarás, en un lugar secreto que solo unos pocos conocían, y permanentemente vigilado por Hugo de Marignac.


El problema llegó cuando Hugo de Marignac se enamoró perdidamente de una
de una joven condesa.
Era dama de la reina de Castilla y vivía en el cercano Palacio de Valsaín.






Por desgracia, la joven dama no se había dado ni cuenta de los sentimientos del templario.

Desesperado por ser correspondido por la bella dama,
D. Hugo de Marignac acudió a un monje nigromante, de muy mala fama,
que ejercía su siniestro oficio en la Cueva del Monje.



Alcanzaron un trato: el monje lograría que la dama se rindiera enamorada de él,
y a cambio, él le desvelaría el lugar donde estaba el tesoro escondido.

El brujo con sus conjuros hizo que el vapor de su caldero formase la imagen de la deseada joven.



Luego pidió al caballero templario que atravesase con su espada el costado de aquella aparición para herirla de amor.

Terminado el rito, el brujo exigió el pago pero Hugo se lo negó.

Entonces el nigromante trazó unos extraños signos sobre el caldero y declaró:

 "Por incumplir tu palabra, el mismo tajo que has dado a la evocación de tu amada la ha traspasado en persona.  Ya estará muerta..."

Ciego de ira, Hugo descargó su espada sobre el brujo y lo decapitó de un solo tajo.

Corrió con su caballo hasta Valsaín, donde comprobó que su amada estaba muerta.

Enloquecido, cabalgó días y días errante por los pinares de Valsaín, espantando con sus gritos a hombres y animales.

Hugo de Marignac no tardó en morir de hambre, frío y desesperación, pero su fantasma quedó maldito y condenado a vagar eternamente por los alrededores del Convento de Casarás, para proteger tras su muerte el tesoro de los templarios.


  Contaban los lugareños que a veces aparecen pisadas del caballo del templario Hugo de Marignac alrededor de las ruinas del convento.