Buscador de Castillos

domingo, 29 de junio de 2014

El castillo de Olite y el Ajedrez Mágico

Leyendas Españolas. Leyendas de castillos Medievales. Castillos Encantados. Viajar por la Historia.

El castillo de Olite.


El Palacio de los Reyes de Navarra de Olite o Palacio Real o Castillo de Olite es una construcción de carácter cortesano y militar construido durantes los siglos XIII y XIV en la localidad de Olite. 

Fue una de las sedes de la Corte del Reino de Navarra a partir del reinado de Carlos III "El Noble".

Fue Carlos III "El Noble" quien en el siglo XV comenzó la ampliación del anterior castillo, dando lugar al Palacio de los Reyes de Navarra. 
Se trata de una construcción de carácter cortesano.


Uno de sus principales encantos es el aparente desorden de su diseño, debido a las continuas obras de ampliación y reforma que se sucedieron durante siglos, sobre todo entre finales del siglo XIV y principios del XV. 

Carlos III "El Noble", decidió convertir el palacio existente en sede real permanente.

El conjunto está formado por estancias, jardines y fosos, rodeados por las altas murallas rematadas por numerosas torres.

En su época, llegó a ser considerado como uno de los más bellos de Europa.
En él se diferencian dos recintos: el Palacio Viejo, convertido en Parador Nacional de Turismo, y el Palacio Nuevo. 

Tras la invasión de Navarra en 1512 por parte de la Corona de Castilla y la de Aragón unificadas, comenzó el deterioro del palacio, y mas tarde en 1813, se incendió, en la Guerra de la Independencia Española.


El estado actual del edificio es fruto de una gran restauración en 1923.
A día de hoy se sigue restaurando , ya que se trata de recuperar la estructura original del palacio.

El castillo está inspirado en el estilo gótico francés, con algunas características catalano-mallorquinas e inglesas. 
Fué legido la 1ª maravilla de las 7 maravillas medievales de España.


Durante el reinado de Sancho III comenzó a construirse el castillo defensivo en Olite. 

El interior del palacio de Olite estaba decorado con azulejos y techos de madera tallada realizados por carpinteros moriscos.


El Palacio de Olite tenía varias estancias utilizadas para el deleite de los reyes y su corte: leonera, pajarerías, sonerías, baños y salas de juegos.

A Carlos III El Noble le encantaban los animales exóticos por eso tenía un mini zoológico dentro del palacio: leones, avestruces, camellos, una jirafa, caballos…


Era además, un apasionado de los toros y  era habitual que se celebraran corridas de toros junto a la entrada del palacio. 
Los reyes las veían desde la Torre de los Cuatro Vientos.

Los hijos de los reyes tenían su cuarto especial de juegos en la Torre de las Tres Coronas. En la parte alta de ésta, existía un palomar donde se criaban y cuidaban a las palomas mensajeras.

El Palacio de Olite estaba rodeado de campos de cultivo que se extendían hacia el río Cidacos y  que abastecían y alimentaban a toda la corte y al pueblo.


Tras la conquista de Navarra por Fernando el Católico, el Palacio de Olite comenzó su propia decadencia que culminaría con los incendios de las tropas carlistas y de la Guerra de Sucesión.

Una de las curiosidades más bonitas del Palacio de Olite se encuentra en el origen de la tradición del Roscón de Reyes. 
Procede de la época del reinado de los Teobaldos.


Era costumbre que en el día de Reyes se elaboraran numerosos pasteles para los niños más necesitados.

Solamente en uno de ellos había escondido un haba. 
Aquél niño que lo encontrara se convertiría en rey por un día. 
Esta tradición siguió hasta el siglo XV. 
Fue recuperada a principios del siglo XX hasta nuestros días.

Leyenda del ajedrez mágico de Carlomagno


Cuenta la leyenda que, para celebrar su cuarenta aniversario, el emperador Carlomagno organizó una fiesta en la que retó, a un soldado franco, a una partida de ajedrez.

Este hombre tenía fama de ser el mejor jugador de ajedrez del reino, su nombre era Garín.

Para dicha partida, Carlomagno ofreció un ajedrez bellísimo que a todos entusiasmó.


Se lo había regalado el gobernador musulmán de Barcelona, en agradecimiento por una ayuda prestada en batalla.

Esta obra de arte había sido realizada por artesanos árabes.
Era tan grande y pesado que para transportarlo se necesitaban ocho personas que se lo colocaban a los hombros.

Además del tablero, las piezas eran de espectacular belleza y muy valiosas.
Estaban hechas de materiales nobles y decoradas con piedras preciosas como rubíes, diamantes o zafiros.


Como estaban confeccionadas con materiales muy brillantes deslumbraban de una forma misteriosa, a todos los que las contemplaban.

La pieza más grande del ajedrez era el rey que medía 15 centímetros de altura. Era la figura de un hombre con corona subido en un elefante.

La reina iba sentada en una silla decorada con piedras preciosas.

El alfil era un elefante que llevaba una silla con gemas incrustadas que tenían formas muy extrañas.


El caballo era una preciosa representación de este animal de origen árabe. Esbelto y con singular bravura.

La torre estaba representada por un camello que portaba una gran silla en forma de torreón alto.

Y, por último, el peón era un soldado  con unos bonitos ojos hechos con dos piedras preciosas y que llevaba una espada con una bella empuñadura de diamantes.

Dicen que este ajedrez estaba embrujado y tenía poderes mágicos:
Hacía desear la muerte de cualquier persona con tal que se ganara la partida.


Cuentan que, antes de comenzar la partida, Carlomagno habló de una forma muy extraña a todos los asistentes:

-Propongo una apuesta- dijo en pie dirigiéndose a Garín-.
Si tú me ganas en esta partida, te donaré los territorios que poseo desde Aquisgrán hasta los Pirineos.
Además, te concederé la mano de mi hija mayor.

Se organizó un gran revuelo en el patio ya que, de todos era sabido, el amor que profesaba Carlomagno a sus hijas y a su reino.

Comenzaron a escucharse rumores de los más incrédulos que mencionaban que aquel ajedrez estaba embrujado.

-Pero igual te digo Garín, que si pierdes la partida serás degollado aquí al amanecer- sentenció Carlomagno.


La partida comenzó de una forma muy extraña entre murmullos y destellos mágicos.

Los dos contendientes, el emperador y Garín, se estaban comportando de una forma muy extraña.

Parecían como poseídos por el mismísimo diablo. Sus cuerpos temblaban de forma muy visible; las gotas de sudor corrían por sus rostros; sus miradas mostraban puro odio.

 Carlomagno


Carlomagno estaba muy alterado y enfadado, mientras que, a Garín se le notaba enfermizo y desolado.

Cuando llevaban poco más de una hora de juego, de pronto, el semblante de Carlomagno se volvió humano. Las lágrimas surcaron su rostro.


Con una poderosa fuerza interior, se levantó de su silla, cogió el tablero de ajedrez y lo volcó con gran fiereza.

Todas las piezas rodaron por el suelo dejando un halo de misterio allí por donde pasaban…

Cuentan que, Carlomagno, repuesto de esa enfermiza actitud gritó con gran fuerza:

-Los nuestros han comenzado la batalla. ¡Suena con gran poder el olifante de mi sobrino Roldán!- dijo Carlomagno dirigiéndose hacia el capitán del ejército.

Entonces, el emperador, mandó tocar todos sus olifantes para que Roldán supiera que le había oído y acudía en su ayuda.


El ejército de Carlomagno se vistió con cotas de malla, yelmo, y portaba lanzas y espadas. Cabalgaban hacia el paso de los desfiladeros.

Carlomagno iba montado en su caballo, deseoso de venganza.

Mientras iba rogando a Dios que mantuviera vivo a su sobrino Roldán para que pudieran luchar juntos contra los sarracenos…

La Batalla de Roncesvalles