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martes, 22 de julio de 2014

La leyenda de Zayda. Castillo de La Adrada. Avila.

Leyendas Españolas. Leyendas de castillos Medievales. ¿Que pasó aquí?

La leyenda de Zayda

Zayda
Zayda

La leyenda de hoy, es totalmente histórica.
Aunque apenas se conoce debido a oportunos olvidos históricos e intereses religiosos de la época, fue quedando en el olvido.

Sucedió en el año 1063, nació una niña en Sevilla, omeya, la llamaron Zayda.

Era hija de una mujer poetisa, muy bella y culta llamada Rumaykiya, y estaba emparentada con el rey poeta sevillano Al-Mutamid.

Al-Mutamid
Al-Mutamid.

Tuvo una educación envidiable.
Era culta, inteligente y además poseía una belleza increíble.

Su madre la educó en la belleza, la poesía, el canto, la danza y la filosofía.

Convivía con la clase mas alta de la sociedad andalusí y se relacionaba con la élite cultural de la Corte de Sevilla.

A los doce años, Zayda fue prometida al rey castellano Alfonso VI, que era rey emperador de Castilla y León y tenía un gran poder.


Alfonso había oído hablar de las muchas virtudes que adornaban a la princesa, así como de su singular belleza, así que no dudó en aceptarla como futura esposa, ya que no era ningún problema, ella era muy joven todavía y él se encontraba casado con Inés de Aquitania.

Además, Zayda aportaba una espléndida dote en su posible matrimonio con el rey Alfonso VI, como la entrega de grandes y poderosas plazas militares como Cuenca, Alarcón, Uclés, Ocaña, Consuegra y otras menores, que pasarían a manos cristianas.

Pero, este posible casamiento fue muy mal visto dentro del mundo cristiano.

Rápidamente, la orden de Cluny, protestó llamándole la atención a Alfonso, pidiéndole que sólo se casara con princesas cristianas.

Al final, por la gran polémica levantada, Zayda acabó casándose con Abu Nasr Al Fath Al’Ma’mun, rey de Córdoba e hijo del rey sevillano Al-Mutamid.

Zayda vivió entonces una época de incertidumbres y revueltas, de guerras y traiciones. 

Era el final del Califato de Al-Andalus, que comenzó a dividirse en reinos taifas y que significó el declive del poder musulmán en la península Ibérica.

Mientras tanto, Alfonso VI conquistaba Toledo, conmocionando el mundo musulmán de toda la península.

La conquista de Toledo

Asustado por el avance cristiano, el rey Al-Mutamid pidió ayuda al rey de los almorávides africanos, llamado Yusuf
y le envió una carta que decía:

“Él (Alfonso VI) ha venido pidiéndonos púlpitos, minaretes, mihrab y mezquitas para levantar en ellos cruces y que sean regidos por sus monjes…… 
Dios ha concedido reino en premio a vuestra Guerra Santa y a la defensa de Sus derechos, por vuestra labor... 
y ahora contáis con muchos soldados de Dios que, luchando, ganarán la vida en el paraíso”.

Yusuf no tardó en entrar en la península.
Llegó rodeado de fanáticos guerreros musulmanes, sedientos de sangre cristiana,
que le seguían al grito de Guerra Santa.


Pronto se dieron cuenta de la debilidad de sus compatriotas peninsulares, mas entregados a las artes y las letras que a las propias armas.

Viéndose mas fuerte y poderoso, decidieron acabar con todas las taifas musulmanas y volver a unificar Al-Andalus.

Ante la cercanía de las tropas almorávides en Córdoba, y temiéndose lo peor
Al’Ma’mun mandó a Zayda y a toda su familia, custodiados por setenta caballeros, al castillo de Almodóvar del Río que previamente había sido fortificado y abastecido para que pudiera resistir si era atacado y asediado.

Almodobar del Rio
Almodobar del Rio

La ciudad de Córdoba cayó en manos de los almorávides y Al’Ma’mun fue vencido.
Su cabeza fue cortada y colocada en una pica mientras la paseaban por toda la ciudad.

Cuando Zayda se enteró de la caída de Córdoba y temiendo que sucediera lo mismo con la fortaleza de Almodóvar del Río, e incluso con Sevilla, decidió huir  y pedir asilo en la corte toledana de Alfonso VI.

Zayda
Zayda

A fin de cuentas había sido su prometido y su corte era mucho mas segura en aquellos momentos.

Cuando Zayda conoció al rey Alfonso, ella tenía 28 años y estaba en todo su esplendor físico, se la describe como una gentil princesa, doncella de gran hermosura, muy virtuosa, gallarda, discreta, esbelta, de singular belleza, de tez espléndidamente blanca.

Por su parte el rey castellano era bastante mayor que ella, pues tenía 51 años.
Aún así, se le describe como un apuesto guerrero, gallardo y muy ducho en el manejo de las armas.


En aquel momento Don Alfonso llevaba ya tres matrimonios, y estaba casado con una mujer enferma, sin descendencia alguna.

Un sin fin de amantes entraban habitualmente en sus estancias sin despertar en él ningún interés.

La aparición de Zayda sacudió con fuerza la vida del monarca.

Iniciaron una profunda relación amorosa a pesar de que él seguía casado.

El castillo de La Adrada. Avila.

Este castillo se construyó sobre otro más antiguo de origen romano (quizás también sobre un castro celtíbero anterior ) y en donde, según la leyenda el rey Alfonso VI mantuvo un romance con la bellísima princesa Zaida.

Los encuentros entre los dos amantes se realizaban en el castillo de La Adrada.

Castillo de La Adrada
Castillo de La Adrada

Fruto de esta relación tuvieron tres hijos, Sancho Alfonsez, que fue su único hijo y en consecuencia su heredero al trono, Elvira  y Sancha.

 Desde el mismo momento que nació Sancho Alfonsez, el rey lo reconoció como su directo descendiente llamado a gobernar Castilla, León, Galicia con Portugal y el resto de condados.

Zayda se acomodó en la corte castellana, renunciando al islamismo,  y bautizándose en Burgos con el nombre de Isabel.

No solo conservó todas sus costumbres sino que las difundió e introdujo nuevos y frescos aires culturales de la esplendorosa sociedad musulmana.

Se decía de la corte de Alfonso VI, que mas bien parecía una corte musulmana:

«Sabios y literatos muslimes andaban al lado del rey, la moneda se acuñaba en tipos semejantes a los árabes, los cristianos vestían a usanza mora y hasta los clérigos mozárabes de Toledo hablaban familiarmente el árabe y conocían muy poco el latín.

Con el parto de su última hija, Sancha, Zayda murió.

Su muerte provocó un fuerte dolor en Alfonso que se encontraba ya muy mayor.

A la muerte de Zayda se le unirá la muerte de su heredero Sancho en La batalla de Uclés, cuando apenas contaba con doce o trece años.

Dos años después moría el rey Alfonso VI.

Aún así, esta historia levanto mucha indignación en el mundo cristiano de la época.

Se manipuló mucho, ocultándola y destruyendo la imagen de Zayda rebajando su condición de reina a simple concubina.

En toda la cristiandad nunca se admitió que fuese reina de Castilla, como tampoco se reconoció su nombre, Isabel I de Castilla.
Este nombre lo llevaría varios siglos después Isabel la Católica.

La precipitada muerte del príncipe heredero Sancho Alfonsez, fue cuanto menos sospechosa, demasiados enemigos, demasiados intereses en que su desaparición se produjera.

Era hijo del rey cristiano del norte y la princesa mora del sur.

Era la encarnación de la España cristiana y la España musulmana, 
la unión de las dos culturas.

Era algo impensable, para la sociedad de la época de ambas culturas.

Alfonso VI quiso que Zayda descansara en el mismo lugar que había destinado para el mismo, sus reinas e hijos.

Fue sepultada en el Monasterio de San Benito de Sahagún, debajo del coro.
Muchos siglos después, se produjeron varios incendios que acabaron con gran parte del monasterio, de archivos y de restos de la realeza que allí permanecían enterrados.