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lunes, 18 de agosto de 2014

El nacimiento de Castilla. La leyenda de San Esteban de Gormaz. El Vado de Cascajar.

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

El nacimiento de Castilla. 

La leyenda de San Esteban de Gormaz y El Vado de Cascajar.

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Sobre el Castillo de San Esteban de Gormaz

 El castillo de Gormaz es una fortaleza de origen musulmán situada junto al pueblo de Gormaz (Soria, España).
Construido a comienzos del siglo IX, durante el Califato de Córdoba sobre los restos de un anterior castillo de origen cristiano o musulmán.

La construcción comenzó en el lado noroeste del cerro, donde se levantó un pequeño castillo.

El castillo consta de dos partes diferenciadas separadas por un foso.
Al este se encuentra el alcázar, la torre del homenaje, la "torre de Almanzor", el aljibe y los aposentos califales.

En la parte oeste se encuentra una alberca para dar de beber a los animales y una gran explanada donde acampaban las tropas.
Cuenta con una gran puerta que denota su origen islámico, la Puerta Califal.

En la cara oeste de la muralla hay tres estelas, una de origen romano y otra claramente islámica, que se colocaron allí para espantar los malos espíritus.

El castillo de Gormaz se convirtió así en pieza clave de la defensa musulmana contra los reinos cristianos del norte y contribuyó a mantenerlos alejados de Medinaceli.

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Es uno de los míticos castillos de la alta Edad Media.

Defendía el paso del río Duero, unas veces para los musulmanes y otras para los cristianos.

 Este castillo no fue tan importante como el de Gormaz, solo a 30 kilómetros de San Esteban, pero sí sus gentes, que defendían con su vida el puente que cruzaba el río Duero.

El río era una poderosa frontera natural entre tierras musulmanas y cristianas.

Debido a los pocos puentes de este tipo que había sobre el Duero, le llamaban
 la "Puerta de Castilla".

El castillo, hoy en ruinas, está situado en lo alto de un cerro desde donde se domina toda la villa, un extenso territorio y el rio, muy cerca de él.


El castillo es típicamente musulmán, de base alargada y estrecha, aunque posteriormente fue reformado por los cristianos.

En la actualidad sólo queda parte de la gran muralla que tenía.
El resto, se perdió.


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Se elevaba enorme sobre un acantilado vertical y rocoso e imposible de trepar.

En su interior aún se pueden observar restos de estancias y aljibes.

A un lado del castillo, hay un misterioso pozo al que llaman Lairón.



Está excavado en la roca, y hoy en día medio cubierto de zarzas y matorrales, pero en sus buenos tiempos, cuentan que era una pasadizo secreto que se utilizaba para acceder al río en caso de asedio.

De como nació Castilla.


Entre los años 850 a 900 aún no existía Castilla.
Solo era un pequeño territorio, un condado, no muy bien definido, que estaba al norte de la provincia de Burgos.

En aquellos momentos Al-Ándalus dominaba casi todo el territorio de la península.
Solo la zona norte estaba en manos cristianas.


Ordoño I el rey de Asturias, vió necesario reforzar las fronteras frente a los ataques musulmanes para impedir que continuaran avanzando, así que mandó a esta zona a Don Rodrigo de Castilla  (según dicen era su hermano, hijo ilegítimo de su padre el rey Ramiro I de Asturias),
y le nombró primer conde de Castilla , para que defendiera esta zona.



Así nació el Condado de Castilla en el extremo este del Reino Astur.

Al principio Castilla, dependía del reino de León, más tarde se haría independiente, pasando por último a convertirse en un gran reino.

Hasta llegar a este punto fueron muchos los caballeros legendarios que lucharon en estas tierras y uno de los mas famosos que llegó a ser una leyenda y protagonista de muchas historias y gestas de la época fue Fernán González, el primer conde de la casa de Lara.

Gobernó sabiamente y peleó grandes batallas por tierras de Castilla.
Logró su independencia como Condado y estableció la herencia de su gobierno.

Así afianzó las bases para que, años mas tarde, Castilla se independizara y se convirtiera en un gran reino.

Le sucedió su hijo Garci-Fernández, (el de las manos blancas, que enamoraba a las damas), de la casa de Lara.

Un día se presentó en la villa de San Esteban de Gormaz, el rey moro Almanzor , acompañado de un gran ejercito de sarracenos, para cercarla y derrotar a los castellanos cristianos que custodiaban aquellas tierras.

Se libró la famosa batalla del Vado del Cascajar, que dejó ríos de sangre a las orillas del río Duero.

Se cuenta que en este combate lidiaron los siete infantes de Lara, flor de la nobleza castellana.

Pero además se cuenta otra leyenda.

La leyenda de San Esteban de Gormaz y el Vado de Cascajar. 

El Conde Garci Fernández, al enterarse de que Almanzor se dirigía a sus tierras, con un gran ejercito con intenciones de apoderarse de ellas, preparó aviso a todos sus caballeros para presentar batalla al enemigo al día siguiente.

Al amanecer, como era su costumbre, todos los caballeros oyeron misa,  en esta ocasión en el templo de Nuestra Señora del Rivero.



Luego, tras haber encomendado su alma a Dios, salieron con fuerzas renovadas al campo de batalla para combatir a los sarracenos. 

Entre los caballeros del Conde había uno llamado Fernán Antolinez, que tenía por costumbre, después de entrar en un templo, no salir de él hasta oir tres misas.


Fernán Antolinez
Fernán Antolinez


Y en aquella mañana fue el único que, una vez oída la primera misa junto a sus compañeros de armas, permaneció en el templo sin salir a pelear.

Su escudero había quedado en la puerta del templo, esperándole.

Guardaba el caballo de su señor, el escudo y la lanza.

Desde allí podía ver como se iba desarroyándo la batalla.

No podía entender porqué su señor no salía del templo y no se incorporaba a la batalla.

El pobre escudero pensó que tal vez fuese por cobardía y no por fervor religioso.

Pero Dios quiso librar de aquella vergüenza a tan cristiano caballero, obrando un milagro.

Durante la batalla, se vió a un caballero con las mismas señas, armas y divisas que tenía Fernán Antolinez.

El misterioso guerrero luchó con excepcional arrojo y bravura, aventajando a todos los otros caballeros del Conde.

Mató al portaestandarte del rey Almanzor, quitándole la bandera. 

Acabadas las misas del templo, ya había terminado la batalla y los moros habían sido vencidos.


Los caballeros llegaban victoriosos y no cesaban de elogiar la valentía con la que había combatido el caballero. 

Fernán Antolinez al salir de la iglesia, escuchó las entusiastas felicitaciones de sus compañeros de armas por lo bien que había luchado y había contribuido a la victoria, pero creyó que se estaban burlando.

Respondió a la defensiva, que no había obedecido a cobardía el no haber tomado parte en la batalla, sino a la promesa que tenía hecha de no dejar de oír sus tres misas.

Pero en su cuerpo aparecían, así como en su caballo, los mismos magullamientos y heridas con que salió de la lucha el guerrero que lo sustituyó.

Comprendieron todos que se trataba de un milagro y que el Señor había enviado un ángel para que luchase mientras el oraba. 

Dice la leyenda, que por haber acaecido aquel suceso en Pascua florida, le llamaron desde entonces Vivas Pascual, dando ello motivo a la formación del apellido.

Se cuenta que en la iglesia de Nuestra Señora del Ribero, en San Esteban de Gormaz, había un sepulcro metido en la pared con un busto del guerrero con la siguiente inscripción en piedra: 

"Aquí yace Vivas Pascual, el cual oyendo Misa en esta iglesia lidiaban sus armas, y este es así".


La leyenda en las Cantigas de 

Alfonso X, el sabio.


Esta leyenda fue recogida por primera vez por Alfonso X el Sabio en la Cantiga LXIII (1277).

A continuación el texto, en castellano actual:

Quien bien sirve a la Madre del que quiso morir por nosotros nunca puede caer en vergüenza.

De esto quiero contaros un milagro
que hizo Santa María, si Dios me ayuda,
por un caballero al que quiso guardar
de una gran vergüenza en que creyó caer.

Este caballero, por lo que aprendí,
era liberal y valiente, que,
ui allí donde él moraba ui en todo su alrededor,
otro tal no podía hallarse que tuviera tal saber.

y era de buenas costumbres
y nunca quiso tener paz con los moros;
por ende entró en lid en San Esteban de Gormaz,
cuando Almanzor quiso tomarlo,

luchando, al lado del conde don García,
que en aquel tiempo tenía el lugar,
que era buen hombre y de tal corazón
que de los moros se hacía temer.

Este conde fue señor de Castilla
y tuvo gran guerra con el rey Almanzor,
que vino a cercar, todo en derredor,
a San Esteban, creyendo poder tomarlo.

Pero el conde se defendía muy bien,
porque era valeroso y de buen juicio;
por ello no cedía un palmo de lo suyo
sino que iba a acometerlos muy reciamente.

Pues el caballero de que os hablaba,
tanto hizo en armas, a lo que sé,
que no hubo lid ni muy buen torneo
en que no se hiciese tener por bueno.

y le sucedió un día que quiso salir con el conde
la hueste para ir a enfrentarse con los moros;
quiso antes, sin embargo, oír misa,
como cada día solía hacerlo.

Después de que estuvo en la iglesia,
se arrepintió mucho de sus pecados
y oyó la misa de Santa María,
sin que nada faltas, y otras dos que luego se dijeron,
que eran, también, de la Reina espiritual.
Pero un escudero suyo lo trajo a mal traer, diciéndole:
"Quien en tal lid como ésta deja de sal
nunca debe volver a aparecer".

Por cosas que le dijese aquel escudero suyo,
él no les dio atención, pero dijo a Santa María:
"Tuyo soy, sácame de esta vergüenza,
pues tienes poder para hacerlo".
Las misas oídas, luego cabalgó
y en el cantino encontró al conde,
que le echó al cuello el brazo derecho diciendo:
"En buena hora os he conocido.

Que, si no fuese por vos, juro por Dios,
que fuéramos vencidos yo y los míos;
pero tantos matasteis vos de sus moros
que el rey Almanzor hubo de darse por vencido.
y tanto hicisteis por ganar honor,
que jamás caballero alguno hizo otro tanto
ni sufrió de igual modo en armas
como en esta ocasión vos para vencer a los moros.

Pero os ruego, porque lo habéis menester,
que cuidéis de vuestras llagas, señor,
que yo tengo un ungüento de Montpellier
que puede pronto curaros de ellas".

Dijo esto el conde, y luego más de tres
le dijeron estas mismas razones,
y él de todos tomó tal vergüenza,
que, con ella, se creyó perdido.

Pero después que vio sus armas
y reconoció que estaban melladas,
luego reconoció que había sido milagro,
porque bien entendió que de otro modo no podría ser
Y, después que lo hubo comprendido,
estuvo bien seguro de que Santa María
no quiso dejarlo caer en vergüenza,
y fue a entregarle maravedis y otras ofrendas.

Desde entonces, la leyenda ha sido recogida por numerosos autores hasta nuestros días, con notables variantes y adiciones que han ido añadiéndose a la original.