Buscador de Castillos

viernes, 22 de agosto de 2014

La Leyenda de los siete infantes de Lara

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

Después de publicar la última entrada, una cosa me llevó a otra y me tope con esta tremenda historia que conmocionó a toda la sociedad medieval, desencadenando ríos de tinta durante siglos.

Se trata de una terrible leyenda..

La Leyenda de los siete Infantes de Lara. 

El Castillo de Lara

El castillo de Lara, está situado en Lara de los infantes, en Burgos.



Perteneció a la familia Lara, ya mencionada en anteriores entradas, (El Vado de Cascajar), o (El asedio del rey en Atienza).

Fue una familia muy famosa e importante, de gran nombre de la época.

Entre sus miembros hubo un buen número de caballeros legendarios que hicieron historia.

Su primer caballero, Fernán Gonzalez, conde de Castilla, nació en este castillo.

Era un gran caballero justo, noble y valiente, que dominaba la espada y la lanza como nadie.
Solo la mención de su nombre hacía temblar las huestes enemigas.

Arrebató muchas tierras a los musulmanes y ganó muchas batallas, ampliando el territorio de Castilla, ayudando así que pasase de condado a reino.

Gracias a este caballero, años mas tarde Castilla consiguió hacerse un reino independiente.

Las escasas ruinas del castillo que aún se mantienen erguidas, no reflejan la importancia y el esplendor que tuvo el castillo de los Lara en otro tiempo.

Las gestas y hazañas de los habitantes de esta fortaleza han pasado a la historia de la literatura universal de la mano de dos conocidos manuscritos:
el Poema de Fernán González y la Leyenda de los Siete Infantes de Lara.

Hoy os voy a contar

La Leyenda de los siete Infantes de Lara. 


Cuenta la leyenda que el noble Gonzalo Gustioz, descendiente y heredero de la casa de Lara era un valiente caballero, casado con Doña Sancha, con la que tuvo siete hijos.

Vivía la feliz familia en el castillo de Lara, donde el padre, orgulloso, entrenaba en las artes de la guerra a sus siete hijos con profundo empeño, haciendo de ellos grandes caballeros de renombre, a los que todos admiraban por sus azañas y su gran valor en las batallas.

Aunque eran muy jóvenes, 17 años el pequeño y 24 el mayor, todos les admiraban y vitoreaban cuando se presentaban en público, siendo la admiración de las doncellas y los héroes de los pequeños.

Por desgracia, las envidias de otros caballeros tampoco les faltaban.


Sucedió que les invitaron a las bodas de unos familiares, Doña Lambra y Rodrigo Velázquez de Lara, más conocido como Ruy Velázquez, y hermano de Doña Sancha, madre de los infantes.

Les tenían mucha envidia y resentimiento.

Durante la gran fiesta que se celebró por los esponsales, tanto Doña. Lambra como Don Ruy Velazquez no cesaron de mandar provocaciones a los jóvenes infantes.

Desagravios y provocaciones, eran lanzados por bufones y caballeros con especial disimulo, hacia los jóvenes infantes, que avisados por sus mayores, mantenían su temple firme.

Por desgracia, el mas joven de los infantes, Gonzalo, no pudiendo controlar su orgullo, estalló en ira, aceptando el reto de uno de los caballeros en las justas que se estaban celebrando.

Luchó con nobleza y salió ganador pero el otro resultó muerto.
Doña Lambra estalló en rabia, así que mandó a su bufón a que le tirara entre risas, una vejiga de cerdo llena de sangre.

Los infantes de Lara, al ver el desaire hecho a su hermano, sin pensárselo dos veces se lanzaron contra el bufón que quedó muerto de un sablazo cuando corría a refugiarse tras su señora.

Doña Lambra quedó pasmada a la vez que salpicado de sangre todo su vestido.

Estalló entonces una gran pelea que solo los mayores con la ayuda del arzobispo y del mismo conde pudieron al fin acallar.

Terminaron las celebraciones de las bodas, ahora secas y tirantes y cada cual se fue para su casa.

Pero la semilla del odio ya había nacido.
Don Ruy Velazquez maquinó entonces su terrible venganza.

Con engaños y falsedades engañó al padre de los infantes para que le llevara a Almanzor una carta, escrita en árabe para que no pudiera entender, pidiéndole ayuda por los gastos que había tenido con las bodas y que le saldara una deuda que le debía.

Don Gonzalo Gustioz, que después de lo sucedido en las celebraciones quería evitar males mayores, no puso ningún impedimento y marchó hacia Córdoba.

Pero la carta no era tal, sino que le pedía a Almanzor que le cortara la cabeza a su emisario y que él le llevaría a sus siete caballeros, muy peligrosos para los musulmanes, hacia una emboscada, para que también acabara con ellos. 
Le prometió a cambio las tierras y posesiones que estos poseían.

Cuanto D. Gonzalo llegó tierras cordobesas, fue a ver a Almanzor.
Almanzor quedó contrariado y le preguntó si sabía lo que decía la carta.
Cuando D. Gonzalo lo negó, Almanzor vio a un noble caballero traicionado, así que no quiso acabar con él.

Le encarceló en una celda, y le encomendó a su propia hermana, que se encargara de su cuidado.

Mientras el cínico Ruy Velazquez continuaba su engaño.

Les contó a los infantes que había recibido aviso de  unas tierras suyas amenazadas por los moros y si querían acompañarlo.

Les contó que eran tierras fáciles de defender y les prometió recompensarlos por su ayuda. 

Los siete infantes confiados salieron gustosos a ayudar a su tío, sin pensar si quiera que iban directos a caer en una trampa mortal donde resultarían todos muertos.

Su tío había preparado un ejercito inmenso, enviado por el propio Almanzor para acabar con los mejores caballeros de Castilla.

Luego les cortaron la cabeza y las mandaron a Córdoba.

Almanzor ajeno a todas estas artimañas, le preguntó a Don Gonzalo Gustioz si sabría reconocer los nombres de los caballeros muertos.

El padre al ver la escena, cayó en convulsiones perdiendo el sentido y a poco la vida.

Almanzor  entonces comprendió el engaño y la traición que se había cometido contra aquel pobre caballero, cuya mirada turbia revelaba la nobleza de su alma.

Sintiendo mucha lastima de él, le devolvió la libertad, mandándolo para Castilla para que enterrara a sus hijos.

Contemplaba le escena la hermana de Almanzor, Zahira, conmocionada por los acontecimientos que allí habían sucedido, apartó al desgraciado caballero a un lugar aparte y le comunicó su embarazo, preguntándole que debía hacer con el hijo que esperaba.

Don Gonzalo, con la mente medio perdida, cogió su anillo entonces y lo partió por la mitad, dándole una mitad a Zahira, le dijo que, si fuera varón y llegase a crecer, se lo mandara para que pudiera reunirse con él y así lo reconocería.

Con el paso del tiempo, nació Mudarra, querido y cuidado por todos en la corte.

Como un sobrino de Almanzor que era, fue educado por los mejores maestros y entrenado por los guerreros mas diestros.

Aún así, en la corte de Almanzor, Mudarra no era mas que un mestizo sin padre, querido sí, pero sin derecho alguno.

Llegado el momento, y al cumplir los 18 años, Mudarra quiso reunirse con su padre y viajar a Castilla.

Le pidió a su madre su anillo y se preparó para viajar.

Almanzor, al saber de su marcha, ordenó que le preparan una escolta de jóvenes guerreros y algunos regalos y presentes.

Así partió el joven Mudarra a tierras desconocidas para encontrarse con su padre.

Cuentan que al llegar al Castillo de Lara, el joven Mudarra lo encontró desolado y empobrecido, su padre, que fuera un guerrero formidable en otro tiempo ahora no era mas que un pobre viejo, deshecho, y ciego de tanto llorar.

Cuando el joven Mudarra se acercó y le dijo que era su hijo, tendiéndole la mitad del anillo, se produjo un milagro.

El anillo se unió como por arte de magia, quedando en perfecto estado y el pobre y viejo caballero recuperó la vista milagrosamente, viendo el rostro familiar y reconociendo de inmediato a su hijo.

Se abrazaron padre e hijo llorando y no volvieron a separarse.
Dicen que Mudarra vengó a sus siete hermanos matando a su tío Don Ruy Velazquez y quemando a Doña Lambra.

Restituyó los bienes y las tierras que le habían quitado a su padre y se convirtió en un caballero legendario, protagonista de muchas canciones de la época.

Y aquí os dejo unos enlaces:
Este es para descargar y está en prosa de  "El moro Expósito", Mudarra, es del Duque de Rivas,

y este es para leer "Los siete infantes de Lara"


Dicen que los cadáveres de los siete infantes de Lara, fueron llevados a Castilla y depositados en unos sepulcros pétreos que se ubicaron en el pórtico meridional del monasterio de San Millán de la Cogolla de Suso.



De este modo, el monasterio fue también conocido como panteón de los siete héroes castellanos.


A cazar va don Rodrigo
y aun don Rodrigo de Lara
con la gran siesta que hace,
arrimándose ha a un haya,
maldicen a Mudarrillo,
hijo de la renegada,
que si a las manos le hubiese,
que le sacaría el alma.
El señor estando en esto,
Mudarrillo que asomaba:

- Dios te salve, caballero,
debajo la verde haya.

- Así haga a ti, escudero,
buena sea tu llegada.

- Dígasme tú el caballero
¿cómo era la tu gracia?

- A mí dicen don Rodrigo
y aun don Rodrigo de Lara,
cuñado de Gonzalo Bustos,
hermano de doña Sancha;
por sobrinos me los hube
los siete infantes de Salas.
Espero aquí a Mudarrillo,
hijo de la renegada;
si delante lo tuviese,
yo le sacaría el alma.

- Si a ti dicen don Rodrigo,
y aun don Rodrigo de Lara,
a mí Mudarra González,
hijo de la renegada,
de Gonzalo Gustos hijo,
y alnado de doña Sancha;
por hermanos me los hube
los siete hermanos de Salas;
tú los vendiste, traidor,
en el val del Arabiana;
mas si Dios a mí me ayuda,
aquí dejarás el alma.

- Espéreme, don Gonzalo,
iré a tomar las mis armas.

- El espera que tú diste
a los infantes de Lara:
aquí morirás, traidor,
enemigo de doña Sancha.

[Anónimo]