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lunes, 4 de agosto de 2014

La Alcazaba de Almería. La leyenda del Mirador de la Odalisca

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

La Alcazaba de Almería. 


Sobre Almería




Almería ha sido una zona habitada desde el origen de la civilización.
Tiene una historia tan larga que se pierde en el tiempo.

El Indalo de Almería


Su símbolo es el Indalo de Almería, un dibujo prehistórico que simboliza una arquero y que fue encontrado en La Cueva de los Letreros.

Durante siglos se creyó que era el símbolo de buena suerte y lo convirtieron en un tótem.
Lo pintaban a la entrada de las casas para protegerlas de las tormentas y el mal de ojo.
Algunos decían que era un hombre ancestral sosteniendo un arcoiris y que representaba  un pacto entre el hombre y los dioses para evitar diluvios e inundaciones.
Otros en cambio, solo veían un hombre cazando.


Como véis Almería siempre ha estado marcada por la presencia de distintas civilizaciones. Fenicios , romanos y arabes dejaron aquí las huellas de sus culturas.

En la Edad de cobre,  surge la primera “ciudad” importante: el poblado de los Millares, con más de mil habitantes.

Un asentamiento increíblemente grande para aquella época y con una cultura basada en el cobre. Era un importante poblado, amurallado y con diferentes clases sociales, que se situó a orillas del río Andarax.

Como consecuencia estuvo en contacto con las civilizaciones de todo el Mediterráneo.

Mas tarde, con la llegada de los musulmanes a la península, se formó  un pequeño asentamiento costero, un pequeño puerto en lo que hoy es el pueblo de Pechina situado en la desembocadura del río Andarax.


Visitar Almeria.

La Alcazaba de Almería



En el siglo IX, construyeron una torre vigía,  para controlar la intensa actividad comercial del puerto, que se iba haciendo cada vez mas importante.

Abderramán III decidió proteger el poblado primitivo de la ciudad, incluyendo la Medina que se había formado alrededor de la atalaya, edificando una muralla de defensa para protegerla de ataques enemigos.

Acababa de nacer Al Mariyyat Bayyana, la que luego sería Almería.


Así se edificó la Alcazaba, creando una ciudadela construida en varios niveles.

La ciudad dentro de la Alcazaba tenía calles, casas particulares y una gran  mezquita  protegido con grandes muros y torres de defensa.

Al Mariyya, significa en árabe “espejo del mar”, o “torre vigía”.



Se contaban que tenían dispuesto en la Alcazaba un impresionante juego de espejos con los que se comunicaban por medio de señales tanto hacia el mar como hacia tierra adentro.

Después de Córdoba, se convirtió en la ciudad más influyente, grandiosa y próspera de la península y una de las más ricas, ya que era el centro comercial más importantes de Al-Andalus.


Allí atracaba casi toda la flota musulmana de la península.
Era el puerto mas importante del califato de Córdoba y contaba con mas de 300 naves en sus aguas.

A partir de entonces han sido muchos los gobernantes de reinaron en esta importante ciudad.

Como Almanzor,  Al-Mansur ("el victorioso"), que fue uno de los más grandes guerreros de la Edad Media, el Cid Campeador musulmán, cuya valía militar y sus ansias de poder provocó la primera crisis en el poder califal.





De él se cuenta:

Una noche, en un jardín cordobés junto al Guadalquivir, un grupo de estudiantes cenaba y bromeaba. 

Uno de ellos propuso a sus compañeros que le solicitasen los cargos que deseasen ocupar en el gobierno, que él prometía otorgarlos cuando fuera primer ministro y dueño del poder. 


Siguiendo la broma, le pidió cada uno cuanto se le antojó y el presunto jefe se lo iba concediendo a cada cual. 

Un estudiante no quiso seguir la broma sino que le injurió y le desafió a que le sentenciara a un suplicio espantoso. 

Pasaron los años y se cumplió al pie de la letra la escena de aquella reunión nocturna, incluso la condena del estudiante que se le mostrara hostil.

Quien sintió tan pronto la vocación de mando y gobierno era un muchacho pobre y desconocido llamado Mohamed ben-Abi-Amir, que haría famoso y universal su sobrenombre de Almanzor.

Almanzor, puso al frente de la ciudad a su fiel guerrero Jairán , en agradecimiento por sus buenos servicios.
Le ayudó en varias batallas, demostrándole su lealtad y su increible talento para las luchas y batallas.

Acabó siendo su más fiel servidor y confidente, aunque Jairán en su juventud había sido un esclavo capturado y castrado por los judíos de Lucena.


Jairán sobrevivió a una gran batalla que estalló en las puertas de Córdoba y que acabó en una tremenda guerra civil.

El califato de Córdoba, comenzaba a dividirse.
Jairán pudo escapar del campo de batalla solo porque le tomaron por muerto.

Consiguió ponerse a salvo y recuperarse. 
Tras reunir  a un gran número de caballeros, marchó hacia Almería,  se apoderó de la ciudad, y la independizó de Córdoba, convirtiéndola en uno de los Reinos de Taifas más florecientes de Al-Andalus.


De él se escribían poemas y durante su reinado, Almería alcanzó un gran esplendor.

Kasida en loor de Jairán 

"La claridad de la luna
da tristeza a las montañas.
Ellas son brilllante espejo
que refleja hoy a mi alma
al ver señor que te alejas
de mi hermosa y rica patria,
para, el sol brillante,
ocultarte en tus murallas.
Como la aurora sonroja
de montes cimas y faldas,
así, señor, tus destellos
han alumbrado a Bedjana.
Como sí el magno poder,
que en vos Aláh colocara,
quisiera que el mundo entero
a tu vista propagara;
los árboles pro el viento
humillan su cerviz alta,
y las flores del naranjo
perfumar tu rica estancia.



Cuando oras en la mezquita,
el vuelo las aves alzan
y van a llevar a Aláh
los ecos de tus plegarias.
El avestruz se pasea
Entre limoneros y hayas
Orgulloso, porque sabe
Que tu presencia le ampara.
Y los corceles bravíos
las peores cimas saltan,
porque tus guerreros sienten
el empuje de tu alma.
Desde que estás, las mujeres
se esconden avergonzadas,
porque la luz de tus ojos
toda la belleza apaga.
Y cuando sales radiante
como el sol en la alborada,
salen más ciertas las flechas,
tomas más brillo la espada,
y alcanza más resistencia
el manejo de las lanzas.
Cuando te alejes, señor,
Recuerda a esta pobre esclava,
que supo cantar tus glorias
y el brillo de tus hazaña."

Aunque Jairán fue un gran rey respetado y recordado en todo el reino de Almería, el rey que mas brilló por su gran bondad , cultura, sensibilidad y su gran afición por las artes y la belleza fue Almotacín.

De él sabemos que se construyó un precioso palacio dentro de la Alcazaba, se rodeó de poetas, artístas y sabios de la época y que hasta él mismo escribía poesías.

Palacio de Almotacín

POEMA AL VALLE DE ALMERIA



¡Valle de Almería! ¿Nunca Dios consienta
que jamás me vea privado de ti!

Cuando te contemplo, vibro como vibra
una espada indiana que se ve blandir.

Y tú, amigo mío, que en su paraíso
vives a mi lado, goza la ocasión;
que hay aquí delicias inimaginables,
que ni en los edenes eternales son.

Y bebe, entretanto que enseña a la brisa
su amoroso arrullo paloma gentil;

su canto yo tengo por más placentero
que el de los cantores Mábed y Garid.-

¿No ves cómo el río se emociona? Suena
risueño el aplauso de su murmurar
bajo de las ramas, que lánguidamente
sobre la corriente meciéndose están,
como danzaderas que se balancean
y a quienes las flores sirven de collar.


Mira cómo dejan del agua en las láminas
de sus ramos luengos las mangas caer
para levantarlas luego consteladas
de brillantes perlas, que esparcen doquier.

En blancas escamas el céfiro blando
divaga arrugando del raudal el haz,
que lanza destellos de limas o sables
o los que de plata las corazas dan.


Del palacio de Almotacín existe una hermosa leyenda

La leyenda del Mirador de la Odalisca

La oscuridad de la noche cae sobre Al-Mariyyāt Bayyāna, 
mientras el cielo se tiñe azul oscuro, profundo, intenso, 
apenas iluminado por el blanco radiante de la luna llena. 

La ciudad empieza adormecerse acunada entre el ruido de los grillos y la suave brisa marina que mitiga la calurosa noche de verano. 


Apenas unas luces de la Almería mora quedan encendidas provocando con sus reflejos juegos de sombras en los muros de Alcazaba. 

Desde las almenas se aprecia entrecortado el murmullo de las gentes de la Hoya, el rasgado y más profundo cante flamenco que escala piedra a piedra al segundo recinto, donde una sombra taciturna, la sombra del espíritu de un destacado rey taifa el último de la Al-Andalus antes del fuerza ascendente del poder almorávide, un Rey Poeta.


Se mueve lentamente entre el fluir del agua de la fuente de la alberca y los aromas a flores, y especies, a jazmín, a albahaca, a vainilla, a canela, a menta. 


Entre las ruinas de lo que un día fue su palacio, mira a la ventana, y su mente viaja al pasado que le tortura y hiere el alma, escuchándose su lamento en la ciudad. 





Las lágrimas inundan sus ojos y resbalan por sus demacradas mejillas, horadando en recorrido algo más que la piel.

 Desea huir, mirar al puerto, rememorar el pasado y glorioso esplendor pero una fuerza indescriptible le obliga a mirar a la ventana, le atrae hacia ella, conmocionado, roto en sufrimiento. 

En sus ojos se lee una historia de amor y dolor cuando su memoria le trae a Galiana, la Odalisca, la favorita de su harem, el brillo de sus ojos del sur que traspasaban la piel y se clavaban en el corazón, el fuego que desprendía, la sensualidad que la envolvía, sus largos cabellos morenos que acariciaba con un peine de plata, no era una noche de pasión en la alcoba del rey lo que hacía arder su sangre, hacerle palpitar su interior, y derramar lágrimas incesantes, sino un corazón consternado por el dolor y henchido por el amor.


La odalisca, sentada en alfeizar de esa misma ventana, suspiraba embriagada del amor de un joven esclavo cristiano, que todas las noches desde su mazmorra celebraba la hermosura de la joven mora iluminada por la una, a la que alguna vez había visto pasar frente a la pequeña ventana por la que vislumbraba un trocito de cielo. 

Al- Mutasin entristecía, su preferida no compartía el lecho con él desde hacía varias noches, ni las sedas, ni el latir de las cuerdas del laúd, ni los manjares de que disponía la atraía a su lado.


La Odalisca atendía otra llamada, la del cautivo, en cuya melodía la envolvía y cautivaba, y la hacía acudir todas las noches a recostarse abrazada contra su pecho, mientras con romances él le declaraba su amor. 

Pero como todas las historias de amor, al menos las más bellas, acabó en tragedia. 

A los oídos del rey llegó en conocimiento que no era el quien despertaba los deseos de su favorita. 

La odalisca intentó ayudar a su amado escapar anudando sedas que deslizó por la ventana, pero descubierto, el prisionero, antes que soportar un nuevo cautiverio, prefirió arrojarse al vacío, cayendo muerto al barranco, mientras la Odalisca, contemplaba la escena rota y paralizada de dolor, con los ojos clavados en el cuerpo inerte. 


Lloró desconsoladamente días tras día, desde el ocaso hasta el alba, muriendo de pena.

Cuentan, que desde entonces, las lágrimas de la Odalisca riegan las huertas de Almería.