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jueves, 18 de septiembre de 2014

La leyenda del Castillo de Artieda, Navarra

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

La leyenda del castillo de Artieda, Navarra

Esta leyenda sucedió hace mucho tiempo en Navarra, concretamente en los Bosques de Irati, en los Pirineos.


Existió un rey llamado Teobaldo I, conocido por todos como "El Trovador" por su gran afición a la poesía.

Estaba muy unido a los templarios, él mismo se hizo templario y con ellos realizó grandes campañas en Palestina.

Durante una de sus ausencias de la corte para hacer una de estas campañas sucedió.. 
En el castillo de Artieda, vivía el conde Nuño.

Contaba de toda la confianza del rey y en sus ausencias, quedaba al cuidado del reino.

El conde Nuño tenía dos hijas, Blanca y Berta.
Eran gemelas idénticas, lo único que las diferenciaba era el color de su pelo.

El de Blanca era muy rubio, casi blanco y el de Berta muy oscuro, casi negro, pero las dos eran hermosísimas, muy virtuosas y admiradas en la corte.

Un día, llegó hasta la corte un trovador.
Secretamente enamorado de Berta, le compuso una cantiga, aunque manteniéndose en un seguro anonimato por miedo a ser rechazado.

En una calurosa noche de verano, en la que había fiestas en el castillo de Artieda, se decidió a cantarla.



La canción del trovador,  no era otra cosa que una declaración de amor a Berta, aunque no mencionaba su nombre.
Berta muy turbada y complacida, se retiró sin mostrar ningún sentimiento, a lo que el trovador lo interpretó como un rechazo.

Muy dolido y triste, el trovador se marchó de la corte, decidiendo hacerse ermitaño y retirarse de la vida cortesana.

Se adentró en los bosque navarros hasta que llegó al monte Muskilda.
Allí encontró una pequeña ermita que guardaba la talla de una Virgen, y como por fin notó algo de consuelo, decidió quedarse allí.

Se decía que la ermita era templaria, así que el joven trovador pasó a convertirse en templario ermitaño y custodio de la Virgen.

Muchos eran los peregrinos que se acercaban a venerar  la pequeña ermita, pues en ella estaba La Virgen de Muskilda, a la que todos veneraban por su milagrosa aparición bajo un roble, (pero esta es otra leyenda de la que hablaremos otro día).

El trovador comenzó a ayudar a estos peregrinos que llegaban maltrechos o heridos del viaje, procurándoles algo de alivio.

Comenzó a conocer todas las plantas del lugar y a estudiar sus propiedades. Ocupó todo su tiempo, en el estudio de los remedios naturales para poder ayudar y sanar a los que allí se acercaban.


Pronto se hizo un gran sanador y gran experto en las plantas medicinales que por allí abundaban.


Su fama de sanador caritativo creció con rapidez, y pronto comenzaron a llegar hasta la pequeña ermita, gentes de los lugares mas apartados buscando remedios y ayudas para sus males.


Mientras tanto, llegaba al castillo de Artieda una tropa de caballeros que iba camino de Palestina.

Los del castillo les organizaron un gran homenaje con grandes banquetes, bailes y cacerías para agasajar a los valientes caballeros que partían a Tierras Santas.

Las celebraciones duraron varias semanas.

Y sucedió que la hija de Don Nuño, Blanca, conoció a uno de estos caballeros, quien al verla quedó muy enamorado de ella.

Comenzaron a andar juntos, en los bailes y banquetes que se estaban celebrando en el castillo entero.

Así comenzó entre ellos una secreta relación muy pura y casta en la que acabaron jurándose amor eterno.


Al poco tiempo, el caballero partió para Palestina.

No acababa de pasar un año de su partida cuando llegó la noticia de la muerte del caballero.

Blanca tuvo que llorarlo en silencio y en secreto y tristemente volvió a su vida sencilla y virtuosa.

También volvió el rey Teobaldo, muy enfermo y abatido de las cruzadas.

Se moría.
Médicos y curanderos intentaban sanarle inútilmente.

Todos sus remedios resultaban inútiles, y el monarca cada día estaba peor.
Toda la corte desesperaba llegando a llamar a sanadores e incluso brujas, pero nada daba resultado.

Alguien recordó al ermitaño curandero de la ermita de Muskilda, ahora convertido en monje templario, y decidieron avisarle.

Cuando el ermitaño templario examinó al rey, comprobó que estaba en las puertas de la muerte.

Comunicó a todos que el rey necesitaba un remedio urgentemente.

Necesitaba un preparado de hierbas especiales, pero era indispensable conseguir el cuerno de un unicornio, sin el cual, el preparado no tendría ningún efecto.

Los unicornios vivían en lo mas profundo del bosque de Irati, donde según las antiguas creencias habitaban los trasgos y las xanas.

Eran muy difíciles de encontrar pues solo se dejaban ver por doncellas puras y virginales ante las que se mostraban como dóciles corderitos, dejándose atrapar sin oponer resistencia.

En el nacimiento de su cuerno tenían una piedra con poderes mágicos conocida como carbunclo.

Les pidieron a las doncellas del castillo de Artieda que les ayudaran a cazar 
al bello animal y a salvar a su rey.

Las doncellas no podían negarse pues para todos eran las mas puras del reino.

Pero Blanca ya le había entregado su corazón al caballero fallecido en Palestina, así que Berta se ofreció, conociendo el secreto de su hermana, se presentó voluntaria.

Al llegar a la entrada del tenebroso bosque, salió el trovador de entre la espesura, muy desmejorado y envejecido, para explicarle lo que debía hacer.

Aquella cara le resultó muy familiar a Berta, pero no lo reconoció  tras sus hábitos de monje templario y su larga barba.

Cuando el animal se le acercara, debía pasarle por el cuello su cinturón, y así traerlo hasta ellos.

Berta se adentro en el tupido bosque, caminando despacio y llena de temor.
En un claro del bosque encontró al unicornio.


Era mas grande de lo que ella esperaba, de un blanco purísimo bajo los rayos de sol que se filtraban entre las ramas.

El unicornio se volvió y la vio, tenía los ojos de un azul intenso, y al verlo Berta recordó los ojos de su trovador, del que se había enamorado en secreto años atrás.

Supo que no era pura de corazón y que el unicornio la mataría.
Retrocedió despacio y volvió donde aguardaba la comitiva extrañada con la actitud de la doncella.

Le contó nerviosa sus temores a su hermana.

Pero no podían deshonrar a su padre y que se sospechara de su impureza.

Así que Blanca pidió hablar con el monje ermitaño.

Le hizo la confesión de su falta, le contó que su caballero yacía muerto en los campos de Palestina y poco le importaba a ella morir también antes que la casaran con otro.

El ermitaño templario la escuchaba.

Al final la consoló diciéndole que si entregaba su vida por la de su rey, a buen seguro que Dios la llevaría ante su caballero.

Todo quedó dispuesto nuevamente y Blanca marchó hacia el interior del bosque.

 El unicornio al verla se precipitó a envestirla con fiereza.

Los arqueros esperaban preparados para capturar al animal, y aunque fueron muy rápidos en lanzar sus flechas, el unicornio atravesó el corazón de Blanca con su cuerno.

Blanca cayó muerta al lado del fabuloso animal.
Tristemente consiguieron el  codiciado cuerno y su piedra mágica.

En seguida el ermitaño preparó la cura, y a los pocos días, el rey sobrevivía y se restablecía completamente.

A Blanca la enterraron en el cementerio templario de Muskilda, bajo la sombra de la Virgen.

Quisieron recompensar al monje ermitaño con riquezas y poderes, pero él solo pidió el cuerno del unicornio y la piedra Carbunclo, para seguir curando a otras gentes.

Berta ingresó como monja del temple y fundó un hospital cerca de la ermita, dedicando su vida a ayudar a los peregrinos que hasta allí llegaban.

La ermita de la Virgen de Muskilda adquirió mucha fama, y se convirtió en una parada obligada del Camino de Santiago, siendo hoy una de las rutas mas antiguas del camino.