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jueves, 11 de septiembre de 2014

La leyenda del Castillo de Rochafrida

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?



La leyenda del Castillo de Rochafrida

Castillo de Rochafrida
Castillo de Rochafrida

Muy cerca de las lagunas de Ruidera, al este de la localidad de Beteta, en la provincia de Cuenca, existen las ruinas de un castillo del que hay mucho que contar.

Hoy de él solo quedan unas ruinas que se pierden entre la maleza y el paisaje.
Rodeado de encinas y rocas llenas de musgos, se sitúa este castillo, muy cerca de las lagunas.

Cerca del castillo existe una cueva al lado de una de las lagunas, a la que llaman La cueva de Montesinos.

De ella ya habla Cervantes en El Quijote, y según la leyenda, allí yace enterrado el caballero Durandarte.

Volvía el caballero muy malherido de una tremenda batalla.
Le ayudaba su fiel amigo el caballero Montesinos.

Lo único que le daba fuerzas para continuar su desafortunada marcha era poder volver al lado de su amada Dña. Belerma, a quien había estado cortejando durante siete años antes de conseguir su amor.

Pero la vida se le escapaba, y viendo que las fuerzas le abandonaban le pidió a su amigo Montesinos un último juramento.

Le pidió que le dejara allí, en aquella cueva, pero que le llevara a Belerma su corazón, como símbolo de su amor eterno.
lagunas de Ruidera
lagunas de Ruidera

Así murió Durandarte.
Su amigo, el caballero Montesinos, después de llorarle largamente, le enterró en aquella cueva con ayuda de una daga, aunque antes cumplió su promesa de sacarle el corazón para llevarselo a su amada.

Cuando Belerma le vió llegar solo, un terrible presentimiento se apoderó de ella.
Y cuando el caballero Montesinos le dió el corazón de Durandarte, se arrodillo en el suelo llorando desconsolada, levantando el puño al cielo, pidiendo justicia y maldiciendo la perdida de su amado.

Después de aquel suceso, la fama del caballero Montesinos creció y se convirtió en un gran heroe de leyenda.
Sus proezas y valentía en las batallas, pasaban de boca en boca y los juglares cantaban sus hazañas por los pueblos.

Cuenta un antiguo romance, que el castillo de Rochafrida, era en su época, un hermosísimo castillo.
Estaba situado sobre una roca cercana a una fuente a la que llamaban Frida.
(De ahí su nombre, Rochafrida).

Se decía que la base de este castillo era de oro y sus almenas de plata, y entre ellas había un zafiro tan grande que alumbraba en las noches mas oscuras.

Allí vivía una doncella que se llamaba Rosaflorida.
Tan lozana y bella era, que la pretendían siete condes y tres duques.

Pero Rosaflorida no sentía ningún interés en ninguno.

A todos les parecía extraña la falta de interés de la dama en conocer a  ningún pretendiente.

Hasta que una noche, en la que todos dormían, Rosaflorida estalló en sollozos.

Un sirviente que la oyó llorar en su alcoba con fuertes lamentos, entró corriendo para preguntar que era lo que le pasaba.

A lo que la bella Rosaflorida le confesó fuera de sí, que se había enamorado perdidamente del caballero Montesinos y aún sin conocerlo, aunque fuera solo de oidas, era a él al que quería como esposo.

Le tendió una carta que había escrito, y le mandó a buscar al valiente Montesinos.

En la carta le ofrecía hasta los siete de los mejores castillos que hubiera en Castilla, ofreciéndose ella misma, por ser una de las damas mas bellas de Castilla.

En la carta le confesaba el gran amor que le tenía, y que si eligiera a otra como esposa, aunque fuera su propia hermana, antes de ver semejante acción, preferiría quemarla y verla arder en una pira.

Mucho impresionó aquel suceso en estas tierras, ya que después se hicieron poesías y versos que narraban aquel extraño episodio y la obsesión de la doncella Rosaflorida.

 ROMANCE DE ROSAFLORIDA




En Castilla está un castillo,   
que se llama Rocafrida;
al castillo llaman Roca,   
y a la fonte llaman Frida.

El pie tenía de oro   
y almenas de plata fina;
entre almena y almena   
está una piedra zafira;
tanto relumbra de noche   
como el sol a mediodía.

Dentro estaba una doncella   
que llaman Rosaflorida;
siete condes la demandan,   
tres duques de Lombardía;
a todos les desdeñaba,   
tanta es su lozanía.

Enamoróse de Montesinos  de oídas, 
que no de vista.
Una noche estando así,   
gritos da Rosaflorida;
oyérala un camarero,   
que en su cámara dormía.

"¿Qu'es aquesto, mi señora?   
¿Qu'es esto, Rosaflorida?
O tenedes mal de amores,   
o estáis loca sandía".

"Ni yo tengo mal de amores,   
ni estoy loca sandía,
mas llevásesme estas cartas   
a Francia la bien guarnida;
diéseslas a Montesinos,   
la cosa que yo más quería";

"dile que me venga a ver   
para la Pascua Florida;
darle he siete castillos   
los mejores que hay en Castilla";

"y si de mí más quisiere   
yo mucho más le daría:
darle he yo este mi cuerpo,   
el más lindo que hay en Castilla,
si no es el de mi hermana,   
que de fuego sea ardida".