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domingo, 4 de enero de 2015

La leyenda del Castillo de Chaumont y El Espejo Mágico

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?


La leyenda del Castillo de Chaumont

y El Espejo Mágico

El Castillo de Chaumont y el Espejo Mágico
El Castillo de Chaumont y el Espejo Mágico

El castillo de Chaumont es un castillo francés en Chaumont-sur-Loire, Francia.

Se encuentra entre Blois y Amboise.

Fue el antiguo castillo del Conde de Blois, que lo construyó en el siglo X como fortaleza, para proteger Blois de los continuos ataques de sus rivales feudales, los condes de Anjou.

En su nombre Norman Gelduin lo recibió, lo mejoró y lo mantuvo como el suyo.

Luego se lo dejo en herencia a su sobrina nieta Denise de Fougère, que al casarse con Sulpice d'Amboise, el castillo pasó a la familia Amboise durante cinco siglos.

El castillo fue quemado en 1465 con las órdenes de Luis XI de Francia y fue reconstruido nuevamente por Charles I d'Amboise en 1465-1475 y luego fue terminado por su hijo, Charles II d'Amboise de Chaumont desde 1498–1510, con ayuda de su tío, Georges d'Amboise.

Catalina de Médici, obligó a Diana de Poitiers, la amante de su esposo fallecido, a cambiar el Château de Chenonceau, que le había regalado Enrique II, por el Château de Chaumont.

 leyenda del Castillo de Chaumont y El Espejo
 La leyenda del Castillo de Chaumont y El Espejo


Diana de Poitiers sólo vivió en el Castillo de Chaumont por un corto periodo de tiempo, ya que Catalina lo convirtió en su residencia, y allí sucedió la..

Leyenda del Espejo Mágico

Era el año 1559.
El rey Enrique II acababa de morir.
Un terrible accidente en las justas de un torneo, habían acabado con su vida.

Su hijo , Francisco II, de solo quince años, era ahora el rey de Francia.

Su madre Catalina de Medici, paseaba nerviosa por la sala.
Se había convertido, de la noche a la mañana, en la mujer mas poderosa de Francia.


Su hijo Francisco, era un niño débil y delicado, al que debía dirigir con mano de hierro.

Esto no suponía ningún problema para Catalina, pues su hijo era un chico obediente que atendía rápidamente todas las sugerencias que su madre le decía.

El problema era Francia.
Sus conocimientos sobre magia, venenos y brujería no eran suficientes para controlar los crecientes problemas religiosos que sufría el país entero.


Catalina hizo llamar a los mas célebres astrólogos, como Nostradamus y Cosimo Ruggieri, para que la ayudaran a vislumbrar el futuro.

Así, sin duda, podría ayudar a Francisco.
No podía confiar en nadie. Las traiciones de palacio estaban a la orden del día, y las revueltas por las calles eran continuas.

Si pudiera conocer su destino y el de su hijo, sin duda sería de gran ayuda.

Cosimo Ruggieri, era de su total confianza.
Había viajado con ella desde Florencia y poco a poco, se había hecho indispensable en su vida.

Cuando por fin entró el astrónomo en la sala, Catalina, acercándose rápidamente le dijo:

"Tengo que tomar importantes decisiones que afectarán al país entero.
Necesito vuestras visiones del futuro para no cometer ningún error del que luego tuviera que arrepentirme.
-¿Podríais decirme, amigo mío, lo que me espera?"

A lo que el viejo astrónomo le contestó:

-"Dejadme unos días, Señora, y os mostraré lo que os depara el futuro..."

Fue así como Ruggieri, se encerró en una alta torre del castillo, pidiendo no ser molestado por nadie.

Tres veces al día, los criados subían una bandeja con comida que colocaban ante su puerta.

Y Ruggieri se entregó a misteriosas tareas.



Pasaron los días y el astrónomo no salía de su torre.
Catalina perdiendo la paciencia, subió un día hasta su puerta y llama varias veces:

"Para cuando será".-preguntó
Una voz lejana y profunda le contestó desde el interior.
"Cuando la luna sea llena, mi señora"

A lo que Catalina enfadada bajó rápidamente las escaleras y se encerró en su habitación hecha una furia.

Al fin llegó la luna llena.
Catalina estaba impaciente.
Subió rápidamente hasta la torre del castillo y golpeó la puerta:

-¿Para cuando?
Ésta vez el astrólogo abrió la puerta:
-Para esta noche, Majestad.

Hizo entonces pasar a la reina en una estancia que había convertido en un magnífico laboratorio de alquimia.

Un gran fuego ardía en la gran chimenea, y varios candelabros iluminan la estancia.

La reina miraba perpleja a su alrededor, todo estaba lleno de los aparatos y materiales más raros que jamas hubiera visto.
Alambiques, morteros llenos de extrañas hierbas, calderas burbujeantes, un astrolabio, y un sin fin de libros apilados por todas partes.



-"Mirad hacia allí".- dice Ruggieri, y le señala un inmenso espejo que cubre toda una pared.
-Es aquí, Señora, donde el futuro se os aparecerá.

Catalina de Médicis estaba bastante familiarizada con los métodos de adivinación utilizados en la época, pero nunca había asistido a una sesión adivinatoria ante un espejo.

Ruggieri hizo sentar a Catalina en un gran sillón colocado frente al espejo.

Dibujó extraños signos y símbolos en las paredes y sobre el suelo, un enorme circulo con figuras cabalísticas.

Después, en cada punto cardinal, colocó un cráneo, una tibia, una lámpara de aceite y un gato dormido en un extraño sueño hipnótico.

-Sentaos, Señora, relajaos y mirad.

De pronto el espejo se empañó, y comenzaron a formarse extrañas figuras en él.

Al principio apenas se distinguía nada pero pronto Catalina reconoció la figura de su hijo Francisco II.
Llevaba su corona y su cetro, una capa de terciopelo rojo forrada de armiño y adornada con flores de lis.
Parecía triste.
Al momento, la figura salió del espejo, dio una vuelta por la pared de la sala y desapareció.

Volvió a aparecer otra figura. Catalina no la podía ver bien, hasta que poco a poco pudo distinguir a su segundo hijo, Carlos. Pero aparecía mayor. 

También llevaba su corona y su manto real y como antes, salió del espejo, dio varias vueltas a la sala y desapareció. 

Catalina contó hasta 14 vueltas, cuando comenzaba su 15 vuelta, se paró en seco. Su cara formo una mueca de horror y con sus manos intentó tapársela , rechazando algo invisible que le aterraba.

Entonces desapareció.

Catalina preguntó:

-Explicadme, ¿qué significan esas vueltas?

A lo que el adivino le dijo:

-Cada vuelta representa un año de reinado.

 Al momento volvió a surgir una nueva figura en el espejo.
Catalina reconoció en seguida a su tercer hijo, Enrique.

Apareció como adulto. Con un aspecto que a Catalina le resultó de lo mas chocante, iba empolvado hasta el pelo, su cara estaba maquillada, sus gestos eran amanerados y estaba cubierto de joyas que lucían hasta en los lóbulos de sus orejas.

Dio 14 vueltas por la sala y se paró en seco para inclinarse ante un cuerpo tendido en el suelo. Después al comenzar otra vuelta, se llevó las manos al estomago con un grotesco gesto de dolor. Entonces desapareció.

Catalina no podía respirar bien, ni siquiera podía articular palabra.
Esperaba entonces ver aparecer a su pequeño hijo de cinco años, Francisco-Hércules, pero en vez de este, apareció un hombre de mirada inteligente, nariz aguileña y barba muy bien cortada. Llevaba un sombreo adornado con plumas blancas que pronto cambia por la corona, el cetro y el manto de armiño.

Catalina no puede creer lo que veía. Ese no era su hijo.
Mirando intensamente la figura, llena de espanto reconoció al fin al jovencísimo príncipe de Navarra, de tan solo 6 años, Enrique de Borbon, conocido después como Enrique IV de Francia.

Catalina no podía seguir soportando aquello, levantándose de un salto del sillón, veía como esta nueva imagen comenzaba a dar vueltas por la habitación, hasta mas de 20 vueltas.
Todo le daba vueltas, comprendiendo que su hijo pequeño no reinaría jamás, salió de la sala tambaleándose, un intenso frió la hacía temblar violentamente.

Lentamente bajó tanteando las escaleras, las lágrimas no la dejaban ver.
Cuando llegó a su habitación permaneció encerrada y llorando toda la noche.

Tenía motivos para llorar, pues al año siguiente su hijo Francisco moriría.

Le sucedió su hermano Carlos IX, que tenía tan solo 9 años.
Reinó 14 años. Durante su reinado sucedió  la terrible Matanza de San Bartolomé, cuyos fantasmas le persiguieron hasta el día de su muerte.

Después subió al trono su hermano Enrique III, que reinó quince años hasta que un monje le clavó un puñal en el vientre, asesinándolo.

Su hijo pequeño Francisco Hércules, duque de Alençon, ya había muerto, así que la casa Valois se había extinguido.

Enrique de Borbón, rey de Navarra, se convirtió en el rey Enrique IV de Francia.
Reinó durante mas de 20 años.
Fue apodado Enrique el Grande y fue considerado como uno de los mejores monarcas que gobernó en Francia.

Relato tomado de:  “Historias Mágicas de la Historia”, de Louis Pauwels y Guy Breton (1977)