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miércoles, 4 de febrero de 2015

La leyenda de la Ciudadela de Saint-Michel

Leyendas de Castillos Españoles. Leyendas Medievales. ¿Que pasó aquí?

Sobre el Monte Saint-Michel

Monte Saint-Michel

El Monte Saint-Michel es una enorme roca de granito que se eleva sobre una gran explanada arenosa, en medio de una enorme bahía.

Durante casi dos meses al año, se convierte en una isla en ciertos momentos en los que las grandes mareas del equinoccio la aíslan por completo.

Situado entre la Normandía verde y la Bretaña granítica, es una de las regiones más bonitas de Francia.

Sobre esta extraordinaria roca, se construyó la ciudadela del Monte Saint Michel, una fortaleza que por seguridad, se amuralló y se rodeó por una impresionante muralla.
Una ciudadela medieval amurallada, una fortificación natural aislada en medio de una enorme bahía, soportando el vaivén de las mareas mas grandes de Europa. 


Organizada con empinadas calles formadas en su totalidad de casas y edificios medievales, el monte se va recorriendo en forma circular.
En la cima, la abadía corona la ciudadela con la Iglesia, la Abadía románica y la Abadía Mervell.

En los siglos XIV y XV, se hizo necesario proteger la abadía con construcciones militares defensivas con espesas murallas, torres y bastiones.

Durante la Guerra de los Cien años, se enfrentaron el Reino de Inglaterra contra el Reino de Francia.

En el Monte Saint Michel, se reunieron ciento diez caballeros.
  Su coraje, sus fuertes defensas y la complicidad de las mareas permitieron resistir a un sitio de más de 30 años.

Junto a Roma y Santiago de Compostela, Saint-Michel ha sido uno de los lugares de peregrinaje del Occidente medieval. 

Durante casi mil años, las gentes venían por los caminos llamados “camino del paraíso” para buscar ante el arcángel San Miguel, la salvación de sus almas y seguridad en la eternidad.

En 1472, el rey Louis XI convierte el Mont Saint-Michel en una terrible prisión de la que no se pudiera huir, "La Bastilla de los Mares".


El lugar ha tenido numerosas transformaciones.
Ricardo I decidió fundar la abadía en 966.
Una comunidad de benedictinos se instala a petición del duque de Normandía.
La construcción de la iglesia prerromana se alza antes del año 1000.
El Mont-Saint-Michel da cuerpo poco a poco a un pueblecito y los monjes impulsan la construcción de la abadía románica en el siglo XI.
La obra durará sesenta años.

En 1874, el Mont Saint-Michel es declarado Monumento histórico artístico por el Estado, lo que marca su renovación.

En 1888, la célebre Mère Poulard crea su albergue en el corazón de la ciudad medieval, lo que hace que se extienda la buena reputación en gastronomía del Mont Saint-Michel por el mundo.

A finales del siglo XIX, el Mont Saint-Michel será unido al continente por un dique-carretera, que lo hace más accesible abriéndose al turismo.
Durante los años siguientes se convierte en el primer lugar turísitico cultural francés.

En 1969  regresó  la comunidad benedictina que habían sido echados durante la Revolución francesa, y con ellos, el renacimiento espiritual del
Monte Saint-Michel.

La leyenda de la Ciudadela de Saint-Michel


La leyenda de la ciudadela de Saint-Michel

Cuenta la leyenda, que allá por el siglo VIII, surgió de las aguas un demonio con forma de dragón marino.

Habitaba entre las costas de Normandía y Bretaña.
Era enorme y tenía mucha fuerza, además le seguían una legión de seres malignos procedentes de las profundidades del océano.

Atacaban sin descanso las costas maltratando a todos los habitantes de aquellas tierras.

En aquella zona existía un monte muy sagrado para los antiguos druidas, un monte al que solo se podía acceder cuando la marea estaba baja porque quedaba aislado del continente cuando subían las aguas.

Allí estaba el último vestigio de los antiguos celtas, aquel monte se llamaba entonces "El Monte Belenos", dedicado al sol, a su dios celta.

Allí en los alrededores de aquel monte, el dragón y sus demonios encontraron el lugar ideal para dar rienda suelta a todas las calamidades y tragedias que se les antojaban.

Desde el cielo, Dios se dió cuenta de los terribles sucesos que estaban sucediendo en la bahía del monte Belenos.

Eran acontecimientos despiadados e injustos, así que ordenó al Arcangel San Miguel, capitán de todos sus ejércitos, que descendieran a la tierra, al frente de las huestes celestiales y acabaran con aquel ejército de demonios.

Entonces sucedió una de las mayores batallas de todos los tiempos.
El bien y el mal se enfrentaron en una reñida batalla que duró varios días.
El cielo y la tierra temblaban y se estremecían, rayos y centellas tronaban por todas partes.
El signo de los vencedores cambiaba continuamente, hasta que el mismo San Miguel, con increíble destreza, cortó de un solo tajo, la cabeza del malvado dragón con la espada.

Entonces, la levantó, alzándola en señal de victoria.

Cuenta la leyenda que la gran batalla fue presenciada por algunos hombres.
Uno de ellos era el Obispo de Avranches, llamado Aubert.

En el año 708, Aubert de Avranches comenzó a tener pesadillas y sueños relacionados con la terrible batalla.

El arcángel San Miguel, se le aparecía en estos sueños, y le pedía que en lo alto del Monte Belenos, también conocido como el Monte Tombe o Tumba, construyera un oratorio sin tardanza, para que quedara constancia de la victoria del bien sobre el mal que además quedaría con ello alejado para siempre.


Aubert, pensó que solo era un sueño e ignoró por dos veces lo que San Miguel le pedía.

Una noche, mientras dormía, se le apareció el Arcangel San Miguel, y le colocó un dedo sobre su frente, dejandole la marca de la cruz en su cabeza para siempre.

Detalle de la Reliquia del craneo de Aubert de Avranches

Así fue como Aubert de Avranches, se convenció de que debía llevar a cabo aquella obra, con rapidez y además debía de ser una réplica del santuario del Santo Angel en el Monte Gargano, de Italia.

Comenzaron las construcciones  y ordenó a varios frailes de su congregación que además buscasen las reliquias de San Miguel, en Italia.

En el año 709, el monte ya había sido santificado con el oratorio y las reliquias, y así lo rebautizó, en honor a San Miguel, como mont Saint-Michel.

Con el paso del tiempo, el pequeño oratorio se convirtió en una grandiosa abadía benedictina con albergues para cobijar a los peregrinos que allí llegaban. 

Una abadía que pasó por fortificación defensiva y carcel, en diferentes momentos de la historia.
Un castillo rocoso que se alza entre brumas y mareas.


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