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lunes, 15 de junio de 2015

La leyenda de la Lanza Sagrada y el Palacio Imperial de Hofburg

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El Palacio Imperial de Hofburg


Es el palacio más grande de la ciudad de Viena.
Fue la residencia de la mayor parte de la realeza austriaca.

Actualmente la residencia del presidente de la República austriaca.

Es uno de los lugares turísticos más visitados de Austria.

El palacio alberga el museo de Sissi y los salones imperiales.

Está situado en la parte antigua de la ciudad, en el primer distrito, a orillas del Danubio.


Los soberanos que han ocupado el palacio, sede del poder durante seis siglos, han querido, en su mayoría, dejar su huella.
Del gótico al romanticismo, de moda en el siglo XIX, todos los estilos están representados en la docena de edificios que lo componen.



En estos edificios se encuentran los antiguos salones imperiales, museos, una iglesia, la Biblioteca nacional austriaca, la Escuela de equitación española y los despachos del presidente de la República.




Hoy tiene abiertos al público: Las estancias que habitaba Francisco José I en 1857 con la emperatriz Elisabeth (Sissi) , y las del zar Alejandro I durante el Congreso de Viena.


La Schatzkammer (Cámara del Tesoro) es el nombre que reciben 21 salas ocupadas por los tesoros, tanto sagrados como seculares, amasados por los Habsburgo a través de los siglos.


 Estos tesoros son tanto seglares como eclesiásticos y de tal variedad, que hay que ir viéndolos por separado.

 La Espada Imperial, El Toison de oro, El Tesoro borgoñón, El cuenco de ágata que creían que era El Santo Grial, o el diente gigante que confundieron con el cuerno de un unicornio, además de las joyas de la corona Austriaca o la esmeralda mas grande del mundo.

Hoy hablamos de..

La leyenda de La Lanza Sagrada 

"La Lanza de Longinos"





La Santa Lanza o “Lanza Longinos” fue el arma que atravesó a Cristo una vez hubo fallecido en la Cruz. 
Muchas leyendas nacieron a partir de entonces con esta lanza, asegurando que quién la poseyera tendría el poder de levantar imperios. 
Aunque algo así despertaría los apetitos de muchos conquistadores, también albergaba una maldición, augurando que aquel que perdiese la lanza encontraría una muerte segura.


El primer personaje importante en poseer la Lanza Longinos fue el Emperador Constantino de Roma, que sostuvo la pieza como talismán en la Batalla del Puente Milvio justo en el momento en que se apareció la cruz cristiana sobre el cielo, obligando su líder a pintarla en los escudos de sus tropas antes de la inminente victoria.



A continuación el caudillo franco Carlos Martel portó la Santa Lanza en la Batalla de Poiteirs en el año 732, donde los cristianos consiguieron uno de sus primeros triunfos militares contra los invasores musulmanes.

Carlomagno se hizo con el objeto en el siglo IX, llevando consigo la lanza a lo largo de 47 campañas y triunfando en todas ellas victoriosamente; pero como decía la leyenda, tras perder la lanza al dejarla caer accidentalmente en Aix-la-Chapelle, murió en el año 814.

 La Santa Lanza esta vez pasó a Heinrich el Cazador o Enrique el Pajarero, fundador de la Casa de Sajonia; reliquia que perteneció durante cinco generaciones a dicha família hasta llegar a los Hohenstauffen de Suabia.




Federico Barbarroja se apropió entonces de la Lanza de Longinos que le proporcionó la victoria en la conquista de Italia y en la abdicación del Papa, algo que le facilitó el formar un gran imperio; sin embargo cometió el mismo error que Carlomagno, pues la lanza se le cayó en 1190 mientras vadeaba el Río Cidno en Asia Menor, participando en la Cruzada de Los Reyes, perdiendo la vida allí mismo al perecer ahogado.



Un joven pintor llamado Adolf Hitler, vendedor de postales que vagabundeaba por Viena, se fijó por primera vez en la Lanza Longinos en 1909 durante una visita al el Museo Hofburg.
La lanza pertenecía en aquellos momentos a la Casa de los Habsburgo, es decir, la monarquía de Austria liderada por Francisco José I. 

Desde entonces y muy frecuentemente el joven Adolf Hitler empezó a visitar el museo, quedándose horas embelesado mirando aquella lanza.

El sueño de Hitler de poseer la lanza se hizo realidad cuando en 1938 el Tercer Reich se anexionó Austria.

Entonces el Führer ordenó trasladar la Lanza Longinos a Alemania.

La Santa Laza fue colocada en el Museo de la Guerra de Nuremberg, aunque poco después se la instaló en la Cripta de Santa Calina, lugar tradicional de las batallas clásicas protagonizadas por los Maestros Cantores de Nuremberg en la Edad Media.

La Lanza Longinos fue puesta bajo custodia de un grupo selecto de hombres armados de las SS . Únicamente la entrada a la Cripta de Santa Catalina estaba permitida a la Sociedad Thule, un grupo ocultista, racista que se incorporó al Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores.

Sin dudarlo Hitler inició el uso de la lanza para formar su imperio en la Segunda Guerra Mundial. 
Alemania invadió Francia, Polonia, Checoslovaquia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Grecia, Yugoslavia, Ucrania, Letonia, Lituania, Estonia, Luxemburgo, Bielorrúsia, Egipto y Rusia Occidental, entre otros. 

 El 13 de Octubre de 1944 aviones norteamericanos bombardearon la ciudad de Nuremberg, destruyendo una bomba parte de la cripta donde se hallaba la Lanza Longinos. 

Hitler ordenó trasladar la lanza , pero los soldados alemanes confundieron la espada de San Mauricio con la Santa Lanza, por lo cual la reliquia no fue evacuada.

Mientras tanto el III Ejército de Estados Unidos al mando del general George Patton había rodeado la ciudad de Nuremberg, conquistándola los americanos el 20 de Abril.
La Compañía C del 3º Regimiento liderada por el teniente William Horn se le encargó la sagrada misión, por orden de Patton, de encontrar la Lanza Longinos en Nuremberg.


El 30 de Abril de 1945, el teniente Horn entró en la Cripta de Santa Catalina y encontró la Lanza Longinos en un lecho de terciopelo rojo. 
Asombrosamente el mismo día de la pérdida de la lanza, Adolf Hitler se suicidó en su búnker de Berlín ante el cerco de las tropas soviéticas, cumpliéndose de ese modo la profecía.

Cuando el general Patton se hizo con la Lanza Longinos,  salió a luz el conocimiento de la bomba atómica que daría el poder total a los Estados Unidos, volviéndose de nuevo la leyenda en realidad a favor de los norteamericanos. 

Precisamente aquel año se lanzaron las bombas atómicas en Japón sobre Hiroshima y Nagasaki que dieron la victoria absoluta en la Segunda Guerra Mundial a Estados Unidos.

Al comenzar la postguerra, la Austria independizada pidió al nuevo gobierno provisional de Alemania el retorno de la Lanza Longinos, pero los alemanes se negaron.

Dwith Eisenhower, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación en Europa, zanjó la cuestión obligando a Alemania a devolver la Santa Lanza a sus antiguos dueños.

Con la incorporación de la Lanza Longinos de nuevo al Museo Hofburg de Viena, Patton se quedó sin poder disfrutar más de la sagrada reliquia, muriendo poco después en un accidente de coche. Aquella fue la última vez que se cumplió la maldición oscura de la lanza que atravesó a Cristo.

Décadas después de la Segunda Guerra Mundial, la Lanza Longinos se quedó en el Museo Hofburg de Viena en el mismo sitio donde Hitler la vió de joven por primera vez, estando a la espera de ser su poder utilizado para cobrarse la siguiente víctima.