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domingo, 30 de agosto de 2015

El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El Castillo de San Miguel y 

El Tesoro de la Mora Encantada


El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada

Lo que queda de este pequeño castillo se encuentran en el que fue el despoblado  "Fuente el Pez", un antiguo poblado que estaba junto al río Valparaíso, próximo al río de Las Lagunas.

Se sabe lo que pasó en Fuente del Pez por unos escritos de Don Rafael de Rivas de 1787, en los que comentaba:

 El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada


"también hay una ermita advocacicón a San Miguel Arcangel maltratada y 

ultrajada en el año 1706 por el exercito del archiduque Carlos en los días 12, 13 y 14 del mes de septiembre en cuyos días hizo mansión el referido exercito en este término; los utrages que padecio dho. santuario fueron que después de haver quemado las puertas, y techumbres de la ermita; cortaron la caveza a la Imagen 
del sto. Arcangel, orejas y narices, rodaron con ella, como si fuera una bola."


El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada

En Palomares, 

“en el año de 1706 por los días doze, treze y catorze de septiembre estubo acampado el exercito del señor archiduque en el término y jurisdicción de la dicha villa de Palomares que se componía en gran parte de ingleses, y olandeses, por desgracia de dicha villa la saquearon en los dichos tres días llevándose granos y alaxas y ropas y quanto hubo en dicha villa quemando diferentes cassas como hicieron a la de mi parte, desnudando quantos encontravan asta con los eclesiásticos, y de el dicho sasqueo no se reservo la iglesia [...], llevándose cinco mil y doscientos y tantas cabezas de ganado, cient treinta y nueve cavallerías 
de menor y venite y tes de mayor y quince reses de vacuno [...], maltratando de obra y de palabra a todos los vecinos [...] y al terzer día que fue quando levantaron el campo pasando todo el exercito por esta villa pegaron fuego a veinte y una casas de las quales se asolaron las zinco y las demás quedaron quasi in avitables”.

El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada


Desde las ruinas del viejo castillo se divisa el pueblo de  Torrejoncillo del Rey, situado muy cerca, en los límites de la Sierra, la Alcarria y la Mancha Conquense.

«Torrejoncillo» diminutivo de torre, del Rey: antes llamado «de Huete», se llamó «del Rey» al ser villa real.

Las atalayas o pequeñas torres de vigilancia a cuyos pies surgían aldeas fundadas durante la repoblación medieval, motivaban topónimos alusivos a tales circunstancias como La Atalaya, Talayuelas, Torrecilla, La Torreta, Castejón, etc.

Así se llamó Torrejoncillo al asentamiento en este lugar de los cristianos repobladores del alfoz optense y por referencia a una pequeña torrecilla cuyos vestigios desaparecieron con el transcurso de los siglos.

El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada

Antiguamente, se le conocía como Torrejoncillo de Huete, después le cambiaron su segundo apelativo por el del Rey cuando pasó a ser villa independiente con jurisdicción propia en 1537.


El Tesoro de la Mora encantada



 La Mora Encantada

El cerro de "La mora Encantada" se halla muy cerca del pueblo, apenas un kilómetro al noroeste, al lado del antiguo camino que lleva al río Valparaiso.
Se trata de una pequeña elevación conocida como el Cerro de la Mora Encantada.

Se llama así, porque según una antigua leyenda popular, en la madrugada de San Juan (24 de junio) y en tiempos ya remotos, solía aparecerse una joven princesa mora de excepcional belleza, que peinaba su larga cabellera sobre el cerro, y cuando alguien la sorprendía, desaparecía como por encanto.

Pero se creía que señalaba el lugar de un antiquísimo tesoro escondido, y si se escavaba en ese mismo lugar, se encontraría un ataúd blanco lleno de monedas de oro.

Desde tiempos inmemoriales, el pequeño cerro siempre fue conocido con el nombre de "La Mora Encantada" , por antiguas historias que los mas mayores contaban sobre las extrañas apariciones de la misteriosa mujer paseando por el cerro.


El Romance de la Mora



Hay un romance que cuenta las desdichas de una mora,que prendada de un cristiano vaga con su corazón en pena.
Un amor que es imposible y que al hechizo condena y que la tradición aún narra y que los viejos recuerdan.
Yo os lo presento y la cedo para el que leer lo quiera,pues se aprende de la letra,
que lo escrito, escrito queda.                   
                                   
Allá por el siglo XII
en estas sufridas tierras,
vivía la media luna
con la cruz y con la estrella:

Judíos, cristianos, moros,
todos cabían en ella,
y a la sombra del castillo
andaban por sus plazuelas,

bebían la misma agua,
hablaban la misma lengua,
cada uno, de los otros,
respetaba sus creencias.

Sucedió entonces que un joven,
cristiano para más señas,
cruzó su mirada leve
con una hermosa agarena.

Un chispazo se produce,
Cupido lanza sus flechas,
y los dos, enamorados,
sólo en abrazarse piensan.

Cuando se enteran los padres
de la agraciada doncella
ponen el grito en el cielo
para que Alá les proteja,

no permita que un cristiano
ponga sus ojos en ella,
que antes que verla con él
preferirán verla muerta.

La encierran bajo tres llaves
por ver si cambia de idea
pero el amor la consume
y languidece de pena.

Desesperado el cristiano
vaga por las callejuelas.
Todo Uclés oye su llanto,
pero nadie le consuela.

Una noche muy oscura
por las callejas desiertas
dos sombras salen del pueblo
con gran sigilo y cautela:

Son las de la joven mora
y una siniestra hechicera
a quien los padres han dicho
que su hija desaparezca.

La Puerta del Agua cruzan,
se dirigen a la cueva,
río arriba del Bedija,
junto a su margen izquierda.

Ya está allí la desdichada,
conjuros hace la vieja,
la mora desaparece,
por siempre encantada queda.

Sólo una vez cada año
saldrá de la oscura cueva
y entonces será posible
que ojos humanos la vean.

Rumores de viento y agua
con sus lamentos se mezclan.
Llora por su amor perdido,
llora como alma en pena.

A la orilla del camino,
sentada sobre una piedra,
con peines de oro y marfil
sus negros cabellos peina.

¿Espera volverlo a ver?
Eterna será su espera,
que hace siglos que murió
luchando en lejanas tierras.

Si algún caminante pasa
y quiere escuchar sus penas
le regala un peine de oro
haciéndole esta advertencia:

“Secreto debes guardar
de lo que te doy en prenda;
si no guardas el secreto
que el peine desaparezca”

Esta es la causa y no otra
de que peines no se vean,
que guardados los tendrá
quien guardar secretos sepa.

Ucleseños y foráneos
que conoceis la leyenda
contadla a los cuatro vientos
para que nunca se pierda.

Pues bien,  en 1955,  D. Pedro Morales soñó con aquel cerro, y un punto determinado donde según sus sueño, encontraría la cueva de la mora con el tesoro escondido.

Convencido se lo contó a su amigo Alfonso Feijoo López y a su yerno Juan García Teruel, a los que convenció para que le secundaran en la tarea de hacerse con una previsible fortuna.


El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada
Decididos en la empresa y tras excavar los cinco metros, dieron con las paredes de un pozo picado a mano y colmatado de escombros, que continuaron hasta llegar a unos veinticinco metros de profundidad.

Alcanzada esta cota, pudieron acceder a través de un boquete a una gran estancia de la que partían infinidad de galerías, y en donde las paredes estaban tapizadas de cristal.


El supuesto palacio de la Mora Encantada se abría ante sus ojos...
Las burlas e incluso coplas por parte de algunas gentes del pueblo con las que se acompañó la titánica tarea de excavación de los implicados, se trocaron en sorpresa y admiración ante la aparición de un lugar críptico lleno de fulgurantes espejos y brillos mágicos.

El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada


El descubrimiento de la cavidad tuvo en su momento una gran notoriedad y repercusión social, de manera que hasta se dispuso desde el Gobierno Civil de la provincia del envío de tres dotaciones de la Guardia Civil para poner orden entre los curiosos y requisar el presumible tesoro por aparecer.

El Castillo de San Miguel y El Tesoro de la Mora Encantada

La prensa nacional también se hizo eco de la noticia  mandando a sus corresponsales a la localidad conquense de Torrejoncillo del Rey para entrevistar a los protagonistas y narrar tan atrayente y sugestiva historia.

La cavidad resultó ser una mina romana de lapis specularis, de la que no quedaba ni el recuerdo, y tras la expectación inicial, y sobre todo, tras la muerte de Pedro Morales, fue relegada al olvido.

A día de hoy se ha retomado su exploración, ya que a muy poca distancia de la asombrosa mina, se encuentran los restos de Segóbriga, una antiquísima ciudad romana.

Segóbriga constituye una de las ciudades romanas mejor conservadas y el más importante conjunto arqueológico de la Meseta.
El espacio sobre el que se ubica la ciudad, impulsada por el emperador Augusto, estuvo ya habitado por culturas prerromanas como demuestran yacimientos próximos atribuidos a los celtas y que posteriormente serían romanizados.

Con la apertura de una investigación arqueológica en el marco del Proyecto "Cien mil pasos alrededor de Segóbriga" para el estudio la minería romana del lapis specularis, la mina ha sido intervenida desde varias disciplinas científicas revelándose como una de las más atractivas para la investigación.