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viernes, 9 de octubre de 2015

El Castillo de Pembroke. El Rey Caballero y el Mariscal

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El Castillo de Pembroke


Pembroke es una localidad británica situada en la parte suroccidental del condado de Pembrokeshire, en Gales.

Situado a cinco kilómetros de la costa del mar Celta, se estableció en 1814 el puerto de Pembroke Dock, a tres millas al norte.

Pembroke se asienta en el centro de la península de Pembrokeshire Meridional, próxima del estuario del río Cleddau, y a orillas del río Pembroke.



El nombre de la ciudad, Penbroke viene de "Pen", que significa "cabeza o final", y "Bro", "región o país"; por lo que quiere decir
"El fin de la tierra".
En el castillo de Pembroke nació en 1457 el Rey Enrique VII, el primer galés que ocupó el trono inglés.

La fortaleza tiene una altura de 23 metros y las murallas en su base tienen 6 metros de grosor.

Tres de sus lados están rodeados por el río Cleddau, lo que lo convirtía en una fortaleza inexpugnable.





Su historia se remonta por lo menos al periodo romano, aunque no hay pruebas disponibles.
Es uno de los castillos normandos más impresionantes del Sur de Gales.

Se tiene noticias de este castillo desde 1093, cuando la conquista normanda de Gales.




El Rey Caballero y el Mariscal



Existió un caballero llamado William Marshal,  fue el primer conde de Pembroke.
Era conocido como Guillermo el Mariscal.
Nació en el año 1146 y era el hijo menor de un noble de poca importancia.
Al ser segundo hijo no tenía derecho a heredar nada, los títulos y las tierras de su familia, pasarían a su hermano mayor, heredero legítimo del condado.
 A él , le tocaría buscarse la vida.


Al cumplir los doce años, su familia le envió a Normandía, donde tenían familiares importantes que podrían encargarse de la formación del joven Marshall.
Su tío, William de Tancarville, un noble caballero, le inició en las artes de la caballería.
Muy poco tiempo después, se presentaba al primer torneo, del que salió como una auténtica revelación.
En aquellos momentos, la afición a los torneos era generalizada en toda la población medieval, por lo que su fama creció en seguida, convirtiéndose en uno de los caballeros favoritos del pueblo.




Un día cayó en una emboscada y fue herido y hecho prisionero por Guy de Lusignac, que pidió un rescate por su liberación.

Fue Leonor de Aquitania, muy aficionada a los torneos, la que pagó su rescate.

Le interesaba aquel joven caballero como  Maestro de Armas de su hijo, el principe Enrique el Joven, hijo mayor de Dña. Leonor  y de Enrique II de Inglaterra.

De inmediato surgió entre ellos una profunda amistad.
No solo era su mentor y tutor, sino también su entrenador y gran amigo.

La vida del joven Enrique , tampoco había sido facil.
Le habían casado con tan solo cinco años con Margarita que tenía dos y era hija mayor de Luis VII de Francia.




Esta unión rápida se debió a la voluntad de Enrique II para entrar en posesión de la dote de su nuera, el Vexin normando.

En junio de 1170, Enrique, con quince años de edad, fue asociado al trono por su padre, una costumbre de la dinastía francesa de los Capetos adoptada por los reyes ingleses Esteban y Enrique II.
El joven Enrique y Margarita se casaron formalmente años mas tarde, en la catedral de Winchester el 27 de agosto de 1172, a la vez que Enrique era  coronado rey de Inglaterra junto a su padre.



Cuando Enrique el joven y Williams Marshall se conocieron, les unió una enorme afición por los torneos, y en poco tiempo comenzaron a presentarse como equipo en los torneos, convirtiéndose en una pareja invencible en las justas medievales.

La afición del joven príncipe, no pasó desapercibida a los ojos del rey, que vió como su hijo y heredero, mostraba un absoluto desinterés en los temas de la corte y del reino.



Pero en la sociedad de aquella época había una verdadera afición por los torneos, por lo que el joven Enrique y su Maestro de Armas se convirtieron en auténticos héroes del pueblo.
Su popularidad era inmensa y durante mas de doce años, participaron en torneos por toda Europa, convirtiéndose en los campeones favoritos de la plebe.


Los poetas describían al príncipe Enrique como un joven encantador de belleza llamativa, alto, bien formado, hombros anchos, cuello largo y elegante, de piel pálida y pecosa, de ojos azules claros y anchos, y con una mata de pelo de color dorado rojizo característico de su dinastía.

Por otro lado , también decían que era benévolo, amable, afable, educado y generoso. Además de superficial, vanidoso, descuidado, de altas esperanzas, incompetente, imprevisor e irresponsable.

Notando la falta de interés de su hijo  en los asuntos del reino, Enrique II  no delegó en absoluto su autoridad ni sus territorios, lo que llevó a un enfrentamiento entre padre e hijo.



El joven Enrique , al verse privado de fondos y de tierras, se enfrentó con su padre.

Era el año 1173.
Lo que comenzó como una trifulca familiar, se convirtió en una auténtica rebelión a la que se unieron normandos, angevinos, poitevinos y bretones, formando un formidable ejercito de caballeros que apoyaban a Enrique el Joven y que por muy poco , no derrocaron al rey, quien fue apenas salvado por la lealtad de un partido de nobles del lado inglés del canal de la Mancha, y la derrota y la captura de Guillermo el León, rey de Escocia.
Todo terminó, cuando su madre fue capturada.

El joven Enrique pidió reconciliación después de la captura de su madre y el fallo de la rebelión.

Padre e hijo llegaron a un pacto de reconciliación según el cual, se aumentaban los fondos del joven príncipe, que destinó íntegramente a torneos en los siguientes años.



William Marshall, apoyó a su amigo el Joven Rey en todo momento, lo que le costó pasar a formar parte de la lista de rebeldes del país.

Cuando por fin acabó la rebelión, William se convirtió en el director del equipo de torneos de Enrique el Joven.

Su misión era diseñar tácticas y actuar como consejero del joven rey además de asegurar su seguridad.

Enrique el Joven , cogió disentería. Se moría.
Como señal de su penitencia por su guerra contra su padre se postró desnudo en el suelo ante un crucifijo. 
Preparó un testamento, había hecho el voto del cruzado, así que como última voluntad, le confió a su fiel amigo William Marshal su capa con la cruz de cruzado. 
Tendría que llevarla en su nombre a Jerusalén, al Santo Sepulcro y dejarla allí.



En su lecho de muerte, pidió ver a su padre.
Pero el rey se negó pensando que todo era mentira.
En su lugar le mandó su anillo.
Enrique el Joven murió agarrando fuertemente el anillo de su padre.

Al enterarse su padre, dicen que exclamó: 
"Me costó caro, pero ojalá hubiera vivido para costarme más."


El barón y trovador, Bertran de Born, quien lo conocía, dijo que era 

"...el mejor rey quien jamás ha cogido escudo, el mejor y más audaz de todos los combatientes de torneo. 
Desde hace los tiempos de Roldán, y aún antes, nunca se ha visto un caballero tan hábil, y tan belicoso, la fama del cual reverberó tanto alrededor del mundo — aún si Roldán regresara, o si se buscara en el mundo hasta el río Nilo y el sol poniente." 

Su muerte en 1183 señaló el declive de los torneos medievales.
Su antiguo capellán, Gervasio de Tilbury, dijo: 
"Su muerte fue el fin de todo lo caballeresco".




Marshal cumplió su promesa , viajó a Jerusalén para depositar la capa de su difunto amigo en el Santo Sepulcro, después continuó al servicio del rey.

A lo largo de su vida sirvió a cuatro reyes, Enrique II, Ricardo Corazón de León, Juan I y Enrique III.

Pasó de ser un simple miembro de la nobleza menor a ser el regente de Enrique III, y, uno de los hombres más poderosos de Europa.

Cuando murió, ya mayor, toda Europa le conocía como simplemente «El Mariscal».