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lunes, 2 de noviembre de 2015

El Castillo de Bellver de Cerdaña y La Cruz del Diablo

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El Castillo de Bellver de Cerdaña 

y La Cruz del Diablo



Bellver de Cerdaña es un municipio de Cataluña, España. 
Pertenece a la provincia de Lérida.
El municipio es un conglomerado de diferentes pueblos, masías aisladas y vecindarios diversos que conforman uno de los más grandes municipios de la comarca. 
Bellver se encuentra a medio camino de Puigcerdá y Seo de Urgel.

El castillo estaba situado en la parte de poniente del pueblo. 
Cuando en 1277 el rey Jaime II de Mallorca ordenó la construcción de las murallas de Bellver, se configuró definitivamente el núcleo de población. 




Los muros seguían el perímetro del cerro, aprovechando al máximo el espacio exterior, al tiempo que utilizan las pendientes para reforzar las defensas. La parte septentrional, de altura considerable y protegida por el Segre, no fue necesario dotarla de grandes paredes, sí, sin embargo, que se retocó una roca para que no impidiera la visión. 

Hacia poniente el castillo dominaba todo el espacio. 
En la parte de levante, se construyeron murallas y torres. 
La parte meridional, también alta, estaba protegida por un foso.




La Cruz del Diablo


En 1860 el poeta Gustavo Adolfo Bécquer residió aquí durante los meses de octubre y noviembre. 
Vino en busca del aire y del sol de las montañas para curarse de su grave enfermedad. Aquí escribió su leyenda La cruz del diablo.

En el castillo de Bellver vivía un malvado y sanguinario señor feudal que dominaba aquellas tierras junto con otras aldeas. 
Tuvo que marchar durante tres años a luchar contra los cristianos.


La aldea vivió feliz durante este tiempo, pero cuando el señor del Segre regresó a estas tierra pidiendo que pagaran sus tributos, los habitantes se resistieron y así comenzó una cruenta guerra. 
El señor del Segre iba matando a la gente que estaba en contra de él, tomando fama por su crueldad y sobre todo por su armadura.
La victoria la tuvo el pueblo cuando quemaron el castillo con su señor dentro junto a todos sus compinches.



Al cabo de un tiempo unos bandidos se instalaron allí, tenían como jefe al mismísimo diablo que llevaba puesta la armadura del señor del Segre. 
Atacaban al pueblo, secuestraban, mataban, robaban. 
La villa pidió consejo a un ermitaño que les hizo aprender una oración de Sant Bartolomé y recitarla delante del castillo.

Aquella noche apareció la armadura montada en una mula y atada.
Le hicieron un juicio, pero cuando le descubrieron la cara vieron que la armadura estaba vacía y al intentar tocarla se desplomó en el suelo hecha pedazos.

La encerraron en el calabozo, pero al llegar la noche se escapó, así que la colgaron de una horca en medio de la plaza pero tampoco funcionó. 
Volvieron ha pedir consejo al ermitaño, este les aconsejó quemar la armadura y hacer una cruz. 

La quemaron y fundieron en la hoguera, mientras se escuchaban gritos de dolor.

Los aldeanos llamaron a esa cruz: La cruz del diablo


Bécquer narra la historia en primera persona diciendo:

“Que lo creas o no me importa bien poco. Mi abuelo se lo narró a mi padre, mi padre me lo ha referido a mí, y yo te lo cuento ahora, siquiera no sea más que por pasar el rato”.