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martes, 29 de diciembre de 2015

Castillo de Burgalimar de Jaén y la leyenda del Olivo

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

Castillo de Burgalimar de Jaén 

y la leyenda del Olivo


Castillo de Burgalimar

Su nombre procede del árabe Bury al-Hamma, "Castillo de los Baños".
Es una fortaleza omeya, construida en el siglo X sobre un pequeño cerro que domina la localidad de Baños de la Encina, situada al norte de la provincia de Jaén (Andalucía, España).



Está rodeado de una muralla almenada con catorce torres, más la Torre del Homenaje de origen cristiano.



Apenas ha sufrido daños a lo largo de los años, por lo que lo convierte en una de las fortificaciones musulmanas mejor conservadas de toda España.

Se construyó en la época del Califato de Córdoba y su inestimable valor histórico y artístico le llevó a ser declarado como Monumento Nacional en 1931.

El castillo de Baños de la Encina se estableció en una región importante y estratégica, justo en la entrada del valle del Guadalquivir y, por lo tanto, de Andalucía. 



Lo construyó el califa Alhakén II (hijo del rey Abderramán III), a la entrada del valle del Guadalquivir, una zona estratégica a la entrada de Andalucía.

Según las crónicas de la época, el califa ordenó levantar varios recintos fortificados de idénticas características a lo largo de todo el camino que conducía de Sierra Morena hacia Córdoba, con el fin de alojar a sus tropas (esencialmente compuestas por mercenarios magrebíes) que se dirigían hacia el Castillo de Gormaz (provincia de Soria), al norte de al-Ándalus, para llevar a cabo razias contra los reinos cristianos. 

No obstante, esta línea de fortificaciones no iban dirigidas a objetivos defensivos, pues el país atravesaba entonces por un largo período de paz.



En el siglo XI, tras el hundimiento y la separación del Califato de Córdoba en múltiples reinos de taifas, el castillo atraviesa períodos difíciles. 

Se convierte en objeto de continuas y feroces luchas entre musulmanes y cristianos, que ven allí una pieza clave para acceder a Andalucía. 

Alfonso VII de León se lo arrebata a los musulmanes en 1147, pero después de su muerte en 1157, la fortaleza vuelve a manos islámicas. 

Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León llegan a recuperar el castillo en 1189, sin ser éste un éxito definitivo, pues tres días después de la batalla de Las Navas de Tolosa (1212), la fortaleza vuelve a pasar a ser dominio musulmán.



Fernando III de Castilla tomó definitivamente la fortaleza en 1225.
El rey lo cedió entonces a la Orden de Santiago. 

Poco tiempo después, Fernando III integra el pueblo de Baños de la Encina en la jurisdicción de la ciudad de Baeza.

En 1458, se construyó la Torre del Homenaje alrededor de uno de los bastiones originales musulmanes, y se modificó la fisonomía de la fortaleza. 



Durante la invasión napoleónica, las tropas francesas se apropiaron del castillo, que sufrió las consecuencias de su ocupación, y desde entonces hasta 1828, el patio del castillo serviría de cementerio parroquial.

Más recientemente, se emprenderían diversas labores de restauración, bajo la tutela de la Dirección de Bellas Artes. En la actualidad es propiedad pública y pertenece al Ayuntamiento de Baños de la Encina.

El castillo de Baños de Encina se levanta sobre una pequeña colina rocosa que le permite dominar el pueblo y gran una extensión del territorio. 

Muy cerca de la fortaleza se encuentra la ciudad romana de Cástulo.

Excavaciones arqueológicas realizadas en el interior de la fortaleza, han puesto al descubierto restos de uno o dos recintos amurallados que evidencian la existencia bajo la fortaleza de un asentamiento de la edad del Bronce, hecho que proporciona datos sobre la cultura argárica, una de las más importantes de la antigüedad del Mediterráneo Occidental.



El castillo tiene un perímetro ovalado , compuesto por catorce torres cuadrangulares de estilo califal y de igual altura sobrepasando apenas la de la muralla. 

La torre del homenaje (también llamada almena gorda), sería edificada en el siglo XV, y fue una modificación cristiana de una de las torres originales. 
Representa el poder de su ocupante y su posición lo demuestra, pues no se dirige hacia el paisaje, sino hacia el pueblo, revelando por tanto su utilización simbólica, fiel a la costumbre feudal.



Tanto murallas como torres, están dotadas de almenas o merlones, y perforadas por aspilleras. 
Las torres disponen de tres pisos e incluso de cuatro si estas se sitúan en un terreno más bajo. 
Las murallas tienen dos entradas que permiten el acceso, una en el costado meridional entre dos altas torres, con dos grandes arcos de herradura, y otra al costado norte de la muralla.



Las murallas rodean el patio de armas, en el que se halla un aljibe cubierto por una bóveda de medio cañón, y que está dividido en dos naves separadas.

Los materiales de construcción son bastante elementales. 
La materia prima es una mezcla denominada tapial, similar al adobe, que está hecha a base de arcilla, arena, cal y piedra cruda, con la que se confeccionaron los ladrillos que finalmente irán superpuestos unos sobre otros. 
La cal garantiza la robustez del edificio. 

Esta técnica responde a la necesidad básica de levantar con rapidez las fortificaciones, y explica el color específico del recinto, que oscila entre el pardo y el rojo. 

Sólo la torre del homenaje, más tadía, se construyó con otros métodos, siendo edificada en piedra con un estilo que se asemeja más al de las fortificaciones góticas.



A este castillo se le conoce también como "la fortaleza de los siete reyes", puesto que en él estuvieron más o menos tiempo, Alfonso VII, Alfonso VIII, Alfonso IX, Pedro II, Sancho VII, Fernando III y Fernando el Católico.

Según cuentan, en 1189, nació entre sus muros el rey Fernando III el Santo.

El Castillo de Baños de la Encina es el segundo castillo más antiguo de Europa.
Desde 1969, este castillo ostenta el privilegio de poder enarbolar desde su torre del homenaje la bandera de la Comunidad Europea, privilegio concedido por el Consejo de Europa, y compartido únicamente con el Castillo de Florencia.

La leyenda del Olivo





El Olivo siempre ha estado presente en la cultura mediterranea, su origen se pierde en la antigüedad de los tiempos. 
Es un árbol con un alto valor simbólico, todos los años se renueva, es símbolo de longevidad, de fertilidad y de madurez.
En todo el mediterráneo el olivo se confunde con el origen de los pueblos que lo llegaron a convertir en un árbol sagrado.

De madera de olivo se hacían en la antigüedad los cetros de los reyes, y era con su aceite con el que se ungía a los reyes y sacerdotes, y aún hoy, es utilizado el aceite de oliva como santo óleo, en algunas de las más importantes ceremonias de la Iglesia Católica, como es el caso de los bautismos, la misa crismal, la unción de enfermos o la ordenación de nuevos sacerdotes. 

Una leyenda nos cuenta que Adán, cuando se acercaba el momento de su muerte, evocó la palabra del Señor, que le había dado el aceite de la misericordia para redención suya y de toda la Humanidad. 
Envió a su hijo Set a la montaña donde el paraíso terrenal había quedado bajo la protección de un querubín.

El angel, le entregó a Set tres semillas del árbol del Bien y del Mal, y dijo a Set que las pusiera en la boca de su padre Adán, ya difunto. 

Y así Adán fue enterrado en el Monte Tabor. 
Pasado un tiempo, las tres semillas germinaron, dando raíces y tres tallos, de los que nacieron un olivo, un cedro y un ciprés. 



Los egipcios atribuían a la Diosa Isis, el mérito de enseñar a cultivar y utilizar este sagrado árbol hace seis mil años.

Los griegos atribuían el origen del preciado árbol a Palas Atenea, diosa de la paz y de la sabiduría, y que nació milagrosamente de la frente de su padre, Zeus.

Cecrops fundó una pequeña colonia en Atica, en el siglo XVII a.C., y atrajo a los habitantes de la zona, hasta entonces nómadas, para que se asentaran allí. 
Palas Atenea disputaba a Poseidón el honor de darle nombre a esa ciudad, razón por lo que la asamblea de los dioses, acordó concedérselo a aquel de los dos adversarios que les proporcionase el invento más útil a sus habitantes. 

Poseidón, golpeando con su tridente el suelo, hizo salir de la tierra un magnífico caballo, hermoso, rápido y capaz de arrastrar los más pesados carros e incluso de ganar grandes combates

Atenea sin embargo, hizo brotar del suelo un olivo, árbol que era capaz de dar la llama para iluminar, de suavizar las heridas, y de ser un alimento precioso, rico en sabor y dador de energía. 
Consideraron que el olivo era de mayor utilidad que el caballo, por lo que le aquella ciudad pasó a llevar el nombre de la Diosa que lo creó, llamándose como ella, Atenas. 


Este olivo que brotó en la Acrópolis de Atenas fue rodeado por un muro y guardado por guerreros especialmente consagrados para defenderlo. 
Nos dicen que cuando los enemigos de Atenas se aproximaban, todos los ciudadanos se agrupaban dentro de las murallas, junto al olivo, hasta que el peligro cesaba. 
Incluso, tras las guerras médicas y tras el incendio de la Acrópolis y del olivo sagrado, cuando los atenienses volvieron a su ciudad y encontraron los monumentos destruidos, descubrieron que sin embargo el olivo plantado por la diosa Atenea, había echado retoños de su raíz, superando así la destrucción, y mereciendo ser el símbolo de la inmortalidad.

Rómulo y Remo, descendientes de los Dioses y fundadores de la gran ciudad de Roma, vieron la luz por primera vez paridos por una loba y bajo las ramas de un olivo. 

También nos cuentan que Hércules fue el impulsor del cultivo del olivar, ya que cada vez que golpeaba con su maza de madera de olivo el suelo, ésta echaba raíces y brotaba un árbol. 
En el libro más antiguo de cocina que existe, que data de hace dos mil años, se habla continuamente del aceite de España. 

La Biblia cita aproximadamente 140 veces el aceite y casi 100 veces al árbol del olivo. Por ejemplo en el Génesis, cuando la paloma vuelve al arca de Noé con una ramita de olivo en su pico, o en el Deuteronomio, en el que se califica a la tierra de Aser, Palestina, como país rico en olivos y aceite, con esta preciosa frase: “Bendito más que otros hijos, Aser, sea favorito entre sus hermanos; en el aceite meterá sus pies”. 

El olivo fue excepcional testigo de la vida de Jesucristo, que lloró y rezó en el Huerto de los Olivos.

Fuentes.- http://es.wikipedia.org
                    http://www.iuventa.org/