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martes, 15 de diciembre de 2015

Castillo de Molina de Aragón y el Paso del Cid Campeador

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

Castillo de Molina de Aragón




El castillo de Molina de Aragón, también conocida como la fortaleza de Molina de los Caballeros, es una fortaleza situada en el municipio español del mismo nombre, en la provincia castellano-manchega de Guadalajara.
Se eleva por encima de la población y el valle del río Gallo.
Se encuentra en estado de ruina consolidada, y es posible su visita previa solicitud.

El origen de esta fortaleza se remonta a un alcázar que levantaron los andalusíes sobre un antiguo castro celtibérico entre los siglos X y XI, y en el que situaron su residencia los reyes que gobernaban esta taifa.



Situado en un lugar estratégico para dominar los caminos entre Aragón y Castilla, fue lugar de disputas, hasta que definitivamente fue arrebatado a los andalusíes por Alfonso I de Aragón en el año 1129, que mandó reconstruirlo, dándole su aspecto actual de castillo románico, y que lo entregó a la familia de los Lara.

Desde esta fortaleza los Lara gobernaron en el territorio y la villa de Molina hasta finales del siglo XIII. Luego pasó a ser señorío de los reyes de Castilla, al casarse doña María Lara con Sancho IV de Castilla.

Durante casi dos siglos mantuvo cierta independencia de sus señores, y la villa de Molina a medida que fue haciéndose más grande fue más cuidada por sus señores, que fueron añadiendo elementos al castillo, hasta que finalmente la quinta señora, doña Blanca de Molina, acabó de darle el tamaño y el aspecto actual.



Es el castillo más grande de los que quedan actualmente en Guadalajara.
Posee una muralla exterior, con numerosas torres de defensa, que rodea el perímetro y que protege la fortaleza propiamente dicha.

El castillo interior llegó a tener ocho torres, de las que se conservan restos de dos y otras cuatro en buen estado.



Estas torres están comunicadas por un adarve almenado.
El acceso principal posee un arco de medio punto con una torre a cada lado.

La fortaleza dispone de dos recintos: el exterior o albacara de grandes, defendido por diversas torres almenadas y el interior, donde se alza el castillo con seis torres, cuatro en buen estado o restauradas.



El recinto exterior dispone de cinco puertas de acceso: la de la Traición al norte, la de Caballos al sur, la del Campo al este y las puertas de la Torre del Reloj  y Hogalobos al oeste.

Además de estas existen otras en la muralla que rodeaba la ciudad medieval, como las de Medinaceli, Baños, Valencia y del Puente.



El acceso al recinto exterior de la fortaleza se efectúa por la puerta de la torre del Reloj y al interior, después de atravesar el patio de armas, por la puerta situada en la torre de Veladores en el lado suroeste del recinto interior; junto a esta se encuentran alineadas la torre central o de las Armas  y la torre del homenaje o de doña Blanca en el sureste.
En la muralla norte se halla la torre Cubierta o de los Caballeros.



El Cid Campeador en Molina de Aragón



Sobre las andanzas, méritos, conquistas y bondades del Cid Campeador en Molina de Aragón:

De este poema épico, que se tiene por el primer monumento de la lengua castellana, solamente se conserva una copia del siglo XIV (se deduce la fecha por la letra del manuscrito) que se haría a partir de otra que data de 1207, esta realizada por quien se tiene por autor del poema, y que no fue sino un copista llamado Per Abbat, quien transcribió un texto compuesto probablemente pocos años antes de esta fecha.


La de la copia efectuada por Per Abbat en 1207 se deduce lo que leemos en el manuscrito, y que reza así:

"Quien escrivio este libro de Dios paraiso, amen
Per Abbat le escrivio en el mes de mayo en era de mil e. CC XLV años".


En su viaje, acompañado de su mesnada, desde Burgos a Valencia, don Rodrigo Díaz de Vivar atravesó el Señorío de Molina, es posible que a su ida y totalmente seguro que a su vuelta.

Es final del siglo XI, y entonces la zona está dominada por un rey llamado Abengalbón, que se hizo de inmediato amigo y servidor del castellano.



Decidió pagarle parias o impuestos, protegerle para ser protegido, y atenderle tanto a él como a su esposa e hijas, y a todos sus capitanes y hombres fuertes, desde Alvar Fáñez de Minaya a Martín Antolínez, en sus caminatas a través de este territorio que, entonces estaba bastante despoblado, aunque Molina ciudad, junto al río Gallo, protegida por el espectacular castillo, ya era una ciudad “de buenas y ricas casas”.

El propio rey árabe cabalgó hasta Medinaceli para recoger allí a la esposa, doña Jimena Díaz, y a las hijas del Cid (doña Cristina y doña María), y trasladarlas hasta Molina, y luego a Valencia, agasajándolas y protegiéndolas por los caminos.


"Escucha sobrino mío, escucha Félez Muñoz,
que descanséis en Molina una noche quiero yo
por saludar a mi amigo el buen moro Abengalbón;
que reciba a mis dos yernos como él sepa mejor;
dile que envío a mis hijas allá a tierras de Carrión;
en lo que ellas necesiten, que las sirva a su sabor,
y que luego hasta Medina las acompañe a las dos.
Por todo lo que él hiciere le daré buen galardón."



Como la uña de la carne el Cid de allí se arrancó.
Ya vuelve para Valencia el que en buenhora nació
y siguen por su camino los infantes de Carrión.
Al llegar a Albarracín todo el mundo descansó,
al otro día de prisa cabalgan los de Carrión,
ya llegaron a Molina, que es del moro Abengalbón.


El moro cuando lo supo se alegra de corazón
y con muchos alborozos a recibirlos salió.
¡Qué bien que los sirve en todo aquello que se ofreció:
Al otro día con ellos el buen moro cabalgó
y doscientos caballeros que a acompañarlos mandó.


Ya atravesaron la sierra, la que llaman de Luzón,
el valle del Arbujuelo pasan, y junto al Jalón
en lo que Ansarera llaman el descanso se tomó.
A las dos hijas del Cid regalos el moro dio
y dos hermosos caballos ofrece a los de Carrión."



Cuando Rodrigo Díaz pasó por el Señorío, acampó en diversos lugares de los que ha quedado recuerdo en la zona, tanto en el sustrato legendario como en la toponimia.


Así en Anguita, durmió al abrigo de las rocas que escoltan en este pueblo el paso del río Tajuña: las cuevas del Cid hoy las llaman.

Por Hinojosa dejó grabado su recuerdo en el gran castro celtibérico que preside la población: “el cabezo del Cid” hoy se dice.

También en la Vega de Arias, queda el recuerdo de que el héroe castellano acampara y se mantuviera unos días de reposo: una casa acastillada allí permanece desde entonces.

Casa acastillada de Vega de Arias

Lo hizo también por los Cubillejos, uno de los cuales se denomina “del Sitio” pero debería ser “del Cidio” pues en recuerdo del Cid tomó el sobrenombre.

Finalmente, aún dentro del Señorío, pero hoy en tierra de Teruel, bajando hasta Monreal, quedó su recuerdo en pueblo y montaña, ambos denominados “Poyo del Cid”.


El Cantar dice que pasó por Miedes desde la vieja Castilla hasta las aguas del Tajo.

Remontó la Sierra de Miedes, por la zona conocida como Sierra de Pela, pasando por Campisábalos y bajando hacia Somolinos.

Todos los que han estudiado el camino del Cid desde Burgos a Valencia, coinciden en señalar que nunca fue por “camino real” sino por valles escondidos, por honduras boscosas y hoces estrechas, evitando el encuentro tanto de moros como de cristianos, porque todos eran enemigos suyos y buscaban hacerle daño.



Al paso ante el Santo Alto Rey dice el escritor que allí admiró “una montaña extraordinaria y grande”: el cerro mágico y portentoso en cuya altura aún hoy se ve abierta la ermita del Santo Cristo cuyo altar se coloca sobre la punta de la roca, y donde tuvieron poder los caballeros templarios, guardianes del templo y de los caminos.

El Cid continuó hacia Albendiego, dirigiéndose a las montañas.

Siguió hacia Prádena, cruzó Robledo de Corpes, hasta Pálmaces de Jadraque, para alcanzar Torremocha de Jadraque.

En Anguita, camino ya del Jalón, existe un barrio, el de “las cuevas” que se forma por una profunda hoz tallada a lo largo de los siglos por el río Tajuña. Rematando las agrestes peñas, en cuyas paredes se forman hondas cuevas, es donde acamparía el Cid con su mesnada.



Hasta un ejército de mil hombres podrían haberse estacionado allí durante varios días, durmiendo en tiendas de campaña, o en el interior de las cuevas, que aún permanecen subiendo el cauce del río hacia Luzón.

Atravesando el llamado en el Cantar “Campo Taranz” , el ejército del Cid pasó  y se internó por viejos y olorosos bosques hacia el valle del Jalón, pasando por la “cañada de los santos” . 

Encontrando pronto el Jalón, bajaría hasta Ariza y allí  tomó Alcocer (al cocer, el castillo, uno de los miles que tenía España en esa época) lugar hoy vacío en el término de Valtorres, en la provincia de Zaragoza.