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lunes, 25 de enero de 2016

Castillo de Barchell y los Íberos de la Serreta

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


Castillo de Barchell. Alcoy




El castillo de Barchell, está situado en el término municipal de Alcoy (Alicante), es una construcción medieval del siglo XIII que se sitúa sobre un montículo rocoso, en mitad de una pinada.
Està situado sobre una roca a 800 metros de altitud.



Muy cerca de las Solanetes, donde se encontraba un núcleo de época musulmana, en el Valle de Polop, un enclave natural de gran valor paisajístico, situado entre dos parques naturales, el de la Font Roja y la Sierra de Mariola.


Se trata de una fortificación cristiana creada para controlar la población mudéjar de los alrededores. 
Aunque desde siempre se creyó que la edificación pertenecía a la época musulmana, recientemente ha aparecido documentación del año 1264 que certificaban su construcción ya bajo dominio cristiano.

Aunque han desaparecido las cubiertas, conserva todo el recinto amurallado, un albacar, probablemente de época musulmana completamente adaptado al terreno.



Conserva restos de aspilleras y dos puertas, estando situada la principal en dirección al este. 
Su función era alojar a la población de las alquerías vecinas en los tiempos de peligro, como en las guerras contra Castilla, en las que su guarnición era reforzada.



En 1850 se convirtió en una masía sufriendo diversas remodelaciones en su fábrica así como en los terrenos limítrofes, siendo abandonado en el año 1964. Desde entonces se ha ido deteriorando progresivamente. 
Bien de Interés Cultural desde el año 1996, en los últimos años ha cambiado de propietario varias veces sin que se haya realizado ninguna rehabilitación. 

Lamentablemente, debido tal vez a su estado de conservación, no se encuentra incluido dentro de la Ruta de los Castillos del Vinalopó, a pesar de que el Castillo de Banyeres se encuentra a solo 10 kilómetros de distancia.



Destaca su torre prismática de base cuadrangular de 5 x 8 metros de base y de unos 20 m de altura a la que se accede por un hueco de pequeñas dimensiones, terminado en arco de medio punto. 
En el interior contaba con tres plantas hoy desaparecidas y en el exterior aun quedan restos de construcciones adosadas.



El reducto principal, de construcción cristiana siguiendo las pautas de los castillos musulmanes de la zona está formado por una nave y dos plantas que hacían de almacén y habitáculo para la tropa ademas de la torre prismática a la que se accede por un hueco de reducidas dimensiones, acabado en arco de medio punto, todo esto articulado desde un patio interior con un aljibe y paso de ronda de madera. La torre contaba con tres plantas (originalmente dos) hoy en día desaparecidas. 


Muy cerca del castillo de Barchell , en las proximidades de Alcoy, en lo alto de una pequeña colina del mismo nombre, aún quedan los restos de un poblado íbero. 

El poblado íbero de la Serreta




 El poblado es un yacimiento íbero que se asienta en la escarpada montaña con unos importantes desniveles, lo que obligó a sus constructores a adaptarse al terreno, incluyendo numerosas calles dotadas de escaleras, muy similar al yacimiento de El Monastil, en Elda (Alicante).


El poblado, como la mayoría de este tipo de asentamientos ibéricos, estaba dotado de una muralla exterior del que se han desenterrado numerosos restos que se encuentran en el Museo Municipal de Alcoy.

Los vestigios arqueológicos indican que los primeros pobladores se instalaron en La Serreta aproximadamente entre finales del siglo IV y principios del siglo III a.C. En este sentido, la Serreta es un perfecto ejemplo de urbanismo ibérico y un patrimonio arqueológico de primera magnitud en la provincia de Alicante.

 En La Serreta se siguen haciendo prospecciones arqueológicas de forma casi continuada, merced a numerosas campañas realizadas en las últimas décadas del siglo pasado y comienzos del presente.



Es una excelente muestra de la construcción de un poblado ibérico, con sus edificios perfectamente definidos, su trazado de calles y los elementos intrínsecos de su fortificación, representados por los lienzos de muralla que todavía perduran.

 Los asentamientos íberos tenían como elemento principal de defensa la citada muralla que circundaba todo el perímetro del poblado, y a la cual se la dotaba de torres poligonales, circulares o elípticas de poca elevación normalmente. No obstante, lo abrupto del espacio físico de La Serreta facilitaba mucho la defensa natural del poblado.

Los Íberos de la Serreta 

 Los griegos dieron el nombre de íberos a los primitivos habitantes de la Península Ibérica, conocida como Iberia. 
Estos pueblos hablaban el idioma íbero, lenguaje de signos silábico o alfabético, presente en los restos arqueológicos hallados en La Serreta.
Vivían en poblados amurallados, situados en lugares elevados. 
Las viviendas tenían planta rectangular y estaban construidas de piedra la base, adobe las paredes, madera las estructuras y ramaje la techumbre. 
Los poblados mejor conservados en la Península Ibérica son los del Puig (Cataluña), Edeta (C. Valenciana) y Balazote (La Mancha). 
En Murcia, los poblados de El Cigarralejo (Mula) y el Cabezo del Tío Pío (Archena).

     La sociedad íbera estaba jerarquizada y dirigida por un reyezuelo o régulo. Los guerreros y sacerdotes conformaban las clases dominantes. Los primeros obtenían sus privilegios por las hazañas en combate y los segundos por su influencia en los dioses de la naturaleza.

   La Dama de Elche constituye el mejor ejemplo de la influencia de la casta sacerdotal en la sociedad íbera. 

La escultura más importante de la Edad Antigua conservada en España fue encontrada en el yacimiento de Ilici, y representa a una sacerdotisa íbera, vestida con túnica, mantilla y peineta y adornada con joyas al cuello. 

La casta sacerdotal dirigía la vida espiritual de la sociedad en los santuarios urbanos. 
     La principal actividad económica de los íberos era la agricultura, basada en el cultivo de los cereales, la vid y el olivo. 

En la Región de Murcia destacaba el cultivo del esparto en el campo de Cartagena (Campus Spartarius) y la industria de la conserva y la salazón en Carthago Nova, donde se producía un excelente garum, según Plinio. 
El garum era como una salsa realizada con las vísceras del pescado.

El resto de actividades económicas consistían en la ganadería, con la domesticación del caballo, el buey y la oveja; la caza, sobre todo del jabalí y el ciervo; y la elaboración de cerámica para el almacenamiento.

     Los pueblos íberos mantuvieron su hegemonía étnica en el Levante y en el Sur de la Península Ibérica. 

Fuentes