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viernes, 8 de enero de 2016

El Castillo de Arévalo y el Castro de La Mesa de Miranda

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El Castillo de Arévalo



Situado en la comarca de la Moraña , al norte de la provincia de Ávila, entre las provincias de Salamanca, Valladolid, Ávila y Segovia.

Tras la despoblación producida por la invasión árabe, volvió a repoblarse por grupos de mozárabes y muladíes que, desde la segunda mitad del siglo X y todo el siglo XI, se fueron estableciendo por la comarca



Estos pobladores,  en su mayoría mantenían la religión cristiana, y usaban indistintamente la lengua latina-romance y la árabe; conservando su cultura romano-visigótica, pero con importantes elementos árabes. 

Es a partir de la  reconquista de Toledo en 1085 y la consolidación de la extremadura castellana, cuando se fue repoblando la comarca con emigrantes de otras partes del norte de la península.

El castillo de Arévalo 






Ubicado entre los ríos Adaja y Arevalillo, los cuales le sirven de fosos defensivos. Fue mandado reconstruir en el siglo XV por orden de Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar.

Ha hospedado a personajes ilustres como la reina Blanca de Borbón, que estuvo allí encerrada por su esposo Pedro I de Castilla.

Otros afirman que tras la muerte de Juan II de Castilla se recluyó en la fortaleza a Isabel de Portugal , enloquecida, madre de la futura Isabel la Católica y de Alfonso de Castilla, con quienes supuestamente vivió en el castillo.

Tras pasar por manos del condestable de Castilla, Álvaro de Luna, en 1476 pasó a pertenecer a los Reyes Católicos.

En el siglo XVI, el castillo fue convertido en prisión. 

Guillermo de Orange, príncipe de Nassau, fue uno de los más importantes presos del castillo.

Posteriormente fue convertido en prisión hasta el siglo XVII, y durante la guerra de Independencia fueron eliminadas sus defensas. 

En el siglo XIX con la Guerra de Sucesión y la de Independencia fue arruinándose paulatinamente, aprovechándose su recinto como cementerio hasta el siglo XX.

El castillo de Arévalo es obra mudéjar iniciado en piedra sillería y con aditamentos y remates de ladrillo. 



Tiene planta poligonal un tanto irregular, formado por la combinación de un tramo rectangular y otro triangular.

En cada esquina hay una torre circular menos en la esquina correspondiente a la inmensa torre del homenaje, de planta rectangular rodeada al exterior.

Ha sido restaurado, pero de su interior sólo conserva la división en pisos y la estructura de la torre del Homenaje. 

Tanto el patio de armas, con sus torres, como las demás dependencias fueron restauradas, y hoy se encuentran convertidas en silo y en habitaciones del Servicio Nacional del Trigo, y albergan el Museo del Cereal.







El río Arevalillo que le sirve de foso al castillo, discurre en dirección Noroeste, hasta el Castro de la Mesa de Miranda, en la vertiente Norte de la Sierra de Ávila.


Castro de La Mesa de Miranda 


Era un Castro habitado por vetones entre finales del siglo V y el siglo I a. C. 



Según las fuentes romanas, el pueblo vetón ocupaba las actuales provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres, parte de Toledo y norte de la de Badajoz. 

Eran celta , sus asentamientos estaban entre los ríos Duero y Tajo, principalmente en los territorios de las actuales provincias españolas de Ávila y Salamanca, y en parte de las de Cáceres, Toledo y Zamora.

Eran guerreros y ganaderos.

Construyeron asentamientos defensivos en zonas elevadas; algunos ejemplos que han llegado a nuestros días son los castros u oppida de Ulaca, El Raso, Sanchorreja, Las Cogotas o el de Mesa de Miranda.



Los romanos hacían referencia a ellos asaltando ciudades del valle del Guadalquivir o atacando a las tropas romanas durante las Guerras Celtíberas (155-133 a. C.). 

El Castro de La Mesa de Miranda debió ser abandonado, al final de las guerras, cuando se llevó a cabo la estructuración de Hispania por Augusto, como parte del Imperio romano.

La Mesa de Miranda tiene una superficie total de 29 ha,  repartidas en tres recintos amurallados, ubicados en la meseta que se forma en un profundo valle. 

Se trata de un lugar estratégico en la intersección de un paisaje serrano y el sedimentario del valle del Duero, cuyo sistema defensivo fue perfectamente estudiado para que no hubiera puntos vulnerables, a la vez que fue adaptado a la morfología del terreno.

En el I Recinto, el más antiguo y grande, vivió el grueso de la población y estaba todo amurallado.



En la parte Sur, de la muralla hay dos puertas flanqueadas por torres circulares y defendidas por campos de piedras hincadas y un foso, colmatado por el derrumbe de la muralla. 
Una de las puertas fue cegada de antiguo, se supone que para evitar puntos vulnerables.

El II Recinto fue añadido por el sur al primero. 
Seguramente tuvo un cometido más variado que el anterior, dedicándose, además de a vivienda, a albergar zonas de producción y almacenamiento, así como recoger los ganados en caso de necesidad, se puede considerar uno de los primeros polígonos industriales de Europa ya que todos los talleres de artesanía se trasladaron a este Recinto. 


Destaca una gran torre circular que defiende la zona Sur, donde hay instalado un mirador actualmente.

El III Recinto pudo construirse durante las Guerras Celtibéricas (155-133 a. C.) o en las guerras civiles (siglo I a. C.). Supone un complemento defensivo por el Este de los recintos primero y segundo. 
Construido con piedras de gran tamaño supone una diferencia muy clara respecto a los otros dos, sobre todo el primero. 

Al lado del Castro del sur , se encuentra la necrópolis de la Osera, en una explanada muy propicia.
En ella centró fundamentalmente su trabajo, el arqueologo J. Cabré. 
Contiene 2230 tumbas, 5 todas ellas de incineración. 

Los vetones incineraban a sus muertos guardando después las cenizas en una urna o las deposiban simplemente en un hoyo en el suelo, según la categoría social del difunto. 

Algunas tumbas o grupos de ellas eran marcadas con un túmulo de piedras que las significaba en el relieve. 
Ello ha permitido saber muchos detalles de la estructura social de las gentes que habitaron este Castro. 


Se trataba de una estructura piramidal en cuya cúspide dominaba una aristocracia militar que se hacía quemar y enterrar con sus armas y atributos lujosos.

La Necrópolis estaba dividida en seis zonas bien definidas unas de otras y presididas por un hito de piedra vertical. Tal cosa es posible que obedezca a la división en linajes o castas que componía la sociedad del Castro. 

Estudios recientes han puesto de manifiesto que los hitos que presiden cada una de las zonas en que se define la Necrópolis guardan la misma alineación que la constelación celeste de Orión, circunstancia que estaría indicando detalles de las creencias en el más allá que tenían los habitantes de la Mesa de Miranda.