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martes, 16 de febrero de 2016

Castillo del Cid. Castillo de Jadraque

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Castillo del Cid
Castillo de Jadraque 




Sobre una imponente colina, se levanta el Castillo del Cid, en la localidad de Jadraque en Guadalajara.

Su estratégica situación le valió ser fortaleza defensiva para todos los moradores de la villa, desde los habitantes de la prehistoria hasta los señores feudales, pasando por los árabes que ocuparon la Península Ibérica.

El nombre actual de Jadraque deriva del árabe Xaradraq que, de acuerdo con algunas interpretaciones etimológicas, significa "campo verde".



El sí­mbolo de Jadraque es su castillo, llamado del Cid, y aunque data del siglo XV nos remite a los siglos X y XI, ya que al parecer sus cimientos se asientan sobre una fortaleza de origen califal. 

De este modo Jadraque formarí­a parte de los emplazamientos defensivos de la Marca Media califal, y entre los que también se encontraría Atienza o Sigüenza.



De hecho, para algunos estudiosos Jadraque serí­a la localidad de Castejón, la que "está junto al Henares", citada en el Cantar de mí­o Cid frente a la localidad de Castejón de Henares, que se halla frente al rí­o Dulce y en el valle del mismo nombre.

Ya sea así­ o de otro modo, el nombre de Jadraque ha quedado ligado para siempre al Cid gracias a su castillo, construido por orden de don Pedro Gonzalo de Mendoza. Antes las crónicas nos cuentan cómo Jadraque pasó, como buena parte de la taifa de Toledo, a manos de Alfonso VI en 1085, a la sombra de la vecina Atienza.



En 1434, Juan II, rey de Castilla, donó la localidad y sus tierras anexas a doña Marí­a de Castilla.

Finalmente, en 1469 Jadraque pasó a ser propiedad del Cardenal D. Pedro González de Mendoza, a cuya familia perteneció hasta el siglo XIX.

Muy cerca de allí, se encuentra la villa medieval de Hita, a poco más de 20 kilómetros de Jadraque, declarada Conjunto Histórico Artístico, y que fue cuna del famoso Arcipreste de Hita, Juan Ruiz, autor del Libro del Buen Amor.

El Castillo del Cid




La fortaleza llamada “Castillo del Cid” se constituye en altos muros, muy gruesos, reforzados por torreones semicirculares y algunos otros de planta rectangular adosados al muro principal.

Los murallones de cierre tienen su adarve almenado y las torres esquineras presentan terrazas también almenadas con algunas saeteras.



El interior, completamente vacío, muestra algunas particularidades de interés como es la pequeña capilla en honor de Nuestra Señora de Castejón, patrona del pueblo.

Entre sus medio derruidos muros, sobre el vacío silencio de sus patios, resuenan aún los ecos del ilustres Cid Campeador, don Rodrigo.

Manuel Machado reescribió el episodio del camino del destierro del Cid cuando se encuentra con una niña de nueve años:

CASTILLA 

Poemas de Manuel Machado




El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos,
—polvo, sudor y hierro— el Cid cabalga.

Cerrado está el mesón a piedra y lodo...
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas, el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!

A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal, responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca,
en el umbral. Es toda
ojos azules; y en los ojos, lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.

«¡Buen Cid! Pasad... El rey nos dará muerte,
arruinará la casa
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El Cielo os colme de venturas...
En nuestro mal, ¡oh Cid!, no ganáis nada».

Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita: «¡En marcha!»

El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al destierro, con doce de los suyos
—polvo, sudor y hierro—, el Cid cabalga.