Buscador de Castillos

martes, 23 de febrero de 2016

El castillo de Eivissa y los piratas de Ibiza

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El castillo de Eivissa 

y los piratas de Ibiza


El castillo de Eivissa




La fortificación situada en la cima del puig de Vila comprende un conjunto de edificaciones que ya se mencionaban en fuentes medievales del siglo XII.
Se contaba de la existencia de una fortaleza amurallada compuesta por 12 torres, separada por un lienzo interior con una torre de la Almudayna.
En el siglo XVIII, esta torre fue demolida para construirse los nuevos cuarteles, proyectados por Simon Poulet.



El castillo de planta cuadrada tiene varias torres situadas en las esquinas, y la entrada al castillo está en el lado de levante, entre las torres II y III.

Las reformas realizadas en la casa del Gobernador permitieron conocer el flanco sur del castillo, en el interior de la torre VI se encontraron estructuras de la antigua fortificación árabe.


En el siglo XIV, se levantó la torre del Homenaje, la más alta de la fortaleza, situada entre los recintos del castillo y almudayna, y desde donde se domina toda la costa sur de la isla y el puerto de la ciudad.



En la casa del Gobernador, en el lado sur del castillo, están las edificaciones residenciales. En ella debió alojarse, el rey de Aragón, Alfonso III, durante su estancia en la isla en el año 1286, según cuenta el cronista Ramon Muntaner.
El conjunto aun conserva algunos elementos de estilo gótico y renacentista.

A nivel patrimonial, destaca, sobre todo, el tramo de la fortificación árabe que se conserva entre las dependencias interiores de la planta baja.



Ibiza



En el siglo VII a.C, se fundó un asentamiento fenicio a modo de acrópolis, en la zona de Puig de Vila.
Desde allí se controlaba tanto la isla como el mar.
Se construyeron templos y zonas artesanales, pero lo mas importante era su puerto, situado en la bahía. Desde él, comenzaron a mantener relaciones comerciales por todo el Mediterráneo.





Exportaban sus productos a las colonias grecorromanas de Ampurias y Marsella.
Su privilegiado enclave, en la zona mas septentrional del Mediterráneo occidental, hizo que esta colonia fenicia creciera y se hiciera muy conocida, llagando a tener mas de 4.000 habitantes.

En el año II  a.C. Ibiza fue destruida por Cartago, pasó a ser una ciudad federada de Roma, aunque conservando su actividad comercial e industrial.
Un siglo mas tarde se convertiría en un municipio romano.

Con la caída de Roma, Ibiza pasó a manos de los vándalos en el siglo V y de los bizantinos en el siglo VI.
En el siglo X, Ibiza formaba parte de Al-Andalus.
Los árabes construyeron un triple recinto fortificado que fue desapareciendo con la conquista de la isla por los cristianos durante la primera mitad del siglo XIII.



Muchos nombres árabes, como Vila de Dalt, Vila d'Enmig y Vila d'Avall o Arrabal han quedado todavía en distintas partes de la ciudad.

Durante los siglos XV y XVI, la isla y la ciudad fue victima de numerosos ataques por parte de la armada turca y de los piratas argelinos.

Sus nuevas armas de artillería derribaban con facilidad las murallas medievales. por lo que Carlos I y después Felipe II, hicieron diseñar nuevas murallas basadas en el uso de baluartes y cortinas reforzadas , para así modernizar sus defensas costeras por todo Mediterráneo.

Ibiza se convirtió en objetivo de ataques de piratas y corsarios.



Los Piratas de Ibiza




Los llamados piratas de Ibiza en realidad eran barcos dedicados a capturar otros barcos, que amparados por una “patente de corso”, un permiso de algún país del que llevaban su bandera y les tenían protegidos legalmente, a cambio, estos corsarios les entregaban una parte del botín que conseguían en sus asaltos a la autoridad que les legitimaban, se dedicaban a arrasar poblaciones enteras realizando todo tipo de barbaries.



Entre los siglos XV y XVIII los corsarios solían ser norteafricanos, autorizados por el imperio turco; tenían impunidad total, y el terror que sembraron en las islas fue tal, que muchas quedaron totalmente despobladas, huyendo todos sus pobladores a los pueblos fortificados, o a refugiarse en los montes del interior, manteniendo vigías constantemente, que avisaban cuando aparecía un navío en el horizonte. Esto pasó sobre todo en La Cabrera y en Formentera.



En el siglo XVIII eran los navíos ingleses y franceses los que se dedicaron a asolar las islas, aunque a esas alturas también tenían barcos con patentes de corso.

Bajo la catedral de Ibiza, se erigió en 1915, un monumento, un obelisco en recuerdo de Antonio Riquer y sus compañeros corsarios.
Esta es su historia y lo que pasó.

Antonio Riquer y Arabí nació en Ibiza el 18 de enero de 1773, en su casa del arrabal de la Marina.
Como hijo de marino, aprendió el oficio a muy temprana edad.

Era el año 1797, cuando Antonio ya formaba parte de la tripulación del Jabeque San Antonio de Padua.


Navegaban de Ibiza a Barcelona con un cargamento de cereales, cuando una fragata británica de 42 cañones, cayó sobre ellos.
Tanto él como su padre tuvieron suerte de conservar sus vidas, pues los ingleses se quedaron con el barco y el cargamento y a ellos les transbordaron a un bergantín mercante danés que luego los desembarcó en un puerto.

Se sabe , que años mas tarde, en mayo de 1806, Antonio entraba triunfante en el puerto de Alicante con una jábega mallorquina.
Parece que se había hecho con el barco tras asaltar y apresar a su tripulación, un oficial británico y sus siete marineros que se dirigían a Gibraltar.

Ese mismo año, el 1 de junio de 1806, ya de vuelta en la isla de Ibiza, andaba Antonio revisando su nueva embarcación, un jabeque, San Antonio y Santa Isabel, una pequeña embarcación de estilo argelino, con velas latinas y remos, con la que se manejaba con total destreza y soltura, era rápida y ágil en maniobras , aún así quería ponerla a punto en el muelle, limpiar sus fondos, y darle una mano de sebo.

Unos gritos procedentes del pueblo le sacaron de sus pensamientos, allí frente al castillo de Ibiza se hallaba el mas temido bergantín, el corsario inglés "Felicity" a muy poca distancia del puerto de Ibiza.

Aquel barco era, en aquellos momentos, la pesadilla de los navegantes. Lo comandaba un corsario italiano al servicio de Gran Bretaña, Miguel Novelli, natural de Roma, por lo que le llamaban,  "El Papa".



Venía de Formentera.
Navegaba despacio ante la isla, dando vueltas, llendo y viniendo, se acercaba a la fortaleza pero sin llegar a ponerse a tiro de sus cañones, luego se alejaba despacio, estaba retando y desafiando a los ibicencos que, en gran número, presenciaban las maniogras del bergantín.

Entre ellos estaba Antonio , que observaba y calculaba sus posibilidades.
Se dio cuenta que no había viento lo que daba ventaja a su jabeque.
Llamando rápidamente a sus hombres, hizo que preparasen gran cantidad de “frascos de fuego” , unas ampolletas de cristal, con una mecha a cada extremo y llenos de pólvora.
Armados con numerosas armas de fuego y ganchos de abordaje, corrieron
al jabeque y, dándole una mano de sebo a las dos bandas con suma presteza, lo armaron y pertrecharon con lo indispensable para seguidamente salir con la máxima rapidez al encuentro del enemigo.

Rápidamente se dirigieron  remando hacia el enorme navío atacante, dotado con una artillería muy superior.

El rápido ataque cogió por sorpresa a la tripulación del Felicity, que sin suficiente viento para maniobrar no consiguía ponerse en posición para cañonearles.

Riquer maniobró con agilidad y acercarse lo suficiente al Felicity como para lanzarle los “frascos de fuego” provocando un incendio, que descontroló a la tripulación del bergantín lo suficiente como para que los ibicencos entraran al abordaje.




Estalló una lucha, el pánico se adueñó de la tripulación inglesa, comenzaron a lanzarse por la borda huyendo del fuego. El combate solo duró solo unos veinte minutos, con el balance de 11 muertos y 22 heridos ingleses, y 5 muertos y 22 heridos ibicencos; uno de los fallecidos fue el padre de Antonio Riquer.

Desde las murallas del castillo la asombrada población local contempló entusiasmada como la embarcación más pequeña volvía remolcando a remo el temido barco corsario.

Antonio Riquer fue nombrado capitán de fragata de la Real Armada.
Quince días después ponía en fuga a otro bergantín inglés en las aguas de la Isla de Tabarca, en la costa de Santa Pola (Alicante).

Menorca fue recuperada por España y el tráfico inglés se redujo mucho, los ibicencos se dedicarían al corso hasta 1830, cuando los franceses dominaban todas las costas de Argelia.


Monumento a los corsarios de Ibiza



Fuentes:
http://www.elarcodepiedra.es/
http://espanafascinante.com/
http://www.eivissa.es/