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miércoles, 23 de marzo de 2016

Castro Urdiales y Las Tribus Cántabras

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


Castro Urdiales 

y Las tribus Cántabras






El castillo de Santa Ana de Castro Urdiales


Es una gran fortaleza situada en Castro Urdiales, ciudad costera del extremo oriental de Cantabria (España). Se eleva sobre un promontorio rocoso, una península ubicada a 19 metros sobre el nivel del mar, donde también está la iglesia fortificada Sta. Mª de la Asunción del siglo XIII, las ruinas de otra iglesia anterior, la de San Pedro, del siglo XII, y la ermita de Santa Ana, construida a modo de atalaya y unida al castillo mediante un puente.

Desde el conjunto se divisa el mar, el puerto y el pueblo.
Dentro del recinto se construyó un faro en 1853, cuya maquinaria ocupó la capilla. Se trata de uno de los castillos mejor conservados del norte de España.





Es de planta pentagonal con torreones cilíndricos esquineros de 15 metros de altura, que protegen un recinto rectangular; que a su vez, alberga un gran salón cubierto por una bóveda de cañón.

Uno de los cilindros cubre un espacio triangular que avanza desde el rectángulo interior hacia la villa, mientras que los otros cuatro actúan de contrafuertes de la bóveda del espacio habitable.





Otra defensa, almenada y más baja, es visible en la parte del faro.
Carece por completo de huecos, de modo que la defensa sólo podía hacerse desde las torres.

Está construido a base de piedras ciclópeas tomadas con cal.
El castillo, así como la ciudadela, estuvo protegido por una muralla de entre 6 y 7 metros de altura, que conserva un pequeño lienzo muy deteriorado con las almenas y merlones originales.

Se accede al castillo por el lado del mar, a través de una pequeña puerta.

No se sabe a ciencia cierta cuándo se fundó el castillo, aunque se cree que el principio de las obras pudo coincidir con la fundación de la villa; y probablemente existiese una estructura defensiva anterior.





El edificio actual comenzó su construcción en el siglo XII, sufriendo diversas modificaciones y abandonándose en el siglo XVI.
Durante una restauración en el siglo XX se demolió la vivienda del farero, edificada dentro del recinto.

Junto con toda la Puebla Vieja de Castro Urdiales, fue declarado conjunto histórico-artístico en 1978.



Las Tribus Cántabras





Toda esta zona estuvo poblada desde la prehistoria, como demuestran las pinturas rupestres encontradas en la Cueva de La Peña del Cuco, en la Cueva de Urdiales, en la Cueva de La Lastrilla, en la Cueva de La Dársena y en la Cueva Macizo de Juan Gómez.





Se han encontrado restos de castros prerromanos en la peña de Santullán, Cotolino, el Monte Cueto y la punta del Rebanal.

Las actividad humana pudo iniciarse en el primer milenio a. de C., en el poblado austrigón de la Peña de Sámano, donde se  estableció  la colonia romana de Portus Ammanum, Puerto de los Amanos.

Plinio describió el Portus Ammanum , como una de sus ciudades mas principales de la zona.

Al llegar el emperador Tito Flavio Vespasiano a conquistar estas tierras, convirtió esta zona en la colonia romana de Flaviobriga, cuya terminación en briga indicaba su origen céltico.





La romana Flaviobriga ,  acabaría llamandose Castrum Vardulies, que después derivó a Castro Urdiales.


Se estableció allí una Colonia y Convento jurídico, con jurisdicción sobre nueve ciudades. Uxama, Segisamunculo, Antecuja, Deóbriga, Vindelia, Salionica, Tritium, Metallum y Viruesca.

El emperador romano la convirtió en civitas, con el nombre de Flavióbriga, en el año 74 d. de C.

Este establecimiento indígena estaba poblado por un grupo tribal pre-romano, los sámanos, de donde surge el nombre del valle de Sámano y el río.






Se piensa que este pueblo poseía un nivel cultural alto como lo demuestra la escultura de bronce de 14 cm de altura llamada "Neptuno Cántabro", que posiblemente representó a una divinidad indígena que sostiene un delfín en una mano y en la otra posiblemente un tridente.




Las tribus Cántabras se dedicaban a la pesca, la agricultura y la ganadería, ya que se han encontrado varios restos de cerámicas de bronce, de hierro y restos de trigo y conchas.

Ptolomeo decía que esa parte de la costa pertenecía a las tierras de los autrigones. Pero existían además varios grupos tribales , como los caristios y los várdulos, establecidos en el norte de la península ibérica, en la parte oriental del País Vasco.





J.M. Solana describía las Fronteras de Várdulos y Caristios:

"Tal es la vida de los habitantes de los montes, me refiero a los que bordean el lado septentrional de Iberia, los Galaicos, Astures y Cántabros hasta los Vascones y el Pirineo, pues el modo de vida de todos éllos es parecido."





Estrabón, Pomponio Mela y Plinio escribieron sobre estas tribus.
Comentaban sobre los territorios y a quien pertenecían, discrepando entre  los várdulos, caristios, los autrigones y los Amanos.

En lo que todos los antiguos historiadores, como Floro, Orosio o Estrabon, coincidían  era en el ciego valor que demostraban aquellas tribus naturales de la religión Cántabra.

Muchas veces se enfrentaron con las aguerridas tropas de Augusto, y que según relata la historia, se situaron en Segisamone (Sasamón), (Burgos),  justo en la zona fronteriza con Cantabria, para presentarles batalla, que tras reiterados reveses, solo fueron vencidos por la enorme desigualdad en el número de combatientes.

Los poetas y aduladores de aquel tiempo decían que el César, núnca había vuelto la espalda al Indomable Cántabro.



Varios autores, entre estos, Estrabón, describieron a los antiguos cántabros:

"Vestían los hombres, sayos cortos hechos de lana de sus rebaños.
Cubrían su cabeza con un casquete adornado de plumas y garrotas.
Las mujeres vestían ropas de color de rosa.
Su alimento consistía en bellotas secas, con las que hacían pan, y de leche y manteca, en lugar de aceite.
Su bebida común era una especie de cerveza hecha con granos de cebada.
El primer lugar en los convites, era reservado al más anciano y de más distinción. A los setenciados á muerte, los precipitaban desde lo alto de una roca;
y á los parricidas los cubrían de piedras, fuera de sus lindes y términos.
E1 arte de navegar estaba entre ellos muy atrasado, usando tarcos de
cuero, ó de troncos de árboles ahuecados.
Los matrimonios los celebraban parecidos al estilo de los Griegos.
Sus enfermos, los exponían al público, como los Egipcios, con objeto de tomar opinión de los que hubieran sanado de parecida dolencia.





Durante la guerra con los Romanos, las madres mataban a sus pequeños, para que no fueran presa del invasor.
Se cuenta, que viendo un mozo a su padre y hermanos prisioneros, los mato a todos por orden del mismo padre, que le facilitó el yerro.
Se embriagaban, y después se arrojaban al fuego antes de dejarse esclavizar.
En dicha guerra cantábrica,  muchos fueron clavados en la Cruz, por los Romanos, según describían , morían entonando himnos en honor a su Dios Desconocido."

Las mujeres labraban los campos,  y cuando parían, hacían acostar en su lugar a sus maridos, sirviéndoles con cuidado. (Entre algunas tribus americanas y en el Brasil, aún se conserva ésta costumbre).





Como el resto de los Españoles, tenían la costumbre de componer venenos, que sacaban de una yerba semejante al opio, que mataba siempre sin dolor; y siempre  la llevaban consigo, para usarla en caso de necesidad, si caían en manos de los Romanos.

También describió a los Concanos, otra de las tribus que habitaban Cantabria y una de las más feroces.
De ellos contaban que tenían por cama el duro suelo, y en la cabeza llevaban tocas á maneras de turbantes.
Sacrificaban caballos, machos cabríos y cautivos que caían prisioneros en la guerra, en aras de Marte.

Los varones dotaban a las mujeres, y nombraban herederas a sus hijas.

Silio Itálico, narró que cuando Anibal decidió hacer la guerra a los
Romanos, en su propia tierra, todos los Españoles acudieron a ésta expedición,
en especial los Cántabros, que según describió , eran gentes a las que no vencía
el hambre, ni el frío ni el calor.
Superaban toda fatiga, y no sabían vivir sino
guerreando.



Josefo, reconocía en ellos, una especie de furor marcial, y no
encontraba otros más prontos y hábiles para la guerra.

Las armas que usaban eran cortas, broquel y espada, puñal, dardo o
lanza corta, ponderando la agilidad y destreza conque arrojaban sus flechas
y dardos.

Estaban acostumbrados a vivir en continuas guerras y a tener muy poco trato con otras gentes, de lo que provenía su rusticidad y fiereza.

Cuando Augusto les venció , sus costumbres se ablandaron, sin embargo, los que no llegaron a ser dominados por los romanos siguieron manteniéndose
en su primitivo estado, contribuyendo a ello la aspereza de los montes
y sitios que habitaban.

No se sabe si Flaviobriga desapareció en esas guerras, o más tarde, o si simplemente no desapareció.

Hauberto Hispalense dice que fue reparada o reedificada por los cántabros en el año 585.


Castro Urdiales Durante La Edad Media





Muchos años mas tarde, en el 846, Castro Urdiales sufrió probablemente ataques normandos, que en esas fechas recorrieron el Cantábrico a sangre y fuego,  no volviendose a tener noticias históricas fidedignas hasta que en 1037 que quedó integrada en el reino de Pamplona.

Durante la Edad Media su principal actividad fue marítima.
Se construyeron los astilleros de Sámano, en el río Brazomar, que participaría en la Reconquista aportando naves y hombres a Castilla, pasando por la pesca, la caza de ballenas y el comercio marítimo.

En 1163, Alfonso VIII de Castilla , desde la ciudad de Burgos, concedió a Castro Urdiales el título de villa a través del Fuero de Logroño.
Fue la primera de la costa cantábrica en recibirlo. Santander lo recibiría en 1187, Laredo en 1201, Bermeo en 1236 y Bilbao en 1300.




En tiempos de Fernando III el Santo, las naves de Castro Urdiales participaron en la conquista de Sevilla.

En 1262, reinando Alfonso X el Sabio, participó de forma importante, junto con las Cuatro Villas, en la repoblación de Cádiz, recientemente reconquistada.

En 1296 se crea en Castro Urdiales la Hermandad de la Marina de Castilla, con Vitoria o Hermandad de las Marismas, en la que participaron San Vicente de la Barquera, Santander, Laredo, Castro Urdiales, Bermeo, Guetaria, San Sebastián y Vitoria.

La finalidad principal de la Hermandad era proteger el comercio marítimo y aliarse con el Rey para mantener los fueros y evitar abusos de la nobleza.

Fue en el siglo XIII cuando se construyó la Iglesia de Santa María de la Asunción.
En esta época surge la divisa de la ciudad, que dice:

Castro soy y Castro he sido
Asiento en firme Montaña
Y a la Corona de España
Con lealtad siempre he servido
Armas, Escudo y Señal
Castillo, Puente y Santa Ana
Naos, Ballena y mar llana
Son de Castro la Leal


También existe otra versión, en la que cambia el comienzo de la divisa:


Castro soy y siempre he sido,
Vizcaya firme en mi asiento,
Y a España con noble aliento
Y lealtad siempre he servido

En 1394, Castro Urdiales se unió al señorío de Vizcaya buscando protección ante las luchas de banderías.




"El Noble Cabildo de Navegantes y Mareantes del Señor Santo Andrés", fue fundado por privilegio de Enrique III en 1395 y confirmado por Felipe II en 1548.

Con el descubrimiento de América, se produjo un resurgimiento comercial , al dedicarse casi en exclusiva a la actividad mercantil con las colonias de ultramar y abandonar prácticamente el comercio con la Europa Atlántica.

Pero a finales del siglo XVI, la peste asoló la ciudad y junto con los continuos temporales, hicieron que la población descendiera hasta tal medida que la ciudad quedó casi desierta, comenzando a perder importancia paulatinamente.

Ya en 1588, participó en la aventura de la Armada Invencible con 15 naves y unos 400 hombres, integrada bajo el mando de Don Antonio Hurtado de Mendoza.

En 1738, a cambio de una donación de 140.000 escudos, obtuvo permiso de Felipe V para incorporarse otra vez al Señorío de Vizcaya.

De 1799 a 1801, fue incluido en la provincia maritima de Santander .

En 1813 fue tomada, tras fuerte resistencia, por las tropas napoleónicas franco-italianas del General Foix, quedando la ciudad prácticamente destruida.





A mediados del siglo XIX, se produce un resurgimiento de la villa debido a las actividades mineras, y a la creciente importancia de la pesca y las fábricas de conservas de pescado.

Esa importancia creciente queda patente cuando el 18 de diciembre de 1909, el Rey Alfonso XIII concede a la entonces Villa de Castro Urdiales el título de ciudad.


Fuentes.-
http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10067017
es.wikipedia.org