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lunes, 28 de marzo de 2016

El Castillo de Batres y Garcilaso de la Vega

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El castillo de Batres





También llamada casa-fuerte de Batres, situado en el municipio del mismo nombre, al sur de la Comunidad de Madrid, muy cerca del límite con la provincia de Toledo, España.

Fue construida durante el Renacimiento, entre los siglos XV y XVI.
Ha estado vinculado históricamente con los señores de Batres, que lo utilizaban como residencia palaciega.




Uno de sus más destacados moradores fue el célebre poeta toledano Garcilaso de la Vega (1501 o 1503–1536), que heredó el título de señor de Batres de su madre, Sancha de Guzmán.

La propiedad pasó posteriormente a los Condes de Oñate y después a los Marqueses de Riscal.



En la década de los setenta, fue adquirido por el arquitecto Luis Moreno de Cala y Torres, que procedió a su restauración, al tiempo que constituyó, dentro del recinto, la Escuela de Jardinería y Paisajismo Castillo de Batres.

El castillo de Batres se encuentra situado sobre un altozano, donde se forma un foso natural, por el que discurren varios arroyos que vierten al  rio Guadarrama, que pasa cerca de la fortaleza.

Está rodeado de una frondosa arboleda.




Fue construido en ladrillo cocido, si bien sus cimientos son de pedernal.
De planta cuadrangular, el edificio se articula en torno a la torre del homenaje, su parte más antigua, que destaca sobre todo el conjunto, dada su ubicación adelantada con respecto al resto de la fortaleza.





Su portalón principal es de estilo gótico isabelino.
Está presidido por un escudo de las familias de los Laso de la Vega y Guzmán, rama surgida en el siglo XV a raíz del matrimonio entre Garcilaso de la Vega, comendador mayor de León, y Sancha de Guzmán, heredera del señorío de Batres.


Escudo de las familias de los Laso de la Vega y Guzmán del Castillo de Batres

De sus siete hijos, la figura más destacada fue el poeta y militar Garcilaso de la Vega.

El estilo plateresco domina el patio central, que consta de una doble galería con columnas toledanas y balconada de hierro, del siglo XVI. 
En el centro del patio, se sitúa un pozo de estilo gótico.





El Conjunto Histórico-Artístico del castillo de Batres está integrado, además de por la fortaleza, por diferentes construcciones situadas dentro de su recinto.


Interior del Castillo de Batres



Aquí figuran la Fuente de Garcilaso, la Huerta del Mirador, la iglesia parroquial, el subterráneo de la bodega, el puente sobre el arroyo del Sotillo, la Fuente del Chorro, la cercas del castillo, el almacén, la Casa del Hortelano y la Presa de Agua.


Fuente de Garcilaso



El edificio se conserva en muy buen estado, siendo declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1970



Garcilaso de la Vega

(Toledo, 1498 - Niza, 1536)





El gran poeta del Renacimiento español, nació en Toledo , posiblemente en 1498, en el seno de una noble familia castellana, participando desde muy joven en las intrigas palaciegas de la nobleza castellana.


Formaba parte del séquito del II duque de Alba cuando Carlos I desembarcó en Santander en 1522, pasando entonces a las ordenes del rey Carlos I de España como contino real, (hombre de armas del rey).

Era un hombre culto que hablaba griego, latín, italiano y francés, además de tener conocimientos en música y dominar el esgrima.


En 1523 fue nombrado caballero de la orden de Santiago y gentilhombre de la Casa de Borgoña, aunque mantuvo siempre muy buenas relaciones con la Casa de Alba , sobre todo con Fernando Álvarez de Toledo, el futuro Gran Duque de Alba, junto al que lucharía en varias campañas, (como en el asedio de la fortaleza de Fuenterabía), y que sería el origen de una gran amistad , probada más adelante con la intervención del Duque a favor de Garcilaso ante el propio rey en varias ocasiones.



El cardenal Álvaro Cienfuegos le describió así:

«Era garboso y cortesano con no sé qué majestad envuelta en el agrado del rostro que le hacía dueño de los corazones, no más que con saludarlos. Y luego entraban su elocuencia y su trato a rendir lo que su afabilidad y su gentileza habían dejado por conquistar.
Ningún hombre tuvo más prendas para arrastrar las almas, habiendo puesto la Naturaleza un cuerpo galán y de proporcionada estatura para palacio de la majestad de aquella alma.
Adorábale el pueblo, y sus iguales, o no podían o no se atrevían a ser émulos porque el resplandor de sus prendas deslumbraba a la envidia, dejándola cobardes los ojos con la mucha luz o del todo ciegos».

O  Manuel Altolaguirre que sobre él dijo:

«Alto, altivo, sonriente, vivió envuelto en la irrealidad poética de sus ilusiones. Nunca alma humana se vio aislada como la suya de la cruel realidad, que hoy día a todos se nos manifiesta.
Nieblas ideales empañaron sus ojos, mientras su corazón latía por quimeras. Crédulo, generoso, impulsivo, veía en las instituciones de su tiempo el calor que las sostenía y no la frágil materia derrumbable.
De esta visión de las cosas sacó su firmeza, al mismo tiempo que afirmaba y enfirmecía la felicidad de su pueblo»


Sobre Garcilaso se cuenta que tuvo muchos amorios , como su relación con una dama toledana , Guiomar Carrillo , a quien convierte en la Galatea de la Égloga I y con quien tuvo un hijo, al que reconoció de forma postuma.

O con Magdalena de Guzmán, su prima monja a quien convirtió en la Camila de la Égloga II.

Con Beatriz de Sá, segunda esposa de Pedro Laso y su cuñada a quien convirtió en la Elisa de otra de sus églogas.

Contrajo matrimonio en 1525 con Elena de Zúñiga, dama de honor de doña Leonor, hermana del rey  Carlos I

Pero un año mas tarde, en 1526, mientras se celebraban las bodas de Carlos I con Isabel de Portugal, Garcilaso conoció a Isabel Freyre, la que sería su autentica inspiración, la musa de su poesía.




Muchas de sus composiciones reflejan la pasión que Garcilaso sintió por la dama portuguesa.

Pertenecía a la familia de los condes de Abrantes, descendientes de la Casa Real portuguesa, aunque algúnos la emparentaban con los duques de Braganza.
Era una de las damas de honor de Isabel de Portugal en la gran boda con Carlos I, celebrada en Castilla en 1526.

Isabel Freyre poseía una gran belleza.
Cuando Garcilaso de la Vega la conoció en la corte de Évora, quedó inmediatamente impresionado, se enamoró de ella sin remedio.




El amor que Garcilaso sintió por Isabel le inspiró la composición de casi toda su obra.

Sus primeros poemas, (primera etapa), son "coplas" en versos octosílabos, a la manera de la poesía castellana de cancionero, entre las que se encuentran las primeras canciones de amor cortés dedicadas a Isabel Freyre.

Pero Garcilaso ya estaba casado con Elena de Zúñiga, e Isabel se casó , tres años después, con  Antonio de Fonseca, regidor de Toledo.

Nada se sabe hoy día de este matrimonio, solo que Isabel murió en el parto de su tercer hijo, en 1533.

Un acontecimiento que marcaría profundamente a Garcilaso, aunque continuó con su azarosa vida de soldado de la corte.

En 1536, durante el temerario asalto a una fortaleza en Le Muy, cerca de Fréjus, acudió al combate sin armas defensivas a excepción de una rodela , fue el primer hombre en trepar por la escala, donde fue alcanzado por una piedra arrojada por los defensores cayendo al foso gravemente herido.


Carlos V 

El Emperador, preso de la ira por su muerte mandó ahorcar al total de la guarnición una vez tomada la fortificación.

Garcilaso fue trasladado a Niza, donde murió a los pocos días ,asistido por su amigo Francisco de Borja, Duque de Gandía.

Los sonetos que escribió se mueven dentro del dilema entre la pasión y la razón, recurriendo al paisaje natural como correlato de sus sentimientos.



Hermosas ninfas, que en el rio metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas,

     agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:

     dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,

     que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.