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miércoles, 9 de marzo de 2016

El Castillo de La Herradura. Los Galeones y el Ciclón

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


La Herradura


Es un pueblo que pertenece al término municipal de Almuñécar, en Granada, España.

Allí ha habido pobladores desde la época prehistórica.
En el curso alto del río Jate quedan los restos de una ermita rural visigoda fechada en el siglo VI de nuestra era.




Se sabe de la llegada de Abderramán I a La Herradura en el 755 procedente de Damasco, y previamente a la fundación del Califato de Córdoba. 
De la época se conocen numerosos detalles como que fue escenario de una batalla en la revuelta de los muladíes del siglo IX. 

También que de sus tierras se exportaban pasas, consideradas las mejores del mundo islámico en la época. 

De la época nazarí es la torre vigía de la Punta de la Mona, restaurada en el siglo XVIII y actualmente convertida en faro.




El Castillo de la Herradura




La Fortaleza de La Herradura, conocida popularmente como El Castillo, es una estructura defensiva militar de costa que data de la segunda mitad del siglo XVIII.




Su construcción se vio justificada por los terribles y cotidianos ataques de la piratería en la zona costera de lo que hoy son las provincias de Málaga, Granada y Almería, que en aquella época se denominaba Nuevo Reino de Granada.

En 1761 el Rey Carlos III ordenó al Mariscal Antonio María Bucarelli que realizara un informe sobre la situación de las defensas costeras del antiguo Reino de Granada y de las medidas que había que tomar para su reconstrucción y mejora.

En el informe se comentaba la existencia en La Herradura de un puesto de caballería, y se consideró de vital importancia la construcción de una fortaleza o batería en  la ensenada , ya que se había convertido en la residencia ordinaria de piratas y corsarios que frecuentemente atacaban la zona haciendo muchos esclavos.




En 1765, el Ingeniero Director de la Costa de Granada, José Cramé, realizó el proyecto original de la fortaleza, especificando que la guarnición debería contener para hacer una defensa efectiva de la zona, un mínimo de:
Infantería: 1 oficial, 2 cabos y 12 soldados.
Caballería: 1 cabo y 4 soldados. Un establo preparado para siete caballos y un pequeño pajar.
Artillería: 1 cabo y 4 soldados.
Un guarda de almacén y un capellán.
La fortaleza defensiva debería comunicarse con las torres vigía de la Torre Cerro Gordo y la Torre de la Punta de la Mona.






Se armaron cañones de 24 libras con un alcance de hasta 3000 metros, defensas mas que suficiente para mantener lejos a piratas y cualquier ejércitos enemigos.

La posición del castillo en la ensenada de La Herradura se hacía necesaria al ser la única zona accesible por el mar, desde Nerja.

Lo intrincado de la costa hasta este punto la hacían una entrada perfecta para que la piratería atacara, hiciera esclavos y huyera rápidamente.





Fue utilizado por el ejército hasta el año 1839 en que, una vez extinguida la piratería, fue cedido al cuerpo de Carabineros, cuya misión era garantizar la seguridad y vigilancia de las costas y fronteras así como evitar el contrabando.

Durante la Guerra Civil un navío disparó contra la batería que aún conserva la huella del impacto.



Tras suprimirse el Cuerpo de Carabineros en 1940, fue ocupado por la Guardia Civil, que lo utilizó de casa-cuartel hasta el año 2003. 
La Guardia Civil asumió la labor de represión del contrabando.
Adquirido por el Ayuntamiento dos años más tarde encargó su restauración al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y a día de hoy alberga exposiciones temporales.





Tras la Reconquista, en 1562, se produjo una terrible tragedia frente a las costas de La herradura. 

El naufragio de veinticinco buques de guerra españoles en los que se estima que murieron entre 3.000 y 5.000 hombres.





A mediados del siglo XVI el Mediterráneo se había convertido en un lugar de constantes enfrentamientos entre naves europeas y musulmanas. 

Las costas de la península Ibérica eran asediadas con frecuencia por naves piratas y los territorios italianos y españoles por todo el mediterráneo eran atacados por los corsarios otomanos. 

El problema era de tal magnitud que las costa españolas habían quedado desiertas.
Los cultivos desde la orilla del mar hacia el interior, en aproximadamente 5 millas, habían quedado abandonados, lo que suponía grandes perdidas de ingresos para los campesinos y de impuestos para el reino.


Los piratas turcos y otomanos y los corsarios atacaban constantemente  las costas del  Mediterráneo Occidental desde sus bases en Tetuán, Cherchell y Argel se incrementaron. 


En 1588 ,  Berja en Almería fue asaltada por una flota de mas de 4000 hombres, y en Fuengirola , en Málaga, el castillo de Sohail sufrió numerosos ataques del pirata Aruj, Baba Aruj, conocido como BarbaRoja.





En 1562 corsarios moriscos desembarcaron en Castell del Ferro evacuando a los habitantes de la aldea de Notaes en Granada.

 Felipe II tomó medidas para acabar con esta plaga y en el año 1560, mandó construir 50 galeras bien armadas, que unidas a las 12 alquiladas al genovés Andrea Doria y  a las 7 naves de Manuel Antonio Colona,  junto con las 23 que había en los puertos españoles del norte de África, serían mas que suficientes para limpiar de corsarios todo el Mediterráneo.

Dos años mas tarde, las galeras españolas estaban divididas en dos escuadras, una al mando de Juan Andrea Doria, y otra al mando de D. Juan de Mendoza.
El 21 de julio de 1562 Felipe II ordenó a Mendoza la partida hacia las costas españolas, con la misión específica limpiarlas de piratas y corsarios.


Los Galeones y el Ciclón 




Toda la flota de galeones de Felipe II , se hallaba reunida y lista para zarpar en el puerto de Málaga.
De pronto , negros nubarrones comenzaron a cubrir  los cielos, y fuertes vientos de levante comenzaron a soplar.

 D. Juan de Mendoza y a sus experimentados marinos vieron que iba a desatarse un fuerte temporal,  por lo que, al no estar en aquella época el puerto de Málaga muy protegido de estos temporales, decidieron partir hacia la bahía de La Herradura a remo, aun con el viento en contra.





Pero al amanecer del día 19 la flota fue alcanzada por un ciclón.
El viento de levante se hizo fuerte, la lluvia y las nubes se enroscado alrededor del centro del ciclón.

Cuando la Flota estaba en medio del temporal en La Herradura estalló la parte mas dura del ciclón , encontrándose los vientos más fuertes del Sudoeste, por momentos huracanados, y la mar  “arbolada”, con olas de mas de 9 metros de altura. 




Los vientos hicieron crecer la altura del nivel de mar en la costa y empujaron el agua contra ella.
 La Flota, anclada en el este de la Bahía (Punta de la Mona) para protegerse del levante, fue sorprendida por un ciclón tropical, una tormenta perfecta que produjo el naufragio de toda una flota


Del relato de un testigo de los hechos, Martín de Figueroa, (Colección de los Jesuitas, CXV-275 de la Real Academia de la Historia), se extraen los siguientes párrafos:

"La flota había concluido las operaciones de pasaje y aprovisionamiento en Málaga y estaba  a la espera de un viento favorable de terral que los llevara rápidamente al norte de África, cuando el 18 de octubre, por la noche, rendida la prima (pasada la hora prima vigilia 18-19 h), viendo que avia mal semblante y el tiempo y que el mar picaba de levante desde el sábado a mediodía, Mendoza decide abandonar Málaga con sus 28 galeras, ya que su puerto estaba muy expuesto al oleaje que levanta el viento del Este, y dirigirse a la bahía de La Herradura.  




La Herradura resguardada por Cerro Gordo a poniente, y la Punta de la Mona a levante, era muy conocida como refugio por los navegantes y los corsarios de Argel y Tánger, y en ocasiones había servido de refugio a D. Juan.

Salen a remo “ hasta las huertas de Vezmiliana (proximidades del actual Rincón de la Victoria) que le sale el viento de la tierra”, donde desaparece temporalmente el levante y aparece viento de tierra, provocando que la galera Caballo de Nápoles embistiera a la Soberana de España, que tuvo que ser remolcada; empieza a lloviznar, y el viento posteriormente gira a SSO “y allí salto el viento a sur-sudoeste canxaron trinquetes, comenzó a lloviznar y hicieron tiendas de herbaxe…”

Llegando a Nerja el viento vuelve a rolar a levante, lo que hace que la chusma vuelva  a remar con fuerza “… y ansi fueron hasta el rio de la Miel (Nerja), donde les amanescio y salto el viento al este y abatieron tiendas y amainaron trinquetes e hicieron fuerça  un poco mas en la boga porque refrescava el tiempo  y tornó a lloviznar y de aca un poco tornaron a azer tienda”. 
Al fin tras una noche, la mayor parte del tiempo remando intensamente, la Flota entró en la Herradura.

Serían aproximadamente las diez del día siguiente, 19 de Octubre, cuando las naves comenzaron a situarse a levante de la bahía (punta de la Mona). En una hora se dispusieron las galeras desde dicha punta hacia tierra; en primer lugar, la Soberana seguida de la Mendoza y San Juan, a continuación todas las demás. La Capitana estaba en el centro de la escuadra. “entre diez y honc avian tomado la posta todas las galeras” … “ y acavando de tomar la posta y aclaro el tiempo”.




El peligro parecía haber pasado; el cielo se había aclarado y la Punta de la Mona los resguardaba del viento de levante. Pero habría pasado solamente una media hora de estar anclados, cuando de nuevo tornose el viento “al sueste con un poco de mar”  “… y la Capitana batio la tienda y començo a ir a levante y… a esta hora salto el viento a sudueste y sur sudueste y alli se afirmo y alço gran mar y soltaron las levas de dos fragatas que tenia a popa la Capitana y dieron en la playa a través…”. 

Sobrevino el temporal con tal violencia, que no les dio tiempo a levar anclas y trasladarse al otro lado de la bahía (Cerro Gordo) ni dar la vuelta a la Punta de la Mona. Habían buscado ponerse a refugio del Levante, pero al cambiar el viento las galeras quedaron batidas abiertamente por el viento del sudoeste que las empujó hacia los riscos. 

El mar creció, y la furia de las olas movía las galeras de un lado para otro sin control. Mendoza mandó soltar los galeotes y dio voces a las demás galeras de que hicieran lo mismo. 

La galera Capitana de Nápoles levó anclas pero con tan mala fortuna que fue a dar en las rocas y arrastrada por el mar hasta la playa encalló; el timón de la galera Santangel saltó y fue arrastrada por las olas hasta la playa; la Patrona y Caballo de Nápoles dieron la vuelta sobre sí mismas, e inmediatamente todas las galeras comenzaron a chocar unas con otras, destrozándose o hundiéndose. 




Los supervivientes se tiraban al mar pero la resaca, maderos y toda clase de objetos flotantes acababan con sus vidas. La Bárbola chocó con un peñón, y el árbol quebró, fue arrastrada hasta la playa quedando depositada en ella sin daños considerables, todos sus tripulantes se salvaron. 
Mendoza fue golpeado y arrastrado al mar por el árbol de La Capitana de España, navío que mandaba, pereciendo ahogado. 
La Capitana de España fue embestida por las olas hasta atravesarse y hundirse entre las 12 y la una del día, salvándose cuatro o cinco personas de un total de más de cuatrocientas. A la una del día se acabaron de perder las galeras.


A las cuatro de la tarde comenzó a calmar la tempestad, tres horas de tragedia habían bastado para acabar con la escuadra española.
De las veintiocho galeras, veinticinco habían quedado en el  fondo del mar en La Herradura. 
Las tres galeras restantes, Mendoza, Soberana y San Juan , escaparon por la posición que ocupaban en la bahía, próxima a la Punta de la Mona, pudieron levar anclas y dar la vuelta, refugiándose entre dicha punta por la cara de poniente y el Peñón de las Caballas, lugar conocido por los Berengueles."




Aunque el número de víctimas no se sabe con exactitud, el número de 5000 parece probable. 
Estarían embarcados 2172 soldados, 1250 tripulantes (50 por galera), y 3600 remeros (144 por galera). 
Un total de 7022 personas sin contar el pasaje. 
Los remeros, más acostumbrados al ejercicio físico y al no llevar impedimenta alguna, traje de campaña, armas, corazas, etc., salían a nado; llama la atención el número elevado de estos que consiguió salvarse: 1740. 
Esta es la cifra oficial dada en documentos, en la que no estarían incluidos los que a pesar de las medidas tomadas consiguieron escapar. 
Cuentan las crónicas que durante muchos días el mar no dejó de arrojar cadáveres a las playas, siendo recogidos y enterrados por los vecinos de La Herradura y Almuñécar.

Estos hechos se guardaron en la memoria colectiva, y dieron lugar a que Miguel de Cervantes, hiciera referencia a ellos en la segunda parte del Quijote publicada 53 años más tarde.


Guía Informativa de La Herradura.-  www.playadelaherradura.com


Fuentes:
Documento del Instituto de Historia y Cultura Naval

“Historia de Almuñécar” de José Alonso García,   Colección Crítica Histórica  3ª Edición
El tiempo meteorológico el día del desastre: