Buscador de Castillos

martes, 3 de mayo de 2016

El Castillo de Najera. La leyenda del Halcón y la Paloma de Najera

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


La leyenda del Halcón 

y la Paloma de Najera





El Castillo de Najera



El castillo de Nájera se alza sobre el cerro de la Mota que protege a la ciudad por su flanco meridional. 




Desde el castillo , en la cima de la escarpada ladera , se divisaba todo el valle del rio Najerilla.

Esta importante fortaleza medieval es hoy una triste reliquia de la que apenas queda huella.


En la cima del cerro se conservan algunos trozos de muro de sillería, pertenecientes a un recinto rectangular que tiene en su interior una cámara abovédada que podría ser un aljibe cubierto. 

Del ángulo S-E. de este recinto parte un largo muro que termina en una torre cilíndrica. 

Por último, quedan huellas de una barrera exterior en los flancos E. y S., mientras en el flanco W. sólo se conserva el arranque. 
En la vertiente septentrional, la más vulnerable, había un profundo foso que todavía hoy es perceptible.

Nájera fue el principal bastión de Al-Andalus durante el siglo IX y comienzos del X, frente a la amenaza de asturianos y pamploneses que acabaron conquistándola en el año 925, en una acción combinada de Orduño II y Sancho Garcés I.


La caída en manos cristianas no menoscabó la importancia de Nájera porque sus nuevos dueños, los reyes pamploneses, la convertirán en la segunda capital del reino, prefiriéndola algunos de ellos a Pamplona, como Sancho III y su hijo García.


Najera está situada en La Rioja pero históricamente estuvo vinculada al Reino de Navarra.



Su historia se remonta a la edad de bronce, cuando los primeros asentamientos con viviendas excavadas en la roca se excavaron en la edad de hierro.

Sobre un alto cerro sobre el río Najerilla se construyó un castillo del que solo quedan algunos restos




En el interior de este cerro, adosado al casto antiguo, los habitantes de la zona excavaron con sus propias manos dos conjuntos de cuevas; el Castillo y las Siete Cuevas.

En tiempos de peligro la población de Nájera buscaba refugio en las habitaciones excavadas en la roca, que se organizan en cinco niveles o pisos.
En la actualidad, debido al mal estado de conservación, están cerradas al público.





Durante el periodo Romano, la Nájera formaba parte de Tritium Megalum, localidad situada a dos kilómetros, que significa "Tricio la Grande", fue un municipio romano que se encontraba en la actual ubicación de la localidad de Tricio en La Rioja (España).

Mas tarde , los musulmanes la llamaron “Naxara” , "Lugar entre peñas" , y establecieron un castillo refugio en la cumbre del cerro de la Mota, desde donde dominaban Nájera, un enclave fundamental para el control de la Rioja alta y de la frontera cristiana.

En el año 923 el rey Sancho Garcés I de Pamplona, con la ayuda de Ordoño II de León conquista definitivamente Nájera, y la Rioja Media y Alta, que deja bajo el dominio de su hijo García Sánchez.

Un año después tras la destrucción de Pamplona por Abderramán III y la muerte de su padre, García Sánchez traslada la corte a Nájera y se hace llamar rey de Najera-Pamplona.

Nájera alcanzó su periodo de mayor esplendor durante el reinado de Sancho III el mayor (1004-1035) potenciándose el Camino de Santiago y las grandes construcciones.


En el año 1076 Nájera pasa a ser soberana de Castilla pero seguía manteniendo su importancia política como lo demuestra el hecho de que en ella fuera proclamado rey Fernando III en 1217.

El reino de Nájera-Pamplona abarcaba todo el tercio norte peninsular desde Cataluña a Galicia, desde el Mediterráneo hasta el Atlántico.


Cuando murió Sancho III el Mayor se dividió su dominio entre sus tres hijos correspondiendo el reino de Nájera y Pamplona a García Sánchez III, llamado el de Nájera, quien extendió su reino por la Rioja Baja, recupero Calahorra, levantó el monasterio de Santa María la Real como sede episcopal.
De este monasterio existe una antigua leyenda.

La leyenda del Halcón y la Paloma






Era el siglo XI, el rey Don García de Nájera estaba cazando cuando cruzó por encima de su cabeza una paloma. Rápidamente, le quitó el capuchón a su águila y la soltó para que la atrapara. Quedó allí esperando por largo rato, pero el aguila no volvió.
Desesperándose salió en su busca a través del bosque cuando encontró la entrada de una cueva.
No había dado ni dos pasos adentrándose en la oscuridad cuando vió un resplador que procedía del fondo.

Al acercarse allí descubrió una imagen de una Virgen iluminada por una lámpara, custodiada a cada lado por su halcón y la paloma.

Las dos permanecían tranquilas y en perfecta armonía.
Una jarra de azucenas blancas, frescas y recién cortadas habían sido depositadas a sus pies.





Tanto le impresionó la escena al rey Don García , que creyó sin duda que aquello era un prodigio y una señal del cielo.

Por lo que muy emocionado, creó el monasterio de Santa María la Real, donde se ubicaba la milenaria cueva.

También ordenó labrar numerosos collares y otras tantas jarras con azucenas de finísimo oro.

Luego hizo llamamiento a las personas de más calidad de sus reinos y organizó una gran celebración.
Era un 25 de marzo cuando toda la nobleza se reunió ante la nueva iglesia de Santa María la Real para su inauguración , después de celebrada la misa, comenzaron las fiestas.





Durante las celebraciones el monarca se colocó el primer collar con la jarra de azucenas, y luego colocó un collar a cada uno de sus cinco hijos, que fueron los dos Sanchos, que le sucedieron en el reino; el infante Don Ramiro, señor de Calahorra, de Torrecilla de Cameros y de Ribafrecha y sus villas; el infante Don Fernando, señor de Jubera y Lagunilla: y el infante Don Ramón, señor de Murillo y Agoncillo.

Con este gesto nació la primera orden de caballería hispana, conocida como la Orden de la Terraza o la Jarra, muy semejante a otras órdenes medievales parecidas a los Templarios, cuyo símbolo es el recipiente con azucenas que adornaba la imagen.

Esta leyenda guarda enormes paralelismos con las historias de carácter griáldico y artúrico que aparecen en toda la geografía europea.

La mayoría de ellas, terminan con el hallazgo de una imagen religiosa y, en muchas ocasiones, con una jarra, cáliz o recipiente ligado siempre al grial.


El Santo Grial es el plato o copa usado por Jesucristo en la Última Cena. 
La relación entre el Grial, el Cáliz y José de Arimatea procede de la obra de Robert de Boron Joseph d'Arimathie, publicada en el siglo XII. 

Según este relato, Jesús, ya resucitado, se aparece a José para entregarle el Grial y ordenarle que lo lleve a la isla de Britania. 

Siguiendo esta tradición, autores posteriores cuentan que el mismo José usó el cáliz para recoger la sangre y el agua emanadas de la herida abierta por la lanza del centurión en el costado de Cristo y que, más tarde, en Britania, estableció una dinastía de guardianes para mantenerlo a salvo y escondido. 

La búsqueda del Santo Grial es un importante elemento en las historias relacionadas con el Rey Arturo, donde se combinan la tradición cristiana con antiguos mitos celtas.

El rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda buscaron con decisión el Santo Grial , palabra que deriva de la Sangre Real que Jesús derramó en el cáliz- y son varias las ciudades que aseguran poseerlo.

En España, la tradición más enraizada sitúa el grial en manos de San Lorenzo, diácono de Roma, quien, antes de sufrir martirio en la parrilla, ordenó enviarlo a su Huesca natal.

Ya en la Península, peregrinó por el reino aragonés, incluido San Juan de la Peña- hasta llegar a Valencia, en cuya catedral se encuentra hoy en día.



La Orden de la Terraza





La Orden de la Terraza fue una de las órdenes militares más antiguas de Europa y la más antigua de la que se tienen noticias.

Fue creada en Nájera, entonces Reino de Pamplona, en torno a 1040 en honor a la imagen de Santa María La Real.

Su símbolo, la jarra con azucenas, llegó a ser tomado como nombre de la orden, siendo por ello también conocida como Orden de la Jarra y Orden de las Azucenas.
La Orden es muy parecida a otras órdenes medievales como la de los Templarios.

Según las crónicas de los siglos XIV y XV Nájera es, a menudo, escenario de batallas e importantes acuerdos diplomáticos.





La Batalla de Najera




Aquí se libró la batalla de Nájera, algunas veces llamada batalla de Navarrete, librada un sábado 3 de abril de 1367 cerca de Nájera en el camino que conducía a Navarrete.




Se enfrentaban al rey Pedro I de Castilla con su hermanastro Don Enrique de Trastámara que aspiraba al trono implicando a Castilla en el conflicto internacional de la guerra de los Cien Años.

El poder naval de Castilla —muy superior al de Francia e Inglaterra— motivaría que estas dos naciones enfrentadas en la guerra de los Cien Años decidieran tomar partido en la guerra civil castellana con el propósito de disponer de su flota.

Al rey Pedro de Castilla le amparaban Inglaterra, Aquitania, Mallorca y Navarra, y contaba con los mejores mercenarios de Europa contratados por el Príncipe Negro, Eduardo de Woodstock , el primogénito del rey Eduardo III de Inglaterra y padre del rey Ricardo II de Inglaterra. 

Era el primer duque de Cornualles  y príncipe de Aquitania, conocido como el Príncipe Negro haciendo referencia a la supuesta armadura que portaba. 

Era un líder militar excepcional, y sus victorias sobre los franceses en las batallas de Crécy y Poitiers lo hicieron muy popular en vida.

En 1348 se convirtió en el primer caballero de la Orden de la Jarretera, siendo uno de sus fundadores.

A su rival el conde Enrique de Trastámara le respaldaba la nobleza castellana y, a pesar de que ni Francia ni Aragón le apoyaban abiertamente, contaba con algunos nobles aragoneses y compañías libres francesas leales a su lugarteniente, el bretón Beltrán Duguesclín.


Las tropas del Príncipe Negro debieron marchar desde Navarrete hasta Nájera dando un rodeo durante la noche y con las primeras luces del alba sorprendieron silenciosamente tras una colina al ejército de Don Enrique que maniobró rápidamente para confrontar al enemigo, pero entre la confusión y el miedo se rompieron las filas y algunos jinetes castellanos desertaron.

La carga obligó a las compañías inglesas a retroceder.
Tan apretados estaban que ambos bandos soltaron las lanzas y comenzaron a utilizar hachas y dagas.

La caballería ligera castellana de Don Tello se acercó al ala opuesta del enemigo pero debió sufrir terribles pérdidas a causa de la lluvia de flechas de los arqueros ingleses en cuanto se acercaron ya que no disponían de las protecciones adecuadas y se vieron obligados a huir.

El rey Enrique no faltó en cumplir bien su deber y combatir con valor y audacia, y adelantándose a los que huían y diciéndoles: 

"Señores, soy vuestro rey. Me habéis hecho rey de toda Castilla y jurado que no me fallaríais hasta la muerte. Mantened por Dios vuestro juramento y desquitaos conmigo que yo me desquitaré con vosotros, pues no huiré ni un solo pie, mientras os vea combatir". 

Con estas palabras y muchas otras llenas de consuelo reagrupó el rey Enrique a sus gentes .

Una vez la flor y nata de los mercenarios gascones flanquearon la vanguardia del ejército enriquista, ésta fue aplastada rápidamente y la mayoría del cuerpo principal que ni si quiera había participado en la batalla huyó precipitadamente en dirección al puente de Nájera al verse atacado desde dos frentes haciendo caso omiso de las arengas de Don Enrique. 

La caballería aragonesa de Jaime IV de Mallorca que estaba de reserva les persiguió dando muerte a la mayoría que quedó atrapada ante el gran río y en el estrecho puente.


El ejército enriquista debió sufrir la inmensa mayoría de sus bajas —que debieron de ser en total más de la mitad del ejército— en los últimos minutos de la batalla. Después rematarían a los que quedaron escondidos en Nájera saqueando la ciudad por completo.

«Hubo allí una gran matanza y lograron entrar en la ciudad con los arriba mencionados, que se metieron en una casa resistente construida en piedra, pero pronto fue conquistada y los susodichos capturados, muertas muchas de sus gentes y la ciudad saqueada para gran provecho de los saqueadores.»

Acabada la batalla el Príncipe de Gales preguntó si Don Enrique había sido muerto o preso. Tras la negativa manifestó: "Non ay res fait", nada está hecho.

A pesar de capturar o matar a la mayoría del ejército rival sin sufrir apenas bajas las consecuencias de esta batalla fueron catastróficas para Don Pedro, para el Príncipe Negro, para Aquitania y para Inglaterra ya que habían errado el verdadero objetivo que era Don Enrique.

Enrique de Trastámara tras demostrar a la nobleza castellana y a sus aliados que era un líder fuerte y valiente enfrentándose al magnífico ejército pedrista en campo abierto consiguió escapar atravesando el macizo pirenaico hasta Francia y continuó la lucha contra su hermano Pedro I.

Aunque la batalla terminó con una contundente derrota del bando Enrique de Trastámara, tendría consecuencias desastrosas para el rey Don Pedro, para Inglaterra y para el príncipe de Gales.

Fuentes:
López, Pedro; Ayala. «AÑO DECIMOCTAVO. 1367». Crónica del Rey Don Pedro I.
http://lariojayelrioja.com/category/castillos-rioja-alta/