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sábado, 23 de julio de 2016

El castillo de Edimburgo y La leyenda de Cally Berry

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El castillo de Edimburgo 

y La leyenda de Cally Berry


El castillo de Edimburgo




Es una antigua fortaleza construida sobre una roca situada en el centro de la actual ciudad de Edimburgo. 

Utilizado con fines de tipo militar desde el siglo XII, siendo destinado a usos civiles solo hasta épocas muy recientes. 


Se encuentra emplazado en la cima de la calle Alta o High Street, también conocida como Milla real o Royal Mile. 


El castillo está abierto a los visitantes, y es una de la atracción turística más visitada de Escocia.


Tres de sus lados se encuentran protegidos por abruptos acantilados, y el acceso al castillo queda limitado a una calle de pronunciada pendiente en el lado este del castillo. 



Antaño hubo un lago en su lado norte, lago llamado Nor'Loch, pero fue desecado en época georgiana con la construcción de la ciudad nueva.


Se entra en el castillo por la explanada, una amplia plaza pavimentada y de plano inclinado que se encuentra entre el castillo propiamente dicho y la Milla real.


En esta explanada se celebra anualmente el Military Tattoo, y es aquí donde en su día se celebraban los desfiles y diversos tipos de entrenamiento para la guarnición militar del castillo. 


La batería cilíndrica se denomina media luna.
Se accede al castillo por un portal ante la batería, que conduce a un camino que sube por la derecha hasta el patio en el centro de la fortaleza.



La leyenda de Cally Berry


También conocida como Cailleach Béirre, era una diosa celta adorada sobre todo en Escocia, Galicia y en la Galia Céltica.

Era la protectora de todos los animales y de la naturaleza durante el invierno, ya que era un espíritu de invierno, responsable de impedir que la naturaleza se desarrollara libremente guardándola en esta época del año para protegerla.



Los irlandeses la consideraban una deidad benéfica, protectora de la naturaleza, de los animales del bosque y del ganado, mientras que para los ingleses era una deidad maléfica.

Los galos la veneraban como una diosa-hada de la sabiduría, y los escoceses la consideraban solamente una deidad del invierno.

La diosa Cailleach era representada como una anciana de piel azul, con un solo ojo en el centro de la frente, dentadura de oso y colmillos de jabalí.

Iba vestida de gris, cubierta con una capa o especie de chal de tela escocesa en los hombros; y portando un carcaj con flechas de oro a la espalda y un arco de madera de saúco con el que defendía a quien atacara o intentara matar lobos, jabalíes y ciervos.

Llevaba una varita mágica, hecha de madera de acebo, que usaba para marchitar las hojas a comienzos del otoño y para convertirse finalmente en piedra cuando el fin del invierno llegaba.

Otra leyenda contaba que a medida que caminaba iba creando valles, montañas y lagos.
Durante el invierno, iba montada en un gran lobo volador, distribuyendo el frío en todas las regiones.





Pero la creencia más extendida entre los celtas, era que en realidad Cailleach, la vieja hechicera y protectora de la naturaleza, era la misma diosa Brigit, 
señora del fuego, la poesía y la primavera.

En la noche del 31 de enero viajaba hacia la isla de Ávalon, donde crecía el «árbol de la eterna juventud», de donde comía , entonces se transformaba en la joven y atractiva Brigit, a tiempo de acudir a la celebración del Imbolc, la gran fiesta celta que celebraba la llegada de la primavera, y el renacimiento de la tierra.





Los relatos galos tenían otra versión bien distinta, contaban como al terminar el invierno, la Cailleach se transforma en una enorme roca situada siempre cerca de un acebo, y en cuyo alrededor nunca crecía la hierba que no le gustaba.
Entonces Brigit quedaba libre del encierro a la que la sometía la Cailleach durante todo el año y una vez liberaba, se celebraba su ritual sagrado del Imbolc.

La Reina del Invierno, como la llamaban los celtas, tenía el poder de predecir el clima, o de transformarse en grulla cuando quería trasladarse a grandes distancias.
Buscaba guerreros y héroes en los bosques, transformada en una hermosa y joven mujer y así tuvo muchísimos hijos con los que se crearon pueblos y razas enteras.