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lunes, 18 de julio de 2016

El castillo de Peñaranda de Duero y La ciudad romana de Clunia

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


El castillo de Peñaranda de Duero 
y La ciudad romana de Clunia


El castillo de Peñaranda




Es una gran fortaleza situada al sur de la provincia de Burgos y a dieciocho kilómetros de Aranda de Duero.

Al principio estas tierras fueron pobladas por arévacos y vascones.
En el siglo X fue reconquistada a los musulmanes y su castillo prortegía la frontera con las huestes musulmanas al otro lado del río Duero.



Fueron señores de la villa, sucesivamente, el infante Don Pedro, hijo de Sancho IV, y su esposa, Doña María de Aragón, para pasar durante el reinado de Alfonso XI a manos de la Casa de Avellaneda.

Tras el matrimonio de Aldonza de Avellaneda con Diego López de Zúñiga en el siglo XV, que unía los dos linajes, sus descendientes ostentarán el título de Duques de Peñaranda.





El Castillo, original del siglo X, fue construido con motivo de la repoblación, con Fernán González; fue reformado completamente en el siglo XV.

Aunque las primeras defensas de Peñaranda pudieron ser levantadas de forma simultánea a su repoblación, la mayoría de lo actualmente conservado debe atribuirse al primer conde de Miranda, entre mediados y finales del siglo XV.




Presenta una gran similitud con otros castillos de la comarca ribereña, como los de Peñafiel y Gormaz, repitiendo el ventajoso emplazamiento entre un monte y un río, como se observa en Burgos, Frías o Castrojeriz.

Su planta alargada y quebrada se adapta a la escarpada roca sobre la que se asienta, la famosa Peña de Aranda, ocupando aproximadamente la mitad occidental de la misma.



La puerta de acceso se halla al Este, separada del resto por un foso excavado en la roca viva.

Antiguamente, el foso se salvaba por un puente levadizo y se pasaba al interior a través de una pequeña puerta de arco ojival.


En el conjunto fortificado, destaca la céntrica y sólida torre del homenaje, de finales del siglo XV.
Consta de planta baja y tres pisos, y se accede por el Este a través de un arco ojival.
La torre está rematada con almenas.



En el siglo XVII, la fortaleza quedó deshabitada y prácticamente inservible

A pesar de todo, su monumentalidad y calidad constructiva le permitieron llegar al siglo XX con la suficiente presencia como para ser considerado uno de los castillos más impresionantes de la provincia de Burgos, por lo que fue declarada monumento histórico-artístico en 1931.






La ciudad romana de Clunia



Muy cerca de allí, hace mucho tiempo, existió una ciudad Romana situada en lo lo alto de un cerro en forma de muela denominado Alto de Castro en el término municipal de Peñalba de Castro.
Era conocida con el nombre de Clunia y aún se encuentran allí los restos.

A los pies del cerro discurre el río Arandilla afluente del Duero.
La ciudad dominaba una amplia zona de tierras.

En época celtibérica los habitantes de esta zona formaban parte de las tribus arévacas y se albergaban en pequeños núcleos de población situados en lugares altos y de fácil defensa como lo atestiguan, los restos que se encuentran en el Alto del Cuerno, frente a la meseta que actualmente ocupa la ciudad de Clunia.

Los indígenas llamaban a este territorio Clounioq, que posteriormente derivaría en Clunia.

Desde el reinado de Tiberio (14-37 d. C.) Clunia contaba con el estatuto de municipio romano pues, con este emperador, se acuñaron monedas, ases y semises con su efigie y los nombres de los magistrados de la ciudad, quattuor viri y aediles.

Plinio describió la ciudad como la capital de convento jurídico a mediados del S. I d. C. Como tal capital, pasó a ser el centro jurídico y religioso de un amplio territorio con el que se comunicaba por medio de importantes vías que pasaban por la ciudad o próximas a ella.


Ptolomeo en el siglo II, la cita como Colonia Clunia Sulpicia y comprendía la cuenca alta del Ebro con la salida al Cantábrico y la cuenca alta y media del Duero.


A lo largo del s. I d. C. se construyeron edificios públicos sin atender a una trama urbana organizada.
El Teatro, excavado en la roca, y que tuvo capacidad para 10.000 espectadores, era uno de los mayores de su época en Hispania.



El foro era el centro de la ciudad, donde se cruzaban Cardus Maximus y Decumanus Maximus, una plaza pública rodeada de pórticos, donde se desarrollaban actividades políticas, comerciales, judiciales y, habitualmente, también religiosas.
Muy cerca del teatro, destacan los restos de tres domus, una basílica y un macellum (mercado).
Aún se conservan restos de mosaicos, habitaciones subterráneas y los sistemas de calefacción de algunas de las casas.
Sobre el mercado se edificó en el siglo XVII una ermita de escaso valor artístico, que dañó los yacimientos.

Las termas, de grandes dimensiones y cubiertas de mosaicos algo más simples que los de las casas del foro, contaban con un sistema de calefacción en las distintas dependencias termales, el hipocausto, colocado en el suelo, y utilizado en el caldarium de las termas y también en las casas particulares más ricas.

En el exterior del edificio se construía un horno y los gases calientes producidos en la combustión se llevaban por canalizaciones situadas bajo el suelo, hacia el centro de las casas, cuyas baldosas se sustentaban sobre pilas de ladrillos (pilae). La altura del espacio vacío por el que circulaba el aire era de unos 40 a 60 cm. y se calcula que la temperatura obtenida en las viviendas no pasaba de los 30 grados.



En las termas, para obtener un calor más intenso, se integraban además en los muros tubos de barro cocido (tubuli), que daban salida al humo del horno y al aire caliente que circulaba en el hipocausto.

A partir del S. II , la ciudad inicia un drástico proceso de transformación que parece buscar una adaptación a una nueva situación, desligada de intereses imperiales y preocupada por sobrevivir, contaba solamente con sus posibilidades y respondiendo a sus propios intereses.



Los testimonios arqueológicos documentan la continuidad de la ciudad hasta fines del s. VII pero su importancia en época visigoda decayó, como parece demostrar su desaparición de las fuentes literarias.

Clunia a pesar de su temprana cristianización, como demuestra la necrópolis alrededor de la Ermita de Castro, no consiguió ser sede episcopal, pero algún papel siguió desempeñando en el territorio del antiguo convento.

Con la llegada de Castilla al Duero, Clunia mantuvo cierto grado de capital en la administración de los nuevos territorios y con el tiempo, el Alto de Castro pasó a propiedad de la Iglesia.

A ello debió contribuir la devoción a la Virgen que se ha mantenido hasta el presente y que tiene un ilustre precedente en Santo Domingo de Guzmán.

A lo largo de esos años los edificios de la ciudad se utilizaron de cantera pero de una forma controlada, al precisarse el consentimiento de la iglesia para extraer piedras.

Entre la primera y segunda desamortización las tierras pasan a manos de particulares, acelerándose el saqueo hasta que toda la plataforma se convirtió en campos de cultivo.