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martes, 19 de julio de 2016

El Palacio de Aquisgrán y El Tesoro de Carlomagno

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

El Palacio de Aquisgrán






El palacio estaba ubicado en la actual ciudad de Aquisgrán, al oeste de Alemania, en el actual estado federado de Renania del Norte-Westfalia.

Era todo un conjunto de edificaciones de tipo residencial, político y religioso, que edificado por el emperador Carlomagno como centro del poder carolingio.

Las partes esenciales del palacio fueron construidas en la última década del siglo VIII, pero los trabajos tuvieron continuidad hasta la muerte del propio emperador Carlomagno, en el año 814.




La mayor parte del Palacio quedó destruido a lo largo de los siglos, pero todavía subsiste la capilla palatina, que está considerada como uno de los tesoros de la arquitectura carolingia, así como un característico ejemplo de la arquitectura típica del llamado Renacimiento carolingio.

La capilla, junto a la Catedral de Aquisgrán, está catalogada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad desde 1978.




Ya en la Antigüedad, los romanos eligieron el lugar de emplazamiento de la actual Aquisgrán debido a la existencia de unas fuentes termales, así como por su posición de puesto avanzado hacia la provincia de Germania Inferior.

Denominada Aquae Granni, el lugar fue acondicionado con termas que estuvieron en uso entre el siglo I y el siglo IV.

En el siglo IV, tanto la ciudad como el palacio romano fueron destruidos en la Invasión de los bárbaros.

Mientras que Clodoveo I hizo de París la capital del Reino Franco, el Palacio de Aquisgrán quedó en el abandono hasta el advenimiento de la familia de los carolingios.



La corte franca era nómada, y los soberanos se desplazaban según las circunstancias y necesidades.

Hacia 765, Pipino III el Breve hizo construir un palacio sobre los restos del antiguo edificio romano; ordenó que restaurasen las termas, y eliminó los ídolos paganos.

En el año 790, CarloMagno decidió instalarse en una residencia fija para gobernar su imperio de un modo más eficaz.

Tras llegar a ser rey de los francos, Carlomagno había llevado a cabo numerosas expediciones militares que le permitieron enriquecer su fabuloso tesoro y agrandar su reino, especialmente hacia el este.

Había conquistado la Sajonia pagana entre 772 y 780, pero la región se resistía, siendo necesarias constantes guerras contra los sajones, con una duración total de treinta años.



Carlomagno acabó por instalarse en una auténtica capital.
Por razón de su edad, fue disminuyendo el ritmo de sus expediciones militares y, después de 806, prácticamente ya no abandonó nunca Aquisgrán.

La situación geográfica de Aquisgrán fue decisiva en la elección hecha por Carlomagno, ya que se encontraba en pleno centro de los territorios bajo dominio carolingio, en Austrasia, una región que era además la cuna de su familia, al este del río Mosa, y Aquisgrán se hallaba además en un cruce de caminos y al borde de un afluente del río Rin, el Wurm.



Así, Carlomagno cedió la administración de sus dominios meridionales a su hijo Luis, nombrado rey de Aquitania.

De este modo, controlado el flanco sur de su reino por su hijo, Carlomagno pudo pasar a residir en el norte.

El hecho de haberse instalado en Aquisgrán permitió también a Carlomagno controlar más de cerca los asuntos referentes a los sajones.
Carlomagno vio igualmente todas las ventajas que ofrecía el lugar: rodeado de bosques abundantes en caza, contaba con realizar abundantes cacerías en las cercanías, como correspondía a un miembro de la nobleza por esas fechas.
Por otro lado, a medida que su edad aumentaba, el emperador se alegraba de poder aprovechar los manantiales de agua caliente de Aquisgrán.

Las obras del palacio se iniciaron en el año 794 y se prolongaron durante varios años.

Aquisgrán se convirtió rápidamente en la residencia favorita del monarca, hasta el punto de que después del año 807 casi nunca se ausentó de la ciudad y de su palacio.



El plan de trabajo adoptado era de una gran simplicidad geométrica: Eudes de Metz decidió conservar el trazado de las antiguas calles romanas, inscribiendo el palacio en un cuadrado , dividido a su vez en cuatro, por un eje norte-sur (correspondiente a una galería de mampostería) y un eje este-oeste (correspondiente a una antigua calle principal romana, el decumano).

En la zona norte de dicho cuadrado se encontraba la sala de la Asamblea, al sur la capilla palatina.
El arquitecto trazó un triángulo hacia el este para enlazar las termas con el complejo palatino.
Los dos edificios mejor conocidos son la sala de las asambleas y la capilla palatina, que actualmente se encuentra integrada en la catedral de la ciudad.
El resto de edificios siguen estando poco identificados.
Todo el complejo palatino quedaba cercado por una muralla.



La instalación en Aquisgrán de la Corte imperial y las propias obras de construcción de todo el complejo del palacio estimularon sobremanera la actividad urbana de la ciudad, que fue agrandada a finales del siglo VIII y nuevamente a principios del siglo IX.

Efectivamente, artesanos y mercaderes habían buscado instalarse en la proximidad de la corte, y algunos de los grandes señores del reino alquilaron por su parte residencias en la ciudad.

La sala de la asamblea en el Palacio , estaba ubicada al norte del complejo palatino, y estaba destinada a acoger las «quejas generales», una vez al año.
Se trataba de la reunión de los Grandes del reino, es decir, altos dignatarios que ocupaban los resortes del poder: condes, fidelis y vasallos del rey, obispos y abades. La asamblea general tenía lugar habitualmente durante el mes de mayo; los participantes en la misma discutían allí de los asuntos políticos y judiciales de importancia.

La estructura estaba construida con ladrillos y su forma era la de una basílica provista de tres ábsides: el mayor, situado al oeste, estaba destinado a acoger al rey y a su entorno más inmediato.
Los otros dos ábsides eran menores, y se hallaban dispuestos al norte y al sur.
La luz penetraba a través de dos filas de ventanas.



El interior se hallaba posiblemente ornamentado con pinturas representando escenas de héroes de la antigüedad.
Una galería en madera rodeaba todo el edificio, desde donde se veía el mercado que se celebraba al norte del palacio.

La Capilla palatina de Aquisgrán



Situada al otro lado del complejo palatino, hacia el sur.
Estaba unida al aula regia por medio de una galería de mampostería y representaba el otro aspecto del poder de Carlomagno, el poder religioso.
El papa León III consagró el edificio en el año 805, consagrándolo a la Virgen María.



Los clérigos encargados de la capilla ocupaban varios edificios, que presentaban una planta en forma de cruz latina: al este una curia, al norte y al sur unas oficinas o áreas de trabajo y al oeste un antecuerpo y un atrio con exedras.
La capilla, estaba cubierta por una cúpula octogonal, y tenía ocho pilares que soportaban el empuje de las grandes arcadas.
En la planta baja, se encontraban los servidores del palacio.

La capilla poseía dos coros, emplazados a este y a oeste de la misma.
El monarca se sentaba en un trono formado por placas de mármol blanco, en la primera planta, al oeste; estaba acompañado por los más próximos de la corte. De este modo, podía gozar de vista hacia tres altares: el del Salvador, justo enfrente, el de la Virgen en la planta baja y el de san Pedro, al fondo del coro oriental.

Carlomagno había querido una suntuosa decoración para adornar su capilla: había hecho fundir en una fundición cercana a Aquisgrán puertas macizas de bronce. Los muros se hallaban revestidos de mármol y piedras policromadas.

Las columnas, aún visibles hoy en día, fueron arrancadas de edificios de las ciudades italianas de Rávena y de Roma para su reutilización en el edificio, con la autorización del papa Adriano I.



Los muros y la cúpula estaban cubiertos por mosaicos, realzados por luminarias y por la luz exterior que penetraba por los ventanales.

Eginardo, la describió:

"También construyó Carlomagno en Aquisgrán una basílica de extrema belleza, que adornó con oro y plata y candelabros, así como de balaustradas y puertas macizas de bronce; y, como no podía procurarse en otra parte las columnas y los mármoles necesarios para su construcción, las hizo venir de Roma y de Rávena. La dotó en abundancia, con vasos sacramentales de oro y de plata y con una cantidad suficiente de vestimentas sacerdotales".

Eudes de Metz tuvo en cuenta el simbolismo cristiano de cifras y números.
El edificio estaba concebido como una representación de la Jerusalén celestial , del reino de Dios, tal como aparecía descrita en el Apocalipsis.

El tesoro y los archivos del palacio se encontraban en una torre adosada a la gran sala, al norte del complejo.



El complejo termal, estaba emplazado al sudeste, y comprendía varios edificios construidos próximos a las fuentes del emperador y de Quirino.

Eginardo también las describió como una piscina al aire libre capaz de atender simultáneamente a cien nadadores:

"A Carlomagno le gustaban las aguas termales y se entregaba a menudo al placer de la natación, en la que destacaba hasta el punto de que nadie le ganaba.
Fue eso lo que le condujo a construir un Palacio en Aquisgrán y a residir en él constantemente durante los últimos años de su vida.
Cuando se bañaba, la compañía era numerosa: además de sus hijos, los grandes, los amigos e incluso, de vez en cuando, el conjunto de su guardia personal, eran invitados a compartir sus chapoteos en el agua y hubo ocasiones en que llegó a haber en el agua junto a él hasta cien personas o incluso más.

El resto de los edificios están por ahora poco identificados a falta de fuentes escritas lo suficientemente detalladas. La zona de residencia privada de Carlomagno y de su familia parece haber ocupado la parte nordeste del complejo palatino; su habitación se encontraba probablemente en el primer piso.

Los funcionarios y los criados de palacio residían, algunos, en la parte occidental, y otros en la ciudad de Aquisgrán.
Se sabe que el emperador era propietario de una biblioteca pero es difícil conocer su emplazamiento exacto.

El palacio albergaba centros de producción de obras de arte: un scriptorium que produjo varios preciosos manuscritos (como el Misal de Drogon, y el Evangeliaro de Godescalco entre otros) y un taller que elaboraba piezas de orfebrería y de marfil.
Había también una ceca para la acuñación de moneda, que todavía seguía en uso a finales del siglo XIII.

El palacio se convirtió en un centro de actividades literarias donde se reunían un círculo de letrados, ya que a Carlomagno le gustaba escuchar recitar poemas en cualquier lugar, ya fuese en la piscina o en la propia mesa, durante las comidas.

La escuela del palacio educaba a los hijos del soberano, y a hijos de la aristocracia que se destinaban al servicio de la monarquía.
Ya fuera del complejo palatino había un gineceo, un cuartel, un hospicio, un parque para la práctica de la caza y una casa de fieras en la que vivía el elefante Abul-Abbas, un regalo ofrecido por el califa de Bagdad Harún al-Rashid.

Al establecer en Aquisgrán la sede del poder civil y de la Corte, Carlomagno sabía perfectamente que iba a poder controlar mucho más fácilmente su entorno. El Palacio de Aquisgrán era, pues, el lugar en el que se concentraban los altos dignatarios del Imperio carolingio, el corazón de la capital del Imperio.

El emperador fue inhumado en la capilla palatina en el interior de un sarcófago antiguo reutilizado del siglo II, manufacturado en mármol y en el que aparece representado el tema del rapto de Proserpina.





El Tesoro de CarloMagno





El monarca galo , fue el rey mas poderoso de su tiempo.
Su imperio se extendió por toda Europa.

Por el sur y a través de la llamada Marca Hispánica, traspasaba los Pirineos, llegaba hasta Barcelona y tenía como frontera natural el río Ebro.
Buena parte de Italia también estaba bajo su poder: Lombardía y algunas regiones del centro y del sur.

Su poder era reconocido en la Panonia y hasta el Danubio, poco mas o menos hasta los bosques de Viena.
Al norte venció a los bávaros y a los sajones llegando hasta Dinamarca.
Al noreste, los pueblos eslavos tributaban a la corte de Aquisgrán.





Como gran protector de las artes y las letras, era venerado como santo en Aquisgrán, "El dulce emperador de la barba florida", y tenido como un hábil y despiadado guerrero, lo que le permitió consolidar su gigantesco imperio.

Solo sufrió una gran derrota, y fue en España, en el desfiladero de Roncesvalles, cuando una coalición de montañeses vascos y musulmanes hispanos arrollaron y destrozaron lo mejor de su caballería, el resto de sus expediciones guerreras fueron victoriosas, y su fin principal era el botín.

Los tesoros que llegó a acumular a lo largo de su reinado estaban en consonancia con su fuerza y poder.
Entre las tribus germánicas y en el resto del mundo medieval, el tesoro real era el símbolo del poderío del príncipe.

Carlomagno llegó a acumular a lo largo de su vida, un fabuloso tesoro, de bárbara riqueza, con tal acumulación de oro, plata y piedras preciosas difíciles de concebir en nuestros días.

Armas de oro y plata, empuñaduras de espadas recamadas con piedras preciosas, sobre todo rubis y esmeraldas.



 Comprar espada de Carlomagno
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Todas las riquezas de los reinos vencidos, las del lombardo Desiderio, trasportadas desde Pavía, las de Tasilón y las de Sajonia.
Su hijo Pipino, desde el este, le trajo todo el botín que la tribu de los avaros
habían guardado durante siglos, en mas de 16 carros de bueyes con metales preciosos.
Desde Hispania recibió bellísimas piezas de orfebrería oriental.
De Bizancio, llegaron mesas de oro y plata macizas , delicadamente trabajadas
y sobre las que se podía ver grabados planos de Roma y de Constantinopla, así como un mapamundi de la época.



No faltaban objetos curiosos, como un órgano y un mecanismo de un reloj con doce caballeros que salían, a dar las horas, de doce ventanas, que seguramente era de origen árabe, pues es sabido la gran afición que tenían en fabricar este tipo de mecanismos.
Cuando en el año 800 fue coronado emperador en Roma, llegaron magníficos presentes de todos los confines del imperio y aún de otras cortes. La mayoría eran de tipo religioso como cruces o imágenes de santos trabajados en metales nobles adornados con piedras preciosas, además de reliquias, que tan apreciadas eran en la Edad Media.
Entre estas reliquias destacaba la capa de san Martín, todo un símbolo nacional que se custodiaba en la capilla de Aquisgrán donde se encontraba el trono de Carlomagno.



Es difícil calibrar la magnitud del tesoro que llegó a acumular el emperador.
Muchas de las piezas de oro y plata llegadas a la corte desde lugares bárbaros fueron fundidas y con ellas se elaboraron otras, casi todas también de caracter religioso, que dieron lugar al lamado arte carolingio y algunas de las cualess han llegado hasta nuestros días.

Formando parte del tesoro imperial había libros, que por aquel entonces eran una gran rareza, y que representaban todo un orgullo para Carlomagno, pues como todo el mundo sabía , era un gran protector de las artes y las ciencias.

También ordenó que se trasladaran a su corte todo tipo de antiguedades clásicas, tales como columnas de marmol, sarcófagos romanos, imagen de la loba capitolina en bronce, marfiles, grandes gemas y esculturas y objetos que consideraba de interés.

Pero nadie sabe a ciencia cierta que fue del fabuloso tesoro de Carlomagno.
Gran parte de él, fue distribuido a órdenes religiosos por mandato del emperador.
Se cree que para aprovechar el enorme caudal de riquezas que representaba fue vendido, o fundido para extraer el oro, la plata y las piedras preciosas , por lo que la mayoría de las piezas de arte carolingio desaparecieron.



Parece ser que Carlomagno no se hizo enterrar , como era costumbre entre los reyes germánicos , con parte del tesoro, pero el caso es que se disipó sin que se haya podido dejar rastro.
Los francos, ocultaron su tumba, como era costumbre entre los bárbaros, así que fue muy dificil encontrarla. Se dice que tras la muerte de Alarico, sus hombres desviaron el curso del río y enterraron al gran guerrero bajo su lecho, para luego volver a restituir el cauce normal , de manera que jamás nadie pudiera violar el enterramiento.
Los francos no llegaron a tanto, pero ni los normandos, en el año 881, pudieron encontrarla.
Solo uno de sus sucesores, Otón III, mas de cien años después, y tras muchas investigaciones, aseguró que la tumba se encontraba bajo lo que había sido su trono.