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jueves, 21 de julio de 2016

Jaisalmer, La ciudad de Oro y La Verdad del Elefante

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.


Jaisalmer, La ciudad de Oro 

y La Verdad del Elefante





Conocida como "La ciudad de oro", es una ciudad en la India el estado de Rajasthan , que se encuentra 575 kilómetros al oeste de la capital del estado de Jaipur , y declarada patrimonio de la humanidad. 

Situada en una cresta de piedra arenisca amarillenta, está coronada por la fortaleza , que contiene el palacio y varios templos.



Se encuentra en el corazón del desierto de Thar , el gran desierto indio.

Jaisalmer es el nombre de Maharawal Jaisal Singh, un rey Rajput que fundó la ciudad en 1156 AD. 
Jaisalmer" significa "la colina de la fortaleza de Jaisal", también llamada la "Ciudad de Oro de la India".



La fortaleza de Jaisamer fue construida en 1156 d.C. por el rey Rajput .
El fuerte se encuentra en medio de la extensión arenosa del gran desierto de Thar , en la colina Trikuta , y ha sido escenario de muchas batallas. 

Sus enormes paredes de piedra arenisca de color amarillo rojizo, le sirven de camuflaje en medio del desierto, por lo que también es conocida como la Quila Sonar o "La Fortaleza de Oro" . 

Situada en el corazón de la ciudad, es uno de los monumentos más notables de la localidad.

En 1276, el rey Jetsi reforzó la fortaleza contra el sultán invasor de Delhi. 
Los 56 bastiones fueron ocupados por 3.700 soldados.


Resistieron ocho años de duras batallas y asedios, tras los cuales el ejército del sultán destruyó el castillo. 

Sin embargo, ya en la Edad Media, la ciudad y su fortaleza jugaron un importante papel en el comercio con Persia , Arabia , Egipto y África . 

La fortaleza tiene 3 capas de murallas. 
La muralla exterior está hecha de bloques de piedra sólida que la refuerzan.
La segunda, o media, serpentea alrededor de la fortaleza. 

Desde la tercera muralla, la mas interna de las paredes, los guerreros Rajput lanzaban aceite y agua hirviendo, o grandes bloques de piedras a sus enemigos, que quedaban atrapados entre la segunda y tercera muralla. 



Las defensas de la fortaleza incluyen 99 bastiones, de los cuales 92 fueron construidos entre 1633 y 1647.

Ala-ud-din Khilji atacó y capturó la fortaleza en el siglo XIII , logrando mantenerla durante 9 años.

En 1541, Mughal el emperador Humayun atacó y se hizo con el dominio de la ciudad fortaleza.

En 1762, la fortaleza estaba bajo el control de los mogoles hasta fecha en Maharawal Mulraj tomó el control de la fortaleza. Después de su muerte en 1820, fue su nieto Gaj Singh quien tomó riendas de la fortaleza. 



Con la llegada de la dominación británica , la aparición del comercio marítimo y el crecimiento del puerto de Bombay condujeron a la disminución gradual de la economía de Jaisalmer. 

Después de la independencia y la partición de la India , la antigua ruta comercial fue totalmente cerrada, sellando así el destino de la ciudad. 

La fortaleza tiene 460 m de largo por 230 m de ancho construidos sobre una colina. Sus bastiones forman una cadena de aproximadamente 30 pies (9,1 m). 

Tiene cuatro entradas, una de las cuales se utilizaba para vigilar el cañón.



Muchos ricos comerciantes se hicieron construir grandes casas en el pueblo, bajo la protección de la ciudadela, con tallas adornadas de piedra arenisca, que aun se conservan a pesar de tener cientos de años de antigüedad.




Son conocidas con el nombre de havelis y algunas tienen muchos pisos y un sinnúmero de habitaciones, con ventanas, arcos, puertas y balcones decorados. Algunos havelis son hoy museos, pero la mayoría todavía están habitadas por las familias que las construyeron.




La fortaleza tiene un ingenioso sistema de desagüe llamado el Nali Ghut que permite el fácil traslado del agua de lluvia hacia las cuatro direcciones de la fortaleza. 

Con los años, las actividades de construcción de nuevas carreteras ha reducido en gran medida su eficacia.









Una antigua leyenda de La India

La Verdad del Elefante



Hace mucho tiempo, en una recóndita región de la India, 
gobernaba el gran Rajá Amannipan. 
Su sabiduría era bien conocida en todos los rincones de los diversos reinos,
y era respetado y querido por monarcas, eruditos y generales, así como los campesinos y la gente sencilla.




Había logrado una prosperidad inigualable para sus súbditos, todos tenían tierras y no pasaban hambre. El orden y la justicia guiaban la vida diaria de todos.

    Aparte de sus deberes políticos, Amannipan dedicaba buena parte de su tiempo al estudio de la filosofía, la astronomía, la medicina y, sobre todo, la educación de su hijo Ramani.

Desde que nació, Ramani demostró haber heredado las portentosas cualidades de su padre. 
Era curioso y perspicaz, dudaba de todo lo que le rodeaba y siempre quería saber más y más. A su padre le encantaba enseñarle cosas y contestar a todas sus preguntas.

    Un soleado día de verano, mientras padre e hijo paseaban por los jardines de palacio, Ramani sorprendió a su padre con una pregunta de infinita trascendencia: "¿qué es la verdad?"

    Ammanipan permaneció largo rato en silencio sin contestar, sin duda por primera vez en mucho tiempo le iba a costar encontrar la respuesta adecuada. 
Tras una larga búsqueda en la inmensidad de su mente, le indicó a su hijo que esperara unos pocos días, pasados los cuales, le resolvería su profunda cuestión.

    Así pues, pasaron unos días y Ramani fue convocado por su padre en una zona cercana al palacio donde se encontró con una escena que no esperaba: había un enorme elefante y 4 personas que, según observó, eran ciegas. Ammanipan, algo divertido por la sorpresa e incredulidad de su hijo, le explicó que había estado buscando por la región a 4 ciegos de nacimiento que nunca jamás habían podido ver a un elefante y ni siquiera habían estado cerca de uno.

    Tras esto, el rajá invitó a los 4 ciegos a acercarse al elefante de uno en uno para tocarlo por primera vez en sus vidas.

    El primero era un joven de pequeña estatura que, tanteando con su vara de bambú, llegó hasta situarse bajo la panza del elefante y tocó una de las patas del animal, que se encontraba de pie.
Tras unos minutos se dió por satisfecho y dejó paso al siguiente, un joven alto y delgado que pudo palpar el lomo, la espina dorsal y la enorme cabeza del elefante.

    Tras él, se acercó un anciano de pelo largo y recia complexión, el cual se acercó a la parte trasera del elefante y pudo tocarla así como la larga cola acabada en una escobilla de pelos. El anciano se quedó convencido de que ya sabía todo lo que necesitaba y, tras hacer una reverencia, se alejó del animal.

    Por último, una hermosa mujer se acercó con cautela a la cabeza del elefante y palpó con detenimiento la trompa y los peligrosos colmillos. Tras unos minutos, se retiró con una sonrisa de seguridad.

    Ramani contempló todo esto y pestañeó desconcertado. No entendía como aquello podía ayudar a solucionar su duda acerca de la verdad. Su padre le invitó entonces a la sala de recepciones, donde los 4 ciegos habían sido conducidos. Ammanipan le pidió a cada uno de ellos que explicara cómo era un elefante.

    El pequeño ciego afirmó que el elefante era como una gruesa y sólida columna recubierta de piel y acabada en duras uñas. El alto replicó diciendo que el elefante era un animal muy ancho y largo, lleno de pelo e imposible de abarcar aunque al final tenía una gran cabeza.

Ante estas afirmaciones, el anciano se burló argumentando que el elefante era un ser vasto y esférico, compuesto por 2 mitades y con una nariz fina acabada en pelos que, seguramente, le ayudaban a olfatear. La mujer finalizó diciendo que se equivocaban los 3 ya que el elefante era un animal similar a la serpiente, largo, delgado, con 2 orificios a modo de nariz y unos grandes cuernos que, sin duda, le ayudaban a cazar presas.

    Así los 4 ciegos estuvieron hablando y discutiendo hasta que la noche llegó sin que se hubieran puesto de acuerdo sobre la verdadera naturaleza del elefante. Ramani, algo exasperado, se volvió hacia su sonriente padre y éste le preguntó si le había quedado claro lo que era la verdad. 
Ramani, con la confusión palpable en su cara, respondió que era imposible, pues lo único que había podido sacar en claro era que ninguno de los ciegos sabía en realidad lo que era un elefante, que ninguno había alcanzado a saber la verdad.

    Sin embargo su padre le respondió
"Tienes razón, ninguno sabe la verdad y, sin embargo, los 4 la conocen pues ¿acaso el elefante no tiene patas como columnas, un cuerpo inabarcable, una larga cola peluda y una trompa y unos colmillos?
¿cúal de los ciegos ha dado con la verdad?
ninguno y todos, y por eso seguirán y seguirán discutiendo hasta que nos envuelvan las estrellas"