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jueves, 7 de julio de 2016

La leyenda del castillo de Alarcón

Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.



El castillo de Alarcón 


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Forma parte del conjunto de fortificaciones establecidas en torno a la villa conquense de Alarcón. 

Esta plaza fuerte consta de un recinto amurallado que alberga el núcleo de población y el castillo propiamente dicho, y de cinco torres exteriores aisladas y estratégicamente dispuestas.

De origen árabe, dependió inicialmente la fortaleza del emirato de Córdoba. 

Tras la descomposición del califato cordobés y la formación de los reinos taifas, se subordinó al de Toledo. 

Durante su permanencia en poder de los musulmanes sirvió de bastión defensivo en sus pugnas internas. 
En 1184, Fernán Martínez de Ceballos, capitán de las tropas de Alfonso VIII, asedió la fortaleza durante nueve meses y la ganó finalmente para su rey el día de san Andrés. 
Se vio recompensado con el privilegio de tomar el nombre de la villa por apellido, cosa que hizo, pasando a llamarse Martínez de Alarcón y dando con ello origen a este nuevo linaje.

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A partir de entonces, el castillo de Alarcón mereció la atención de los sucesivos reyes de Castilla que lo engrandecieron y reforzaron, a la par que le dotaron de un fuero propio (1186) y le otorgaron el señorío de amplios territorios circundantes, el padre Burriel dice que su alfoz constaba de 63 aldeas entre las que se incluían: Albacete, La Roda, Villarobledo, Castillo de Garcimuñoz, Belmonte y otras muchas.

 Todo ello fue puesto en manos de la Orden Militar de Santiago por Alfonso VIII. Cuando en 1212 se libra la trascendental batalla de Las Navas de Tolosa, el concejo de Alarcón concurre a la misma sumando sus propias tropas a las del rey.

A principios del siglo XIV, el Infante don Juan Manuel recibió de Fernando IV el señorío de Alarcón, castillo incluido, provisionalmente en el año 1297 y de forma definitiva el 23 de marzo de 1305. 

En este noble retiro escribió alguna de sus obras literarias. 
A la muerte del infante, lo heredó su hijo Fernando Manuel de Villena y después su nieta Blanca. 

Después lo recuperó Pedro I y retornó al patrimonio real. Enrique II se lo concede a don Alfonso de Aragón al que nombra marqués de Villena en 1372, pero Enrique III lo destituye en 1395 y de nuevo regresa a la Corona. 

Finalmente, en el siglo XV se le concede a don Juan Pacheco (23-5-1446), marqués de Villena, quien tomó partido por Juana la Beltraneja y se enfrentó a los Reyes Católicos.



Superada la Edad Media, el castillo de Alarcón sufrió el deterioro propio de un inmueble abandonado y en desuso. 

En 1712 pertenecía al marqués de Aguilar y los alarifes hacen un informe en el que mantienen que era necesaria una reforma urgente para que no se derrumbara.
En el año 1720 el Castillo estuvo gobernado por Alejandro de Alarcón y la duquesa Julia de Alarcón ambos refugiaron a mucha gente duerante los conflictos en el país llegando a ser héroes de la región.

El duque de Frías, José María Bernardino Fernández de Velasco le vendió el castillo y "cuatro o cinco torreoncitos más" a don Rafael Lázaro Álvarez de Torrijos por 20.000 reales (Madrid, 5-6-1863).

En el año 1963 el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne, expropió el castillo a la familia Álvarez Torrijos Torres.
Fue rehabilitado como Parador Nacional de Turismo Marqués de Villena, y se inauguró el 25 de marzo de 1966.


La leyenda del castillo de Alarcón






Dicen que los bloques de piedra del muro que lo rodea se tiñeron de sangre, presentando en la actualidad unas curiosas manchas negras y rojizas entre la argamasa.
En tiempos lejanos vivía en el castillo el señor de toda la zona. 
Tenía este una hermana muy hermosa y casadera que muchos pretendientes deseaban. 
Entre ellos, el hijo del señor de otras tierras cercanas, famoso por su mala vida; por ello, al primer intento de pedir su mano fue echado sin contemplación.
Tiempo después llegó a conocimiento del señor del castillo el profundo rencor que el pretendiente rechazado sentía y los planes de éste para asesinarlo y secuestrar a su hermana. 

Así, cierto día en que llegó un extraño con la intención de entrevistarse con él en privado, sospechó de que podía tener la intención de matarlo, por lo que preparó la recepción con gran esmero.

Finalmente, las sospechas se confirmaron y en el último momento cuando el desconocido iba a abalanzarse sobre el señor, los criados lo retuvieron y le dieron muerte, para después mezclar su cuerpo con la argamasa que estaban preparando para unas obras que se estaban haciendo en el castillo.

Fuentes.- es.wikipedia.org
G. Atienza, Juan (1999) Leyendas históricas de España y América.