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jueves, 28 de julio de 2016

Ronda y El primer aviador


Leyendas de Castillos. Leyendas Medievales.

 Ronda y El primer aviador







Ronda, la ciudad andaluza, situada en el noroeste de la provincia de Málaga, en Andalucía, tuvo su origen en la ciudad romana de Arunda, formada a su vez, a partir de antiguos asentamientos ibéricos.

Los visigodos continuaron habitando el lugar hasta la llegada de los musulmanes, quienes por su estratégica situación, y la riqueza de sus tierras, aumentaron las defensas de la ciudad, convirtiéndola en cabecera de la comarca, ya que desde allí podían dominar los pasos y caminos hacia la Baja Andalucía.

La ciudad se asienta sobre una meseta rocosa dividida en dos partes por un cañón conocido como el Tajo de Ronda, por el que discurre el río Guadalevín afluente del río Guadiaro.





Se encuentra rodeada de sierras, al este la Sierra de las Nieves, al sur el Valle del Genal, al oeste la Sierra de Grazalema y al norte otras tierras más llanas.

Alrededor de la ciudad se han encontrado restos prehistóricos que se remontan al Neolítico como las pinturas rupestres de la Cueva de la Pileta, pero los orígenes de Ronda eran celtas quienes en el siglo VI a. C. la llamaron Arunda.

Posteriormente los fenicios se instalaron en una aldea cercana que llamaron Acinipo.
Arunda, tras ser conquistada por los griegos, pasó a denominarse Runda.




Ronda como tal fue fundada como consecuencia de la Segunda Guerra Púnica, durante la campaña que el general romano Escipión llevó a cabo contra los cartagineses que dominaban la Hispania a finales del siglo III a. C.

Es entonces cuando se mandó construir el castillo de Laurus el cual favoreció el asentamiento de la población a su alrededor y alcanzando en tiempos de Julio César el rango de ciudad, alcanzando sus habitantes la cualidad de ciudadanos romanos.





En el siglo V, con el fin del Imperio romano, la ciudad fue tomada por los suevos, pasando después por un período bizantino, hasta que Leovigildo la integró en el reino visigodo.

En el 711 se produjo la invasión musulmana de la península y, en el 713, la ciudad de Ronda abrió sus puertas, sin presentar batalla, al jefe musulmán Zaide Ben Kesadi El Sebseki, que la llamó “Izn-Rand Onda”, “La ciudad del castillo”, convirtiéndose en la capital de la provincia andalusí de Takurunna.





Con la desintegración del califato de Córdoba,  Takurunna se convirtió en la Taifa de Ronda (“Banū Ifrēn”), un reino independiente en cuyo período se creó la mayor parte de su patrimonio monumental.

El 22 de mayo de 1485, el rey Fernándo el Católico logró tomarla tras un prolongado asedio. Tras su conquista muchos de los monumentos erigidos por los musulmanes fueron remodelados y adaptados a la nueva cultura.





En 1053 la taifa rondeña estuvo a punto de desaparecer como entidad independiente cuando Al-Mutadid hizo encarcelar en Sevilla a Abu Nur Hilal, junto a los reyes de las taifas de Morón y Arcos, circunstancia que aprovechó su hijo Badis ben Hilal para hacerse con el poder, que ejerció de una forma despótica hasta que Abu Nur Hilal fue liberado, recuperó el trono e hizo ejecutar a su hijo en 1058. 




En esta segunda etapa de su reinado Abu Nur Hilal sólo ocupó el trono durante apenas un año, ya que falleció en ese mismo 1058.
El trono de la taifa de Ronda pasó entonces a otro de sus hijos, Abu Nars Fatuh, a quien Al-Mutadid hizo emparedar en uno de los baños de su palacio, tras lo cual anexionó la taifa rondeña el 10 de febrero de 1066, integrándola en la Taifa de Sevilla.

El primer aviador


Existió en Ronda un curioso personaje llamado Abbás Ibn Firnás nacido en esta ciudad en el año 810, durante el Emirato de Córdoba.
Despertaba tanto admiración como envidias entre sus conocidos y camaradas.
Debía tener una sólida formación, ya que realizaba estudios científicos de química, física y astronomía.
Sus aptitudes y habilidades en el campo de la poesía y astrología le permitieron introducirse en la corte de Abderramán II (822-852), el mas culto de todos los califas y emires hispano-omeyas.





Abderramán II, gran aficionado a las artes y las ciencias, reunió en su corte todo tipo de sabios, poetas, literatos, filósofos, y astrónomos , eran recibidos espléndidamente, y se les concedía todo tipo de privilegios a cambio de saciar su curiosidad intelectual.

Allí Firnás pudo desarrollar su intelecto mientras impartía clases de poesía.
Llegó a ser considerado un brillante científico, inventor, poeta, naturalista, filósofo y escritor.

Su capacidad creativa e inventiva no tenía límites, además de estar dotado de una destreza física fuera de lo común.
Hábil prestidigitador, asombraba a todos con sus juegos de manos y las ciencias ocultas eran su especialidad.

Tenía una mente ágil y clara que junto con su espíritu despierto y agudo, hacían que su entendimiento le hiciera ver y descifrar los enigmas más extraños y difíciles.

En cierta ocasión descifró un libro sobre un tratado de métrica árabe, escrito por un famoso filósofo llamado Jalîl, y traído a Al-Andalus por mercaderes desde Persia y Bagdad , pero considerado como inútil e incomprensible, por lo que quedó abandonado en las bibliotecas de Abd-al-Rahman.





Cuando el libro cayó en manos de Firnâs,  comprendió inmediatamente su significado, descifrándolo y explicándolo ante un auditorio de admirados oyentes.

Otras prácticas que atraían poderosamente la atención de Ibn Firnâs fueron la alquimia, la poesía y la astrología, disciplinas que aunque hoy consideramos tan alejadas entre sí, no lo estaban en aquellos momentos históricos, cuando a los príncipes les gustaba embellecer sus cortes con poetas y astrólogos.

Fue por aquel entonces cuando desarrolló una técnica para la talla del cristal de roca, obtenido de elementos minerales, que se puso en práctica en los hornos  de Córdoba, y que revistió una innegable importancia para la industria del vidrio en Al-Andalus, ya que hasta entonces, sólo los egipcios habían sido capaces de facetar el cristal.





Con esta nueva técnica, se construyó en su propia casa, una habitación abovedada, con una cúpula que imitaba el cielo, una bóveda celeste, una esfera armilar que representaba el movimiento de los astros. 

Era como un planetario, que a su voluntad ponía claro y despejado o nuboso y tormentoso, donde aparecían estrellas y nubes, que podía acompañar a voluntad de un ruidoso y deslumbrador aparato de truenos y relámpagos.

Con todo ello fue el primero en utilizar en toda la península ibérica las tablas astronómicas de Sinhind, originarias de la India, y básicas para el desarrollo de la ciencia europea posterior.

Diseñó también un reloj de agua, un reloj anafórico y variante de la clepsidra griega, llamado Al-Maqata-Maqata.

Gracias a sus numerosos inventos, pudo seguir en la corte durante el reinado de Mohamed I (852-886).
No obstante, lo que hizo que su fama llegara hasta nuestros días, fue su tentativa en querer volar, realizando varios intentos científicos que le harían pasar a la historia.

Era el año 875, Firnâs contaba entonces con 65 años, cuando decidió lanzarse desde una torre.



Se hizo confeccionar unas alas de madera recubiertas de tela de seda que había adornado con plumas de rapaces y se lanzó desde una torre desplomándose sobre un valle, y aunque el aterrizaje fue malo (se fracturó las dos piernas), el vuelo fue todo un éxito, ya que permaneció en el aire mas de doce minutos.

Una gran multitud asombrada, que él mismo había invitado de antemano, vieron todo el vuelo. 

Comprendió después su error: tendría que haber añadido una cola a su artefacto. Murió doce años después, en 887.
Sus intentos de vuelo por sus propios medios marcaron los espíritus de la época e incluso a los de siglos posteriores.


Así como en Occidente se habla de los hermanos Montgolfier, como los primeros que consiguieron volar,  Ibn Firnas, en Córdoba, lo hizo 900 años antes.

Existe una estatua en su honor en el aeropuerto internacional de Bagdad.
Un cráter de la cara oculta de la Luna lleva su nombre, y en Córdoba, la ciudad que lo vio volar, existe un puente sobre el río Guadalquivir con su nombre, en cuyo centro se encuentra la figura del pensador andalusí, desde la que se erigen dos alas, llegando hasta ambos extremos del puente. 
En Ronda, su ciudad natal, se ha inaugurado un centro astronómico que lleva su nombre.